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Foto: Bruno Cortés |
Me preocupa el televisor. Da imágenes distorsionadas últimamente. Las caras se alargan de manera ridícula,
o se acortan, tiemblan indistintamente, hasta volverse un juego monstruoso de rostros inventados, rayas, luces
y sombras como en una pesadilla. Se oyen palabras claramente, la música, los efectos de sonido, pero no
corresponden a la realidad, se atrasan, se anticipan, se montan sobre los gestos que uno adivina.
Me dicen que un técnico lo arreglaría en dos o tres días, pero yo me resisto. No quiero la violencia: le
meterían las manos, le quitarían las partes, le harían injertos ominosos, transplantes arriesgados y no siempre efectivos.
No volvería a ser el mismo.
Ojalá supere esta crisis. Porque lo que tiene es una fiebre tremenda, un dolor de cabeza, una náusea horrible,
que lo hacen soñar estas cosas que vemos.