Francisco Báez Rodríguez
A Raúl Trejo, fundador de etcétera
Ahora que Televisa le prepara un homenaje, me acordé del día en que lo conocí. Estaba yo en la prepa y Raúl Velasco ya era Raúl Velasco. Siempre en domingo ya dominaba la pantalla nacional y acaparaba las tardes plácidas del fin de semana. Todavía no era un monstruo, pero ya anunciaba que lo sería.
En esa época a Velasco se le ocurrió hacer un concurso mensual de ensayo entre jóvenes menores de 18
años. Tema libre. Como premio, dos dotaciones de libros: una para el ganador; otra, para la institución que él quisiera. Efectivamente, aquel Siempre en domingo tenía cosas que la generación siguiente no recuerda.
A mi mejor amigo de la prepa, Raúl Trejo, se le ocurrió concursar con un ensayo creo que sobre medios
de comunicación, así es esto de la vocación. Por supuesto, resultó triunfador. Me invitó a ir a recoger el premio, pero todavía no había decidido a qué institución le daría la segunda dotación de libros. Decidimos que fuera a la
biblioteca de la escuela, buscamos al director de la biblioteca, no lo encontramos e hicimos, muy correctamente, una carta
de aceptación. Yo falsifiqué la firma de Fritz Brehm.
Tomamos el Metro y recalamos en una oficina en Río de la Loza, donde nos esperaba, afable, Míster Televisión. Igualito que en la pantalla: camisa colorida de solapas anchas, lentes cuadrados de pasta, sonrisa perfecta. Nos recibió. Nos confundió (yo, modosito, me había puesto saco y corbata; Raúl iba con su eterna chamarra gris a cuadros). Felicitó a Raúl. Se echó un rollo acerca de la importancia de que la juventud contribuyera al progreso del país. Y luego nos soltó una noticia. Se dirigió a Raúl:
Lo siento pero, a diferencia de otros concursantes, tú no vas a poder recoger el diploma en el programa.
Al ver nuestra cara de extrañeza, dijo, a guisa de explicación:
Ustedes entienden.
Era el viernes 18 de junio de 1971. Ocho días después de la matanza del Jueves de Corpus.
Raúl, con la calma y la cabalidad que le caracterizan, respondió, en voz suave pero firme:
Entonces usted tiene miedo de que yo diga algo.
Velasco soltó una risa-mueca:
¿Miedo? ¡No, cómo crees! Son las circunstancias. Comprende. No es momento para presentar a los jóvenes.
Raúl lanzó a su vez una sonrisa, que quise ver como irónica. En el tono de sus palabras me había quedado
claro que él no tenía la intención de decir nada peligroso. Le ofreció la mano a Velasco, que ahora sí sonrió con anchura
y procedió a entregarnos los libros del premio. Unos 40.
He de agregar que eran libros de saldos viejísimos, sacados de alguna bodega polvosa. Yo me quedé con
uno sobre problemas económicos, de 1958. Raúl, con tres o cuatro. Los demás fueron a parar a la biblioteca de la escuela.
* * *
Televisa tiene razón en hacerle un homenaje a Velasco. Es un hombre que le dio a ganar carretadas de dinero a
la empresa de Avenida Chapultepec. También, un conductor exitoso que definió toda una época en cuanto a
gustos musicales, y de otro tipo. Un hacedor de estrellas, sin el cual el canal del mismo nombre no sería lo que es.
Pero la sociedad no tiene por qué compartir los motivos de la empresa. Velasco fue, de vocación, un
mandarín. Repasemos sólo algunas anécdotas:
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Saltó a la fama como periodista de espectáculos a partir de una reseña, publicada en El Heraldo de México, sobre el concierto que dieron los Doors en el Gran Fórum de los Hermanos Castro. Al grupo de Jim Morrison se le había prohibido realizar el concierto que tenían programado en la Plaza México. A cambio, dieron un toquín en el night club exclusivo, cerca de la plaza, con un cover de 200 pesos, más consumo. Los precios eran inalcanzables para la mayoría de los chavos, por lo que la asistencia fue de casi puros "niños bien" (como se decía entonces). Pues bien, la crónica de Velasco era un canto a nuestra limpia juventud que bebe limonadas, ajena a las provocaciones de un rockero que se cae de borracho. Días después, Parménides García Saldaña publicó un artículo inolvidable: "I can't see you face in my mind", en el que deshacía al señor "Del Asco" y hacía notar que Morrison se burló de los fresitas de popote con limonada.
En una ocasión no aceptó que los chicos de Menudo (sí, el famoso grupo puertorriqueño) se presentaran
en Siempre en domingo sino se cortaban el pelo. Los muchachos, obedientes, se dieron una tusadita y pudieron
aparecer con el güero controlador de multitudes.
Es famoso el veto que, de por vida, le zampó a Jaime López, el día en que al cantautor se le ocurrió el mal chiste de que "no hay peor lucha que Lucha Villa". El talento pasó al último plano: lo importante es la disciplina.
Shakira en sus inicios nunca hubiera pasado por el tamiz de Velasco. "Gorda", de cabello oscuro, con
falsetes interpretativos. En cambio Fresas con Crema u Okidoki eran ejemplos del pop a seguir.
Para broche de oro, una frase tras los terremotos de 1985 (ha de haber sido el programa del 22 de septiembre),
en la que se felicitó dos veces. Primero, porque las instalaciones del Mundial de futbol no habían sufrido daño
alguno. Segundo, porque según él "afortunadamente" la mayoría de las víctimas del sismo habían sido de clase media. Era un mensaje a los pobres: vean, señoras y señores jodidos, cómo Dios no se ceba siempre con ustedes.