Memín Pinguín: un anecdotario
Sixto Valencia
Desilusión
En una ocasión, uno de mis sobrinos realizó su primera comunión y me invitó para que yo fuera su padrino;
él les comentó a sus amigos que yo hacía el
Memín y se entusiasmaron, pero cuando llegué ni siquiera me
pelaron. Mi sobrino me fue a buscar y me dijo que me iba a presentar a sus amigos, cuando me conocieron, todos se
me quedaban viendo y les dije que por qué me veían con desilusión, ellos me dijeron que yo era como cualquiera,
dijeron que esperaban ver a un negrote con camisa a rayas y cachucha, y pues no, yo era normal y vestía normal.
El nombre
Yolanda Vargas tomó el nombre para el
Memín del apodo de su novio. A mí me agradó la idea de que se
llamara Memín Pinguín, porque recordaba a la revista del
Pepín.
Otros de los nombres candidatos para la historieta eran
Los cuatro amigos, Alma de
niño, Los cuatro
compañeros, pero el ganador fue el de
Memín.
Yolanda me pidió un Memín calvo, negro y chaparro, y así se hizo. Memín era una mezcla de la parte
cómica, mientras que los demás personajes son casi serios; los hice así porque lloraban, sufrían y se reían, y si
fueran totalmente cómicos, no se tomaría tan en serio su sufrimiento en la historieta. El maestro es completamente
serio, y la ma'linda es una mezcla de cómico y seriedad también. Todos los demás muchachillos también eran un
prototipo de semicómico.
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Autorretrato de Sixto Valencia, hecho especialmente para etcétera |
El dibujo
Hice siete u ocho diseños del
Memín porque no querían utilizar la misma caricatura que había hecho
con anterioridad Alberto Cabrera. Entonces hice diferentes caras con un copetito en la frente, que cambió mucho
al diseño inicial.
Cuando los vio Yolanda dijo que de todos los diseños sólo uno le gustaba. Era una copia que yo le saqué a
uno de los de Alberto Cabrera. Esto fue antes de que empezara a salir a la venta la historieta. Por cierto, el
Memín se hizo a línea, entonces Yolanda me dijo: "aquí le falta algo, le falta volumen a los muñecos, que se les vea que
tienen cuerpo", entonces les pusimos medio tono.
Así fue como salió y después de cinco números me dijeron que abandonara los otros proyectos que yo
realizaba, y "dedícate ya nada más a hacer el
Memín".
En esa época me dedicaba a hacer
El látigo negro, Biografías
selectas, Cuentitos, Fabulitas, y
El súper charro que salía en la revista
Criollo, el caballo invencible. No hacía todas estas revistas al mismo tiempo, pero sí terminaba
una cosa y seguía inmediatamente con la otra, esto fue en 1961, porque la historieta del
Memín empezó en 1962, con mi dibujo.
Personajes
En una ocasión di una plática sobre el dibujo y dos muchachos se acercaron y me reclamaron que por qué
todos los personajes del Memín se parecían entre sí. Yo no me había dado cuenta y sí, ya revisándolo, todos los
demás muchachillos se parecen. Tienen diferentes peinados y diferente ropa pero todos se parecen.
Entonces tomé en cuenta esos comentarios y empecé a variar los dibujos de los personajes. Doña Canuta,
que era de Monterrey, utilizaba un sombrero vaquero, chaparrita y con pistolas, se identificó porque era una figura
muy específica y muy diferente a los demás muchachos.
De los personajes, salieron muchísimos extras, pero niños casi no, de los que me acuerdo nada más es de
la cieguita que encuentran en Nueva York, de Triponcito, de Nachito que tenía un perro que se llamaba Canica.
Hubo mucha variación de personajes, en una ocasión hicimos posters donde estaba Memín jugando al balero
y en la parte de atrás se veía un arcoiris con todos los personajes que habían participado en la historieta. Me
acuerdo que eran más de 350 y todavía estábamos haciendo el
Memín, es decir, hubo mucho más.
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Memín también dominaba el italiano |
Trotamundos
En una ocasión, José Quintero, el creador de
Buba, me hizo una caricatura para una exposición que hubo,
debido a que vinieron a México el español Carlos Jiménez y el francés Jean "Moebuis" Giraud; les hicieron una
caricatura a todos los que participaban, a Carlos Jiménez, a Jean Giraud, Antonio Cardoso, Rius y yo. Participábamos
con nuestros ejemplares que estaban en exhibición y, a mí, Quintero me puso sobre un carrito de madera, pero
quien lo va conduciendo es Memín; simbólicamente, Memín me ha paseado por toda la República y parte de Europa.
Chiapas
Una vez fui a Chiapas, allá por el Cañón del Sumidero, llegamos en auto a un pueblo donde estaban vestidos
como lacandones, después caminamos mucho, atravesamos un río, una barranca similar a la del Sumidero, fueron
como cuatro horas de camino inaccesible, sin carretera.
Ahí, empecé a hablar con los lacandones. Uno de ellos me preguntó a qué me dedicaba y le contesté que
era dibujante. Me preguntó: ¿qué dibujas? Y le contesté que dibujaba de todo pero que me dedicaba más a hacer
una caricatura de historietas y dijo que quería saber cuál era. Le dije que era un muchachito negrito con cachucha
y camisa a rayas que siempre andaba con una palomilla, entonces exclamó: ¿el
Memín Pinguín? Le dije que sí,
que era el Memín, entonces sacó unos números que tenía guardados de la historieta. Le pregunté que cómo
los conseguía y me explicó que a la gente que traía azúcar y alimentos al poblado, le encargaban también el
Memín. Me platicó que las cosas las transportaban en burro. Eso fue entre 1968 y 1969.
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Ejemplar de Memín editado en Indonesia |
Material de lectura
Una cosa fabulosa en Francia, fue hace dos años cuando hubo una exposición. Yo llegué, me presenté, se
hizo la exposición y al final nos pusimos a repartir autógrafos. Lo que me llamó la atención fue que varios
muchachos llegaron y me pedían, en español, que les dibujara un
Memín, entonces me puse a hacerles los dibujos a
manera de autógrafos y les pregunté que cómo conocieron al
Memín y ellos me respondieron que en su casa tenían
la colección. Me dijeron que no querían perder la práctica con el español, y que utilizaban como repaso al
Memín. Los ejemplares se los enviaban sus familiares desde México.
Recuerdo también que el
Memín se estuvo publicando en Filipinas, en español porque era un refuerzo.
El Ministerio de Educación recomendaba para reforzar el español la lectura del
Memín.
La publicación se realizaba allá, y tenían su numeración independiente a la de aquí, aunque no me acuerdo
hasta qué número llegaron. Allá lo editaban y lo publicaban, lo mismo sucedió en Irán, en Estados Unidos (1985), en
Italia, Indonesia (1986), Colombia (1981), y también en Japón (1985). Aquí en México se hacía la traducción y todo lo
demás lo realizaban en cada uno de esos países donde se iba a vender. Todo esto fue en la década de los 80.
Este anecdotario se elaboró a partir de una entrevista realizada para etcétera por José Antonio Olvera.
Sixto Valencia es dibujante de Memín Pinguín.