Fernando Mejía Barquera
Este ensayo es un recuento de la forma en que el tema del amor ha sido abordado en las canciones mexicanas, o que han tenido difusión en México, de los años 20 al primer lustro del siglo XXI. El "universo musical" a que se hace referencia está integrado exclusivamente por canciones que han sido difundidas a través de la radio de la ciudad de México y que, salvo algunas excepciones, han figurado en las listas de popularidad. Se trata, por lo tanto, fundamentalmente, de música con carácter urbano, de ahí la referencia escasa a canciones "rancheras" o folclóricas que, por supuesto, abordan también el tema amoroso, pero no tuvieron presencia tan amplia en la radio del Distrito Federal.
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La forma en que el tema amoroso se expresa en las canciones está vinculada con diversos elementos de
índole cultural existentes en una sociedad. Las canciones amorosas expresan valores morales dominantes o
transgresores, gustos estéticos, estilos de lenguaje, formas poéticas e incluso, en sociedades donde el desarrollo de la
industria cultural es considerable, fórmulas comerciales para estimular el consumo de una obra musical. Se trata, por
supuesto, de manifestaciones culturales dinámicas, sujetas, por lo tanto, a transformaciones con el paso del tiempo.
No obstante, cualquiera que sea el ropaje moral o el vestido estético que envuelva a
la canción amorosa, hay
dos elementos que siempre están presentes en ella de modo explícito o latente: la "espirtualidad" amorosa y la
sexualidad o la sensualidad. A pesar de las críticas que puedan hacérsele por reducir la interpretación de la sexualidad a
la historia infantil de los individuos, Sigmund Freud propuso en
Psicología de las masas y análisis del
yo (1921) una tesis sumamente atractiva acerca del amor, un planteamiento que explica al vínculo amoroso como un
fenómeno complejo que sintetiza el amor sexual o "terrenal" y el amor "espiritual" o asexual. El primero, dice Freud, se
refiere a la "descarga" erótico-sexual y se satisface en el coito o la relación corporal. Sin embargo, cada "descarga
sexual" va debilitando gradualmente
la relación con el riesgo de extinguirla al paso del tiempo; por lo tanto, el
vínculo amoroso, para perdurar, debe incluir otros componentes como la ternura, la identificación intelectual, la
comunidad de intereses, la comunión "espiritual". Freud considera a estos componentes de la relación como "pulsiones
coartadas de sus fines originarios", es decir, de los fines erótico-sexuales, y para explicarlos se remonta al desarrollo de
la vida amorosa de los seres humanos. Sostiene que en los primeros cinco años de su vida, el niño encuentra en
su madre su primer objeto de satisfacción sexual (y la niña en su padre). La represión ulterior impone una renuncia
a estos fines o a la mayoría de ellos, de tal manera que esas pulsiones pasan a ser "coartadas en sus fines", y en
lugar de la meta sexual es decir, la meta inhibida se generan sentimientos que solemos llamar "tiernos". La
ternura sustituye a la sexualidad, aunque, dice Freud, "las anteriores aspiraciones 'sensuales' se conservan en el
inconsciente con mayor o menor intensidad, de manera que, en cierto sentido, la corriente originaria persiste en toda su
plenitud".1 Al llegar a la pubertad surgen los impulsos encaminados a metas sexuales directas y entonces pueden ocurrir
dos cosas: o bien esos impulsos se mantienen aislados de los impulsos coartados de sus fines (se ama "con ternura"
a quien no se desea sexualmente, o no se ama a quien se desea sexualmente), o bien se hace la síntesis de amor
sexual o terrenal y amor espiritual o asexual.
A pesar de la crítica ya comentada que suele hacérsele a Freud,
su apreciación del enamoramiento como
síntesis de lo sexual y lo espiritual es muy importante.
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Amor sexual y amor espiritual son temas recurrentes en las canciones amorosas. Sin embargo, la revisión
histórica de la música que se ha escuchado de manera masiva en la ciudad de México a través de los medios
electrónicos, especialmente de la radio, y de la industria discográfica, muestra que la inclusión simultánea de ambos elementos
en las letras de las canciones es un fenómeno reciente prácticamente del inicio del siglo XXI y que durante el
siglo XX esas expresiones líricas privilegiaron uno de ambos elementos, preferentemente el "espiritual". Ello se debió
no sólo a las preferencias estéticas de los compositores, sino al hecho
de que, en diferentes periodos existió una
suerte de represión moral que obligó a los autores musicales a dejar de lado el tema del amor sexual debido a presiones de las disqueras, las emisoras de radio o de entidades conservadoras como la Liga de la Decencia, posteriormente
Liga Mexicana de la Decencia, patrocinada por grupos de ultraderecha y la Iglesia católica, que operó en México
de finales de los años 30 a mediados de los 50 en el siglo
XX.
2 Hay, incluso, casos documentados en los que
compositores como Agustín Lara o José Antonio Méndez debieron cambiar líneas o palabras de sus canciones ante la amenaza
de boicot en disqueras y radiodifusoras por presión de la mencionada liga. De esta forma, el amor sexual fue
durante muchos años proscrito en la radio y los discos, y por lo general "sublimado" a través de frases o palabras de
carácter eufemístico y en el mejor de
los casos por metáforas no siempre bien logradas. Curiosa y paradójicamente, en
épocas recientes, señaladamente a partir del segundo lustro de los 80, el contenido explícitamente sexual fue estimulado
por las firmas disqueras, que antes lo censuraron, en tanto se le descubrió como un importante atractivo para la venta
de las grabaciones.
En el caso de la música que se ha escuchado en la radio de la ciudad de México, entre la segunda década del
siglo XX y el primer lustro del siglo XXI, es posible distinguir diversas modificaciones en la evolución de la
expresión amorosa dentro de las canciones. Aquí una síntesis de ese recorrido.