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Playboy, de veras al desnudo



Fernanda Martínez



Para crear la revista Playboy, Hugh M. Hefner (1926) requirió 600 dólares, una máquina de escribir y el suficiente talento que lo llevaría a convertirse en uno de los editores más célebres, envidiados y exitosos del mundo.

Hefner se transformó en unos años ­a raíz de la adquisición de la mansión sede de Playboy­ en el dios pagano de un reino privado y terrenal que albergaba a las mujeres más hermosas del mundo.

Entrado apenas en los 30, Hefner se convirtió en un símbolo de la liberación sexual y proyectó a Playboy a convertirse en una revista de culto, en cuyas páginas se daban cita la sofisticación de la belleza femenina y las ideas de los grandes pensadores de mediados del siglo XX, como Jean-Paul Sartre y Bertrand Russell.

Playboy circuló ante el gran público estadounidense en noviembre de 1953 con una peculiaridad que explicaría más tarde el propio Hugh M. Hefner: ante la incertidumbre del proyecto, el número uno de la revista omitía la fecha de publicación.

La primera edición vendió más de 50 mil ejemplares con la imagen de Marilyn Monroe en la portada, una verdadera hazaña para el joven Hefner, que a partir de ese momento visualizó el proyecto con más confianza derivado de las ganancias económicas que le redituó ese primer número.

Playboy incrementó su tiraje y en pocos meses alcanzó ventas de 100 mil ejemplares y tres años después colocaba 600 mil revistas entre sus lectores.

"Al crear Playboy, intenté dar forma a una revista de entretenimiento para el hombre joven y urbano. Era un libro de deseos dedicado a los sueños y fantasías masculinas", escribe Hefner en la introducción del libro Playboy en privado, escrito por la ex directora de redacción de la revista, Gretchen Edgren.

Hefner fungió en su trabajo de editor de Playboy como un verdadero cazador de mujeres guapas y sofisticadas y no obstante su avanzada edad no ha dejado de hacerlo. Ha dicho que tiene el la mira a Sarah Jones y Jennifer López, por ejemplo.

Cindy Crawford, primer top model
en posar para Playboy

Playboy puede presumir entre su catálogo de portadas y portafolios a verdaderas personalidades consagradas en el colectivo mundial. De Pamela Anderson a Brigitte Bardot y de Cindy Crawford a Marilyn Monroe, su carta fuerte en el número uno en 1953.

El joven Hefner

Hugh Hefner era un joven normal a los 23 años; se había casado con Mildred Williams, una chica que conoció en la Universidad de Chicago.

Su vida transcurría de acuerdo con la monótona vida regida por el convencionalismo puritano de la sociedad estadounidense, según lo ha comentado él mismo.

"Al principio acepté la rutina que adoptaba la mayoría de mi generación. Encontrabas un trabajo, te casabas, comprabas una casa y formabas una familia. Había llegado la hora de descartar los sueños de la infancia. Era hora de crecer, de empezar a vivir la vida que habían vivido mis padres. Lo odiaba", señala Hefner en Playboy en privado.

Hefner se las vio duras mientras trabajaba en el departamento de publicidad de la revista Esquire. "Fue entonces cuando busqué la manera de cambiar mi vida", recuerda el magnate en la introducción del libro.

De él se dice que concluyó sus estudios de psicología por la habilidad que tenía para seducir a sus compañeras que le ayudaban en trabajos escolares.

Hefner trabajó un tiempo en Esquire que entonces mantenía su sede en Chicago, pero la abandonó en 1951 por un desacuerdo con los directivos y por sus aspiraciones de crear su propia revista.

"Durante el verano de 1953, empecé a hacer planes para publicar mi propia revista para hombres. El primer número de Playboy llegó a los quioscos en noviembre de ese mismo año.

"En el primer número no figuraba ni fecha ni dirección, pues no sabía si llegaría a editar un segundo número. La dirección del segundo era la de nuestro apartamento en South Side. En aquella época, las oficinas de la advenediza publicación se reducían a una deteriorada máquina de escribir sobre una mesa de cartas situada en el comedor. Confeccionaba los ejemplares en la cocina y repasaba las fotografías y el diseño en la mesa del comedor."

Para principios de 1957 la plantilla de Playboy había pasado de dos a seis trabajadores y luego, ha
dicho Hefner, a varios centenares.

A finales de la década de los 50, la sede de Playboy se ubicaba en el número 232 de la calle E. Ohio. "En mis oficinas tenía todas las comodidades de un departamento moderno ­recuerda Hefner­. En él podía trabajar y divertirme, y al final del día solía esperarme alguna trabajadora complaciente o una modelo. En más de una ocasión, interrumpí la rutina de la oficina con un poco de amor".

En 1959 Hefner se compró una mansión en la costa dorada de Chicago, en el número 1340 de N. State Parkway. "Compré la que sería la Mansión Playboy en diciembre de 1959, no sólo como residencia privada, sino como sede del negocio. Iba a ser el centro del mundo Playboy".

Por esas fechas su matrimonio se disolvió y celebraba su nueva libertad y la decisión de convertirse en el señor Playboy. "Contaba con todos los accesorios: pipa, esmoquin de terciopelo rojo, un Mercedes Benz 300 SL blanco descapotable y una magnífica mansión".

Ilustración: Andy Warhol

Hefner se reinventaba en función de su nueva vida y tomaba la batuta de lo que predicaba Playboy: "Redefinir quiénes somos a partir del atractivo que ejercemos sobre nosotros y sobre el sexo opuesto".

En el libro de Gretchen Edgren, Hugh Hefner ha confesado sus frustraciones y los deseos que lo han impulsado a lo largo de su vida:

"Mientras el mundo exterior parecía fuera de control, en la mansión todo funcionaba. Así lo había planeado. Crecí rodeado de represión y conformismo, pero creé un mundo propio donde tenía la libertad de vivir y amar de formas que la mayoría de personas sólo se atreve a soñar.

"Al final de la década compré un jet particular, el Big Bunny, y viajé por todo el mundo. En 1971 compré una segunda casa, la mansión Playboy oeste y durante una temporada repartí mi tiempo entre Chicago y Los Angeles. Las dos mansiones se complementaban a la perfección."

En la mansión de Los Angeles, Hefner tenía de vecino a Humphrey Bogart, su ídolo de la infancia. "Al igual que Humphrey Bogart en Casablanca, tenía mi propio bar, aunque el mío era completo, con conejitas; todo el mundo acudía a Hef".

"Durante el verano de 1960, las fiestas de la mansión no sólo se hicieron famosas en Chicago sino en ambas costas de Estados Unidos", escribe Gretchen Edgren.

Hugh Hefner ha hecho famosas las fiestas de Playboy y ha salido al paso ante las críticas que se han producido por las orgías en que derivan y ha dicho que han sido consecuencia y no el propósito de las parrandas.

El 8 de marzo de 1962, el columnista Art Buchwald escribió: "Poca gente es consciente de ello, pero Chicago se ha convertido en la capital sexual de Estados Unidos. El culpable de esta supuesta mala imagen es el editor de Playboy, Hugh Hefner, cuyas fiestas fotografiadas en color y publicadas en Playboy le han valido el título de 'el soltero más envidiado del mundo'. Nos invitaron a su casa una noche para que echásemos un vistazo, y fue como si nos hubiesen invitado a Buckingham Palace, en Londres".

Keith Hefner, hermano de Hugh, describió para Gretchen Edgren las noches de juerga en la mansión: "Todos disfrutábamos de la promiscuidad, tanto hombres como mujeres. Eran reuniones muy alegres y hombres y mujeres disfrutaban del sexo sin ningún tipo de ataduras ni presiones".

Pero no todos los invitados disfrutaban del reino Playboy. El cómico Mort Sahl cuenta que a Frank Sinatra "no le gustó que Hef tuviera tantas chicas".

Pero Playboy no sólo fue la revista que reflejó las fiestas de Hefner, sino que se convirtió en un símbolo de la liberación sexual y en el ejemplo de un estilo de vida desenfadado que propició serios dolores de cabeza a una sociedad conservadora y puritana. Además de un negocio sumamente redituable.

Un dato que circula como un logro de Playboy es que la revista ha alcanzado ventas de más de siete millones de ejemplares.

A principios de los 60, Playboy incorporó a sus páginas la entrevista como género periodístico y se convirtió en una de las secciones preferidas por los lectores.

Las preguntas de los redactores encontraron eco en personajes como Fidel Castro, Malcom X, Yasser Arafat, Salvador Dalí, Muhammed Ali, Stephen Hawking, Carl Sagan y filósofos como Jean-Paul Sartre y Bertrand Russell.

Con el paso del tiempo Hefner logró incorporar a fotógrafos talentosos y periodistas de prestigio, lo que garantizaba calidad en los textos.

Playboy no sólo acaparó la atención del colectivo estadounidense sino que se posicionó en las élites de poder y entró en el juego de la alta política en Estados Unidos. Kennedy invitó a Hefner a la Casa Blanca y Jimmy Carter le solicitó aparecer mediante una entrevista en Playboy.

Ante la competencia de numerosas revistas que han invertido sexo y erotismo en sus páginas y han optado por un público menos sofisticado, Playboy se ha enfocado también en los últimos años a complacer el gusto de un sector más joven que el que privilegió su lectura en los inicios de la publicación.

Actualmente se calcula que Playboy vende más de tres millones de ejemplares en Estados Unidos. Hefner inició el proyecto editorial a los 27 años, pero ahora, con 80 años encima, el magnate ha dejado la batuta del imperio en su hija Christie, aunque Hefner no ha dejado el puesto de editor de la revista, que le permite seguir tomando decisiones en torno a las playmates que aparecen en portada.

En la redacción con Hefner

Hugh Hefner se ensimismaba en su trabajo y convertía a Playboy en el eje rector de su vida y de la vida de los que lo rodeaban.

"Hefner cada vez estaba más recluido. Trabajaba en pijama, tomaba estimulantes para mantenerse despierto y se comunicaba con el personal a través de circulares", recuerda Gretchen Edgren en su libro sobre los años de esplendor de Playboy.

Sobre los famosos circulares de Playboy, redactados en papel dorado, el entonces directivo de la revista, Victor Lownes, declaró: "El chiste de la época es que tenías que tomarte un estimulante para leerte las malditas circulares".

La obsesión de Hefner por controlar su entorno e imponer su propia rutina, podía caer en el absurdo. Thed Spectorsky, la esposa del entonces director de redacción de Playboy, AC Spectorsky, cuenta que un día que se tomó un fin de semana su marido en un barco de vela después de estar día y noche durante meses en maratónicas reuniones de trabajo con Hef, a 20 millas de tierra, "un helicóptero de los guardacostas apareció en el horizonte, se acercó y se detuvo encima nuestro. Dejó caer un mensaje en la cubierta: 'llama a Hef'".

Y es que Hefner llegó a declarar que "odiaba la rutina que me imponían los demás", por lo que asumía un rol de control de los tiempos en la redacción de Playboy.

La rutina de la revista también solía cansar a ciertos colaboradores, sin embargo, en algunos esa sensación no duraba mucho tiempo.

El humorista Shel Silverstein habla de Reg Potterton en el libro de Edgren: "Reg Potterton escribía para la revista. Vivía en la mansión y salía con algunas de las chicas. Pero una noche me dijo muy seriamente: 'nada tiene sentido, son un montón de gestos que no dicen nada. No tendré una relación duradera con ninguna de ellas'. Cuando llegaron un par de chicas del último turno, Reg me miró y luego volvió a mirar a las chicas. Se levantó, suspiró y entonces dijo: 'Es hora de más gestos sin sentido'".







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