Laura Islas Reyes y Luis Miguel Carriedo/Dolores Beistegui
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Fotos: Guillermo Cardoso |
A las oficinas de etcétera llegó una llamada del Instituto Mexicano de la Radio. La directora del Sistema
Nacional de Noticiarios del Imer, Ana Cecilia Terrazas, se comunicó para solicitar un espacio en el que pudiera ser
entrevistada la señora Dolores Beistegui. Este ofrecimiento lo hicimos hace seis meses, sin que obtuviéramos respuesta de
su parte. En lo meses recientes hemos presentado información que señala varios desaciertos en esa entidad.
Ahora publicamos esta conversación con la titular del instituto, en la que abordamos varios puntos medulares de lo que
ha sido su administración. A lo que no accedimos fue a presentar previamente el cuestionario.
La oficina de la directora tiene la economía perfecta, decorada con un gusto elegante y sobrio que se
corresponde con la pulcritud de su anfitriona. Dolores Beistegui viste un traje negro y una sonrisa amable cuando recibe a
los reporteros de etcétera en las instalaciones del Imer.
Extiende la mano con un saludo cordial antes de dar paso a la conversación que, a lo lejos, todo el tiempo
estuvo acompañada del sonido de martillos o taladros, herramientas con las que el personal de BMO Fonatur se hace
cargo de la remodelación del instituto. Satisfecha porque aquel desorden deberá estar transformado las primeras semanas
de noviembre y dará nuevo rostro al Imer, Beistegui se muestra prudente, cautelosa, frente a las grabadoras encendidas.
¿Cuál es su idea de lo que debe ser la radio pública?
Primero que exista, la radio pública es un término que todos usamos, pero es un término virtual que no
está respaldado por ninguna ley, entonces lo primero es que exista, que se le dé una definición, que responda a
una vocación.
¿Cuáles han sido los problemas que ha enfrentado en su administración?
Yo heredé una institución cansada, en la cual se había invertido muy poco. La radio se hace con fierros, la
parte tecnológica es sumamente importante y cuando empieza a haber un rezago esto se traduce en un incumplimiento
con ciertas expectativas de calidad. Somos una sociedad cada vez más tecnologizada donde nuestros radioescuchas
no tienen paciencia, si oyen una transmisión con interferencias, en ese momento cambian a otra estación. No
podemos hablar de radio de calidad si no aseguramos un piso tecnológico y administrativo para cumplir con ese
compromiso. Otro ámbito más complejo fueron los problemas administrativos al querer desarrollar una agenda que pisaba
muchos intereses.
¿De quiénes?
A partir del momento donde pedimos el derecho a competir por audiencias, por legitimidad, por
credibilidad, empezamos a surgir como una amenaza a una industria que estaba acostumbrada a que los medios de
gobierno estuvieran feítos y callados. A partir del momento donde afirmamos que podemos hacer una diferencia, empezamos
a ejercer como una amenaza. (...) Tuvimos discusiones muy intensas con la CIRT y con actores del propio
gobierno federal.
¿Qué actores del gobierno no respaldaron esta labor?
No hubo personas en particular, le diría que hubo un enorme trabajo de sensibilización que hacer con todas
las distintas áreas de gobierno.
¿Qué acciones ha tomado para hacer frente a la falta de recursos?
Una de las primeras preguntas que me hizo Javier Tejado Dondé
(sic), una persona con quien tuve mucho diálogo vamos a decir, y que era en ese momento el presidente de la comisión de Radio y Televisión de la Cámara
de Diputados...
Javier Orozco.
Javier Orozco, los dos me decían lo que es increíble es que les damos mucho dinero y ni siquiera saben a
dónde va a ese dinero y me pareció que tenían un punto. En efecto, cuánto costamos, cuánto cuesta una hora-radio en el
Imer, quién dice si 700 personas es mucho o poco para 17 emisoras. Mientras no pudiera contestar esas preguntas seguía
en una posición vulnerable, entonces me dediqué a ordenar la gestión del Imer y me di cuenta que había muchos
gastos inútiles. Resulta que el Imer tenía un área de administración mucho más grande que la de programación, que de
hecho no existía, cuando lo que hacemos es hacer radio. (...) Por otra parte, para hacer toda esa inversión que están
oyendo de redimensionamiento tecnológico y administrativo necesitamos recursos frescos. Yo sabía que iba a tener más
oportunidades de lograrlo si lo sacaba de recursos propios del Imer. Pedir a Hacienda que liberara un presupuesto
de 100 millones de pesos era imposible. Entonces buscamos qué activo pudiera en algún momento ser vendido
o aprovechado y nos dimos cuenta que teníamos un terreno enorme donde tenemos una antena de una AM y todo
lo demás vacío. Vimos que ese terreno no generaba nada, que era muy aprovechable comercialmente y que
podíamos quedarnos en una parte menor para nuestra antena, y vender el resto. Esto implicó todo un proceso administrativo
(...), el terreno fue adquirido por Cinépolis. Ese dinero se invirtió y generó 15 millones de pesos de intereses, porque
del momento que se vendió al momento que se inició pasaron 11 meses. Con esto llegamos a 102 millones de pesos,
14 restantes que nos faltaban nos los dio la SEP y los dos millones que nos faltaban los puso el Imer. Con esto
logra-mos financiar el redimensionamiento.
¿Por qué se terminó Radio México Internacional?
Gastar puede ser sinónimo de invertir, es decir, el erogar no es forzosamente negativo, pero si es un proyecto
que no va a ninguna parte, a mí me parece un escándalo, un despilfarro. Radio México Internacional era un proyecto
de onda corta que funcionaba con siete transmisores, de los cuales cinco estaban descompuestos. Rehabilitarlos
habría costado 60 millones de pesos, cuando todo el redimensionamiento costó 120. La proporción era brutal,
hubiéramos necesitado 60 millones de pesos adicionales para llegar a quién sabe quién porque la onda corta ya no se
escucha. Nosotros somos parte de un proyecto del gobierno federal, ¿dentro del gobierno federal quién más tiene onda
corta?, Radio Educación tiene una que funciona muy bien y Radio UNAM. Entonces a mí me parecía mucho mejor
apoyarlos, en vez de desarrollar mi propio proyecto, para el cual no tenía recursos ni el proyecto porque eso de Radio
México Internacional nunca supe muy bien a qué nos referíamos, que nos escucharan los lapones o cuál era la idea de
transmitir hacia fuera, cuando la gente de afuera escucha radio por Internet. Cancelamos el proyecto y los transmisores
los mandamos a Radio UNAM.
Consultorías millonarias
En 2004 el Imer contrató a Mercer Management por un monto que superaba los siete millones de pesos, ¿no
le parece un gasto excesivo cuando estamos hablando de optimizar recursos?
Dolores Beistegui endureció sensiblemente su gesto y el tono de sus respuestas junto a la erre francesa de su acento perdió la cordialidad y cautela. El movimiento de sus manos delgadas también se hizo más severo y elocuente de la franca molestia de la directora ante la pregunta.
"Son dos temas totalmente diferentes. Yo le repetí que el gasto es inversión, hubiera sido un escándalo contratar un estudio, al precio que sea, y no hacer nada. Eso sí es un escándalo, pero a partir del momento de que 100% de las recomendaciones de la consultoría fueron atendidas en tiempo y forma se invirtió siete millones para un proyecto de desarrollo que costó 120 millones. Ni siquiera el 10%. Entonces hay que verlo en perspectiva."
"¿Usted sabe lo que es una consultoría?", preguntó y respondió a los reporteros haciendo un énfasis
terminante en cada una de sus palabras.
"Son gente especializada. ¡Yo no pretendí cuando llegué saberlo todo, ni había en el Imer gente capaz de
todo! (...). Ellos durante un tiempo reducido te dan respuestas a temas concretos. ¿Por qué Mercer? Porque
buscamos empresas que tuvieran una experiencia a nivel internacional. Mercer fue quien reestructuró a la BBC de
Londres. Ahora, esos recursos fueron aportados extraordinariamente, no fueron tomados del gasto asignado. Fueron
recursos aportados por la SEP y por la Secretaría de Gobernación. Yo no dejé de hacer nada para poder pagar Mercer.
Nada. Esos recursos, yo hice una gestión con el secretario de Gobernación, con el de Educación Pública, diciéndoles yo
no puedo sola, necesito un respaldo de una autoridad profesional y competente. Hubo una reunión extraordinaria con
los oficiales mayores de ambas secretarías, aprobaron ese gasto y nos dieron ampliación presupuestal para poder pagar
la consultoría. (...) Ese documento está disponible."
¿Por qué se reservó en su momento?
Un año estuvo resguardado porque había recomendaciones de reestructuración profesional, que no
queríamos darlas a conocer mientras no las hubiéramos negociado y atendido.
En esas recomendaciones, hubo alguna para recortar la brecha de sueldos...
Le recuerdo que eso no lo pongo yo, lo pone la administración pública. Lo primero que hicimos fue,
sin modificación presupuestal, cómo podíamos reasignar y retabular porque había diferencias muy grandes.
Obviamente hay muchas mejoras que hacer todavía y obviamente es un tema que no está concluido.
¿Cuánto tiempo duró el trabajo de Mercer?
Tres meses.
Hace poco también se conoció la información sobre la asesoría de Solana y Asociados, por un monto de
2.5 millones de pesos. Es un gasto difícil de entender.
¡¿De acuerdo a qué criterio?!
Por eso le pregunto, ¿cuál es el criterio para entender este gasto?
Mire, la facultad de un director general es la planeación de acuerdo a necesidades y una visión estratégica.
(...) Repito, en el caso de Solana y Asociados es un despacho especializado en administración pública y que nos apoyó
a la integración de las distintas actas de recepción y entrega. Finalmente en ordenar nuestra entrega y todos los
documentos que teníamos por ley entregar a la Secretaría de la Función Pública. Es mucho más grave incumplir que cumplir,
yo pedí autorización para tener asesoría de expertos, no me sentía capaz de hacerlo adecuadamente en tiempo y
forma. Llevo cuatro años nada más en el Imer, heredé muchos problemas de administraciones anteriores, la entrega que
se me hizo fue muy somera, muy general, con computadoras vacías. Y sin embargo es mi obligación asumir el 100%
de los seis años de administración pública a mí y a mis colaboradores. Me parecía muy injusto meterlos en un
predicamento, en una situación donde nuestra integridad iba a estar cuestionada. ¡Porque hay una cosa que ustedes periodistas tienen que entender, diario nos cuestionan nuestra integridad, si robamos, si abusamos, si somos ladrones, si
queremos asaltar al contribuyente!... Eso me parece muy injusto, cuando día con día lo que tratamos de hacer es aportar algo
a un proyecto de construcción de democracia. Yo asumo mis responsabilidades día con día, tomo decisiones,
tengo muchos colegas en la administración pública que con tal de no firmar nada no tomaron una sola decisión en seis
años. ¡¿Qué es mejor?! Yo tomé muchas decisiones que implicaron procesos de licitación, convenios, contratos, una
serie de gestiones administrativas, tengo que dar cuenta de esa serie de gestiones y me alegro, ¡qué bueno, que por fin va
a haber una entrega absolutamente transparente, no sólo aquí, sino de manera general en la administración pública!
Y yo me siento muy tranquila de poder decir que conté con la asesoría de profesionales que me permitieron cumplir
en tiempo y forma con las obligaciones que marca la ley. Me siento tranquila, duermo en las noches. Eso costó
2.5 millones, creo que fue una inversión, aprender procesos administrativos fue para todos nosotros muy valioso,
aprendimos a ordenar, a archivar, a seleccionar, también fue un método del cual todos recibimos mucho.
El pago a Solana, esos recursos sí fueron del presupuesto del Imer.
El Imer tiene recursos fiscales y autogenerados. Esto fue de los autogenerados.
Investigación y medios públicos
La directora del Imer bebe un poco de agua. No hace algún esfuerzo por ocultar su incomodidad ante las
preguntas, por momentos muerde con fuerza su labio inferior y la piel blanca de su cuello se ve enrojecida.
¿Qué resultados y aportaciones prácticas le redituó la investigación sobre medios públicos que contrató el
Imer por un costo de 300 mil pesos?
Usted se refiere concretamente a Beatriz Solís.