Segunda parte
Marco Lara Klahr
El 9 de marzo de 2004 el editorial de La Jornada (LJ) califica de "operativo de demolición política" (contra López Obrador) a los videoescándalos, atribuyéndolos a "intereses económicos y políticos enemigos del proyecto de gobierno que se desarrolla en la capital". Un día antes la televisión había proyectado un video donde el jefe delegacional de Tlalpan, el perredista Carlos Ímaz, recibía dinero de Ahumada. LJ minimiza tal noticia al no darle ni siquiera llamada en portada o contraportada, y situarla en la parte inferior de la p. 8, con esta cabeza: "Nueva cinta: Imaz es ahora el protagonista", y el balazo: "Recibe dinero de Ahumada", así como una foto del video.
La Crónica de Hoy
(LCH) no concede tregua; así aparece este día "La Esquina": "La Procuraduría del DF
pide orden de aprehensión para Ahumada, que dio el dinero, pero no para Bejarano, que recibió el dinero. López
Obrador está blindado. A él ni siquiera lo van a citar. ¿Por qué? Porque en la PGJDF son sus subordinados. Él nombra
al procurador. Ahora que está bajo sospecha, López es juez y parte. Eso no es justicia. Es una farsa".
La principal: "López se niega a que PGR atraiga el caso" es una alteración de la
realidad, porque la nota
plantea algo diferente: en la conferencia matutina del día anterior, el reportero Raymundo Sánchez pregunta a López
Obrador: "¿Estaría de acuerdo en que la PGR atrajera el caso?". Y el político responde: "No, no, no tiene por qué atraerlo".
La tendenciosa actitud editorial de la cabeza principal se reafirma en el envío a la p. 5: "López Obrador se resiste a
que la PGR atraiga los casos de corrupción en el GDF". La principal de la sección metropolitana "ciudaddf" está
dedicada, a su vez, al caso Ímaz.
En los días álgidos de los videoescándalos y durante casi un mes, este diario antepuso una tendenciosa viñeta
al principio de cada nota sobre el tema, donde aparece la imagen de
López Obrador de perfil junto a un dólar, con
el escudo de la ciudad de México como fondo, todo bajo el título "batidillo".
En su columna "Mesa Revuelta", titulada este día
"Don Corleone", Rubén Cortés compara a Bejarano con
Tom Hagen, el consiglieri, y a López Obrador a quien llama "don Andrés Manuel" con don Corleone, capo de
El Padrino, la novela de Mario Puzo, y acusa que "ya pactaron. Como en la Familia".
El 11 de marzo, para
LJ es un hecho que López Obrador no sólo no tiene responsabilidad alguna en la
corrupción de sus colaboradores más cercanos destapada por los videoescándalos, sino que es ante todo una víctima,
haciéndose eco de lo que
el mismo político tabasqueño repite. Al no ser atribuida a fuente alguna, su cabeza principal es
una afirmación del diario que además no encuentra sustento en alguna de las notas del día: "Sospechoso papel de
PGR, Cisen y Diego en los videos" misma que hace un sorprendente envío que abarca de las pp. 3 a la 15.
En la p. 7, se inculpa al senador Diego Fernández de Cevallos, responsabilizándolo de los videoescándalos en
una nota basada en "fuentes cercanas al defensor del empresario argentino" (Carlos Ahumada), "los informantes" o
las "fuentes consultadas". Y el editorial da por hecho que el tenebroso senador panista vio las cintas antes de
que Televisa las difundiera y el empresario Ahumada ratificó denuncia contra Bejarano en un salón del
hotel
Presidente alquilado por el delegado del Cisen en el DF, José Luis Valles. La verdad es que la noticia está basada en otra del
día anterior (10 de marzo), que fue la principal de este diario y decía: "El
jefe Diego, en el enredo de los videos de Ahumada". Entonces
LJ no sólo
refritea33 hoy la nota de ayer, sino que magnifica "Sospechoso papel de
PGR, Cisen y Diego en los videos" lo que puede considerarse una conjetura por la falta de solidez de las fuentes.
[La discusión en este caso no es si la PGR, el Cisen y Fernández de Cevallos indujeron los videoescándalos como
parte de un maquiavélico plan salinista para derribar a López Obrador, sino si el diario cumplió ante sus
lectores demostrándolo de manera fehaciente, lo cual
evidentemente no hizo.]
Tres datos adicionales: el artículo de Martí Batres (a cuyo calce nadie advierte que se trata del
subsecretario general de Gobierno del Distrito Federal y, por tanto, de un subordinado de López Obrador aparte de pertenecer
a la Corriente de Izquierda Democrática, justo la facción perredista encabezada por Bejarano) es tan anodina
como elocuente desde el título: "Sí hay espacio para la esperanza". Cuando no ha bajado aún el clímax de los
videoescándalos, LJ destaca como principal de su contraportada: "La corrupción, en su peor nivel en el gobierno foxista", citando un informe de BBVA-Bancomer. En cambio, desde los primeros días de marzo no hay una sola cabeza tan ruda,
ni mucho menos, hacia el gobierno del DF, no obstante el papel protagónico en los videos de Ponce Meléndez y
Bejarano, los hombres de López Obrador.
"Rayuela" es la cereza exculpatoria del pastel: "En algo parecen tener razón
los que le enjaretan el gate a cualquier escándalo grande o pequeño. Esto se parece cada vez más al Watergate
original: un operativo de Estado contra un partido político" lo que no pudo sostenerse con periodismo se resuelve
con retórica.
LCH prefiere centrarse en un nuevo asunto. Su principal: "Con recursos del GDF López arma el mitin de
su exoneración". Y los sumarios, en rojo: "Casa por casa, empleados con gafetes del GDF reparten miles de
volantes invitando al Zócalo";
"Volanteas o te despedimos, dicen a trabajadores sin planta; reparten cinco mil hojas al día
y les dan la tarde libre"; "Constata
Crónica que en Coyoacán inició contratación de camiones para el acarreo de
los invitados".
Los envíos, en contraste, son particularmente flojos y aun distorsionan lo expuesto en las notas. Por caso, la de
la p. 6 está basada en supuestos testimonios de trabajadores que dicen estar siendo obligados a distribuir volantes; y
la de la p. 7 no habla de renta de camiones, sino de que en Coyoacán "se contará con transporte hacia el Zócalo".
"La Esquina", sin embargo, se toma demasiado a pecho aquellos sumarios de primera plana: "Unos rufianes
robaban coches y fueron sorprendidos in
fraganti. Los descubrieron gracias a una alarma especial instalada en los
vehículos. Se pusieron furiosos. Ellos y sus porristas comenzaron a gritar contra los fabricantes de
alarmas y contra quienes
las instalaron. ¡Complot!, dijeron. Y convocaron a una manifestación en el Zócalo".