Amor en blanco y negro
Durante el primer lustro de los años 20, en el siglo
pasado, subsiste en la canción amorosa que se escucha en
la ciudad de México una lírica que entiende al amor como algo "puro y blanco", como "adoración y culto a la
mujer", pero a una mujer con la cual sólo se puede entablar una relación espiritual, de noviazgo inmaculado. Las
metáforas que evocan flores y la ausencia del cuerpo femenino como referente amoroso en los versos de las canciones son
el sello distintivo. "Morenita mía", escrita en 1921 por el neoleonés Armando Villarreal y considerada el primer
bolero que se grabó en México, ilustra esta visión amorosa:
Conocí a una linda morenita/ y la quise
mucho/ por las tardes iba enamorado/ y cariñoso a verla/ al contemplar
sus ojos/ mi pasión crecía; ¡ay morena, morenita mía, no te olvidaré!
... Hay un amor muy grande/ que existe entre los dos, ilusiones blancas
y rosas como la flor/ Un cariño y un corazón/ que siente y que ama/ Si
no me olvidas, / siempre felices/ seremos los dos.
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En el segundo lustro de los 20, esta forma "blanca" de cantarle al amor empezó a ser puesta en tela de juicio
por Agustín Lara (1897-1970) con canciones notablemente transgresoras. Lara se refería en su música a historias
amorosas que sucedían en escenarios muy lejanos a la casita idílica del campo o al hogar burgués o de clase media,
tranquilo y respetable; sus canciones hablaban del arrabal, de meretrices y, lo peor, concedían a éstas la condición de
mujeres susceptibles de ser amadas.
"Imposible", de 1927, es una de las varias canciones arrabaleras compuestas por
Lara en su época de pianista de cantinas y
prostíbulos:
3
Yo sé que es imposible que me quieras/ que tu amor para mí fue pasajero,/ y que cambias tus besos por dinero/
envenenando así mi corazón/ No creas que tus infamias de perjura/ Incitan mi rencor para olvidarte/ te quiero mucho más, en vez
de odiarte/ Y tu castigo se lo dejo a Dios.
El cuerpo metafórico
La transgresión de Agustín Lara abrió la puerta a otro desacato moral: la mención explícita o al menos
metafórica del cuerpo humano, inicialmente de la boca, protagonista fundamental del acto amoroso básico: el beso.
Ya en
los años 30 varios compositores se atrevían a colocar al beso como
leitmotiv de sus canciones. María Grever
(María Joaquina de la Portilla y Torres, 1884-1951) escribió en 1932 "Cuando vuelva a tu lado", donde el beso es inicio
y fin de la relación amorosa y la víscera cardiaca el termómetro que mide la excitación:
Cuando vuelva a tu lado/ no me niegues tus besos/ que el amor que te he dado/ no podrás olvidar/ No me preguntes
nada, que nada he de explicarte/ el beso que negaste/ ya no lo puedes dar/ Cuando vuelva a tu lado/ y esté a solas contigo/ las cosas que te diga/ no repitas jamás/ Por compasión/ une tu labio al mío, estréchame en tus brazos/ y cuenta los latidos/
de nuestro corazón.
En 1935, un compositor puertorriqueño, Rafael Hernández
El Jibarito
(1895-1965), residente en México
desde 1932 donde se desempeñaba como director artístico de la XEB, se atreve a ir más allá de la referencia a los labios
y hace alusión al cuerpo femenino entero. Todavía, sin embargo, no lo hace de manera explícita, sino que se vale
de una "metafora mitológica" y compara el cuerpo de la mujer amada con el de Venus de Citeres, la diosa romana
que, al igual que la Afrodita griega, representa el arquetipo de perfección en la belleza femenina. Así lo plasmó
El Jibarito Hernández en "Perfume de gardenias" (1935):
Perfume de gardenias/ tiene tu boca/ bellísimos destellos/ de luz en tu mirar/ Tu risa es una rima/ de alegres notas/
que mueven tus cabellos/ cual ondas de la mar/ Tu cuerpo es
una copia/ de Venus de Citeres que envidian las mujeres/
cuando te ven pasar.
Ya unos años antes, el poeta asturiano radicado en México, Alfonso Camín, en una arrebato lírico, había
utilizado la "metáfora mitológica" para elogiar el cuerpo de una de las vedetes más bellas y sensuales en la historia del
"teatro frívolo" de la ciudad de México: Mimí Derba. Escribió
Camín:4
Mimí Derba, Mimí Derba,/ con dos partes de Afrodita/ y una parte de Minerva.
Amor proscrito
Durante el segundo lustro de los 30, la década de los 40 y en los años 50 del siglo XX, se produce en
México,
especialmente en el campo del bolero, una canción amorosa de contenido altamente erótico. La referencia al
beso continúa ocupando un lugar central en la temática (en 1941, a los 17 años, Consuelo Velázquez 1924-2005,
entonces pianista de la XEQ, escribe su célebre "Bésame
mucho"
5 y Emma Elena Valdelamar compone en 1946 "Mil
besos"), pero se añaden otros elementos que son mal vistos por las miradas conservadoras. El deseo de expresar musical
y líricamente sus experiencias sexuales es evidente en los compositores de la época. En 1949, Edmundo
Domínguez compone "Loca pasión" donde la relación sexual, el coito, se adivina tras el velo de las metáforas:
Contemplando tus cabellos de oro/
una tarde entre mis brazos te tenía/ y jurando que eras mi único tesoro/ confidente
al oído te decía/ Yo quiero sentir el fuego de tu voz/ de tu corazón el palpitar/ quiero sentirme cerca de tu pecho/ y de
ese sueño nunca despertar/ Yo quiero libar de tu boca la miel/ y embelesarme con tu piel/ y loco de pasión, entregarte
el corazón/ para vivir hecho un esclavo de tu amor.
Aunque el compositor sufrió amenazas en tal sentido, "Loca pasión" no fue retirada del aire y los discos,
boicot que, en cambio, sí sufrió años antes, a iniciativa de la Liga de la Decencia, el bolero "Dulce aventura", de
José Antonio Zorrilla Monís, grabado en 1944 por el tenor Luis G. Roldán. La canción tocaba un tema que
habría de
ser recurrente años después: el ideal femenino que muchos hombres buscan en su pareja y consiste en que ésta sea a
la vez "novia, esposa y amante":6
Y así ni tú ni yo nos cansaremos/ y a cambio de un amor, tendremos tres/ pues con nuestro cariño lograremos/ ser
esposos y novios y amantes a la vez.
A instancias de la Liga de la Decencia, "Dulce aventura" fue retirada del mercado discográfico y suspendida
su ejecución en radio. Curiosamente, una versión grabada por Leo Marini tuvo gran éxito en Argentina donde,
por supuesto, no fue prohibida.7
Pero, sin duda, el episodio más célebre en la actividad represora de la liga, al menos en el
ámbito
musical,8 fue el que involucró a dos canciones que devinieron "clásicas" dentro
del género bolerístico: "Palabras de mujer"
(1945), de Agustín Lara, y "La gloria eres tú" (1947), de José Antonio Méndez, quienes se atrevieron a afirmar que su
amor por una mujer era más poderoso que la fuerza de Dios. En su canción, dedicada, por cierto, a María
Félix,9 Lara escribió originalmente: