Felipe Vicencio Álvarez
"Reformas sí, pero no así". Con ese énfasis reprochó al Congreso la Cámara Nacional de la Industria de la
Electrónica, Telecomunicaciones e Informática, Canieti, las recientes reformas a la ley de radio y televisión aprobadas
apresuradamente por los diputados y turnadas al Senado.
Entre las múltiples voces que desde diciembre del año pasado se han levantado en contra de esos cambios y a las
que etcétera ha dado resonancia eficaz, destaca precisamente la de la Canieti, que ahora se ha dirigido al Senado para
insistir en la necesidad de realizar adecuaciones a la reforma y en la importancia de escuchar el parecer de todos los
involucrados en el tema.
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Ilustración: Sergio Decoster |
La carta que ese gremio dirige a los senadores expresa la preocupación por una reforma parcial que redundaría
en "beneficios inequitativos" y por ello considera necesario revisar y complementar esos cambios. En efecto, la
minuta aprobada por los diputados es deficiente tanto por sus nuevas disposiciones como por lo que omite. Nuevas
formulaciones y omisiones configuran en conjunto el perfil que algunos quisieran para una "renovada" ley de radio y televisión: con
más dientes y más incisiva en algunos aspectos y totalmente chimuela en otros. Todo ello, por supuesto, a conveniencia
de unos pocos.
Aunque las observaciones de la Canieti son sólo el punto de vista de un actor y no consideran aspectos
trascendentes que preocupan a muchos más, tienen el mérito de llegar al núcleo de las reformas. Sus críticas son misiles que
impactan justo en el eje de sustentación del proyecto, exhiben crudamente su inconsistencia y lo desmoronan.
Así, denuncian que por estas reformas la Cofetel no se constituye en un órgano regulador capaz de garantizar la
protección de los consumidores, el desarrollo de la industria y, en última instancia, de coadyuvar de la mejor manera a administrar
los recursos del Estado. Una verdadera reforma requiere el diseño de un órgano regulador con atribuciones suficientes
y análogas, tanto en materia de radio y televisión como de telecomunicaciones.
Señalan que, con el argumento de la convergencia tecnológica, las reformas abren el paso para que algunos
empresarios de radiodifusión incursionen en las telecomunicaciones, pero no consideran que tal integración pueda ocurrir "en el
sentido inverso". Iniquidad evidente que permite reconocer la huella de la torpe autoría intelectual.
Con una perspectiva que tendría que haber sido la propia de los diputados, en tanto que representantes de la nación,
la Canieti nos recuerda que la minuta es deficiente al no prever "la devolución al Estado del espectro liberado con motivo
de la digitalización por parte de los concesionarios". Además, nada garantiza que en el futuro se sacrifique la calidad de
la señal de radiodifusión si ello permite disponer de mayor espectro para prestar servicios de telecomunicación más
rentables económicamente. En este aspecto la reforma representaría nuevos y mejores negocios para los mismos de siempre, a
costa de una mejor y más eficiente asignación del espectro radioeléctrico.
La cámara advierte que las reformas marginan a la Comisión Federal de Competencia, pues no está previsto que
emita su opinión "respecto al otorgamiento de concesiones de radiodifusión y modificación para la prestación de
servicios adicionales que usan el espectro". Esta omisión permitiría el acaparamiento del espectro en una espiral centrípeta
que provocaría la consolidación del monopolio.
La Canieti solicita a cada senador que, antes de emitir su voto, considere sus solicitudes de adecuación. Un
Senado responsable deberá tomar en cuenta éstas y muchas observaciones más que no pueden ser desestimadas con el
argumento de que les falta sustento. Los ajustes son ineludibles. No hay forma de justificar los términos de una minuta que
tan impúdicamente desdeña los derechos de tantos y obsequia los caprichos de tan pocos.
Senador de la República por el PAN y miembro de la Comisión de Comunicaciones y Transportes de ese órgano legislativo.