"Todos somos voyeuristas"
Francisco Báez Rodríguez
Televisa anuncia, con bombo y platillo, la
transmisión de la versión mexicana de
Big Brother, el reality show
holandés que ha tenido gran éxito en muchas partes del
mundo y ha sido imitado en varios lados con el programa
Survivor.
Doce personas conviven por 15 semanas en una casa,
con casi ningún contacto con el exterior (la excepción,
unos minutos al día con el "Gran Hermano", que en
México será hermana, la hábil conductora Adela
Micha). El público
decide quién es el más apto: el que sobrevive al
darwinismo social y se lleva un premio millonario.
No es una convivencia normal. Es un concurso que
hay que ganar. Sabes que cientos de miles, o millones, de ojos
te están mirando. Es un reto a la claustrofobia. Es peor que
estar en el Metro.
En el show al igual que en la película
Baile de ilusiones el eslabón más
débil debe irse. El título original de la
cinta hacía referencia a cómo sacrifican a los
caballos. En el programa de televisión será algo
parecido.
La experiencia en los otros países da un
común denominador: muchos de los ocupantes de la casa
intentarán
manipular a los demás para sacar ventaja. Se crearán
alianzas de conveniencia, a menudo efímeras. La
traición será el pan de
cada día. Van a parecer políticos. Se van a acabar
odiando. Y el público se entretendrá con sus grillas y
sus engaños.
En el concurso de la CBS de EU, el resumen que
dieron los concursantes "desalojados" de los dos finalistas
fue:
"Es como escoger entre una uña enterrada y un salpullido".
Ahora bien, quien maneja todo es quien hace la
edición masiva (hay una edición 24 horas, que
transmitirá Sky). El productor definirá qué segmentos de
la filmación serán transmitidos al público.
Más allá de la verdad y
la mentira, la edición determinará el cristal con el
cual se mira. Al editar, definirá qué cosas son las que
conviene que
el público vea; es de esperarse que intenten evitar que
alguien capte las simpatías mayoritarias demasiado temprano,
en un juego similar al que hacen con las telenovelas.
En otras palabras, el espectador sentirá
que es el sujeto, mientras que los concursantes son el objeto.
Sentimiento
falso: el gran público también será objeto.
Serán de laboratorio, pero
Big Brother tiene éxito en la conversión de
seres humanos en ratas.
Y, sin embargo, ahí estaremos, frente a
nuestros monitores, porque todos somos voyeuristas y, como
decía
Oscar Wilde, "a lo único que no nos podemos resistir, es
a la tentación".
Brozo: nunca digas "de esta agua no
beberé"
El horario matutino que deja la futura
Big Sister Adela Micha en el Canal 4 será ocupado,
según todos los
reportes, por El mañanero, que hasta el 7 de diciembre
condujo Víctor Trujillo para Canal 40.
 |
Brozo Foto: Bernardo Moncada |
Trujillo, en su encarnación de
Brozo, logró sacar de los márgenes del
rating a una estación marginal. Para ello
contó con una producción ínfima, pero con
algunas puntadas a veces reiterativas de
imaginación y, sobre todo, con
el desparpajo natural del personaje del "payaso tenebroso",
cotorro, alburero, sin pelos en la lengua.
El mañanero empezó a forjar
un fenómeno bastante postmoderno: un payaso pandroso se
convierte en líder
de opinión. Tanto, que a menudo se hacía chiquito a la
hora de las entrevistas.
Ahora, luego de múltiples muestras
públicas de asco hacia Televisa, Trujillo bebe de esa agua.
Ahora está en la
misma empresa que El Burro Van Rankin. Le hicieron una oferta
que no podía rehusar; podemos decir que en la tele, como
en la política, "nunca digas nunca".
El principal reto que enfrentará Trujillo
será el de mantener su frescura y desparpajo, su capacidad
crítica, en
un ambiente más piramidal de los que acostumbraba. Si lo
logra, aumentarán su credibilidad, su
rating y su proyección futura.
Ponchivisión y un clavo ardiente para Joserra
Por su parte, Andrés Bustamante ya es el
carnal con canal. Ponchivisión, que combina viejas series,
películas y
retazos cómicos con trabajos del propio Bustamante. Es un
canal ligeramente visible lo que ya es un decir para las
estaciones "nacionales" de Cablevisión y
probablemente no resulte tan oneroso para la empresa de
televisión restringida.
A Ponchito le cumplieron su sueño
(¿o capricho?). A
Brozo le ofrecen un buen espacio y lo cooptaron. No lo
hicieron por buenos samaritanos. Televisa estuvo a punto de tener,
para el Mundial de futbol, al
dream tandem que hizo la diferencia en favor de Azteca en los
Juegos Olímpicos de Sydney. Pero no veremos a
El Hooligan a cortarle la corbata a
Orvananos.
Andrés Bustamante declaró que a
quien él le agradece es a Carlos Slim, no a Televisa, y deja
abierta la puerta
para participar con el equipo de Azteca en Los
protagonistas.
Sin Ponchito, Azteca sería
exclusivamente para los conocedores del futbol que, en México
como en todas partes,
son minoría.
Para Televisa, una buena inversión. Para
Azteca, una reflexión necesaria: Solórzano, Aristegui,
Trujillo,
Bustamante y Héctor Suárez eran, junto con José
Ramón, espina dorsal y tarjeta de presentación de la
televisora del Ajusco. Los
dejaron ir. Ahora cuatro de seis están "en la casa de
enfrente" y el quinto se hace del rogar. Valdría la pena
que en Azteca
lo recordaran la próxima vez que se pregunten por qué
no tienen una imagen bien definida.