Hay una tendencia en la que los reporteros no sólo cuentan historias, sino se vuelven protagonistas.
Bueno eso se da mucho en Argentina...
En México también.
Los argentinos tenemos fama de fanfarrones,
pero hay muchos que son vedetes, que se creen que ellos
son importantes, y bueno hay que tener una dosis de humildad y saber que siempre la noticia es más importante que
los periodistas, excepto casos excepcionales donde, por ejemplo,
Clarín envió un periodista a la guerra del Golfo y éste, Gustavo
Sierra, estaba en el hotel Palestina debajo de los bombarderos
estadounidenses, entonces era importante ver la experiencia, que él
hablara en primera persona, porque lo importante era ver la experiencia
de él. Pero siempre hay que tener en cuenta que la noticia importa más
que nosotros, que es más importante que se conozca el resultado de la
investigación periodística que el nombre del periodista, sobre todo en
los medios audiovisuales donde es muy tentador y hay mucha gente que
asocia la cara del periodista con el periodismo. Hay algunos modelos
que se convierten en periodistas y que en su vida fueron a la esquina
para ver si llueve, son una cara linda que lee lo que produjo otro.
Otro de los vicios de los periodistas es que se asumen como jueces.
Creo que la autocrítica que nos debemos los periodistas en toda América Latina también debe involucrar
este punto. Yo, por ejemplo, hice una investigación sobre el tráfico de armas a Croacia, después se hizo una causa judicial y Menem estuvo preso seis meses por eso, pero yo nunca dije que Menem es un corrupto, un traficante de
armas. Yo lo que señalé son hechos irregulares y comprobables que hablaban por sí mismos, nunca me puse en el papel
de juez; primero porque no me corresponde por ley; segundo, que un juez puede tomar declaración bajo
juramento, allanar la casa de gobierno, tiene acceso a todo tipo de documentos públicos, nosotros
sólo podemos construir
una verdad periodística que es distinta a la verdad judicial que además tiene otros tiempos. Nosotros no tenemos
que pontificar ni ponernos en lugar de jueces o fiscales.
¿Por qué a los periodistas nos cuesta tanto ser autocríticos?
Durante años fuimos muy soberbios porque teníamos el monopolio del periodismo y la única forma que tenía
la sociedad de informarse era a través nuestro. Ya no, ahora tenemos que acercarnos a la autocrítica para
revincularnos con los lectores, porque la Internet, los teléfonos celulares y otras nuevas tecnologías han creado un nuevo
periodismo, que compite con nosotros. Y tenemos que darnos cuenta que si no cambiamos con esta revolución
tecnológica, vamos a quedar aislados.
Recuerdo que en una conferencia en Bogotá, Joaquín Estefanía dijo que un buen periódico es el que influye en
los influyentes. ¿Qué opina de esto?
El contexto de lo que dijo Joaquín era que estaban cayendo los tirajes de los diarios y si uno leía estrictamente
la importancia de un diario por la caída de su tiraje, podría llegar a la conclusión de que no tenía utilidad. Pero
el contexto de su afirmación es que hay que leerlo por la influencia que tienen los diarios sobre las élites
políticas, económicas, culturales y demás, que eso nunca lo van a poder cumplir la televisión, la radio e Internet. En
ese contexto decía eso, los medios tenemos una influencia en la sociedad, que tenemos que ejercer de manera responsable y autocrítica.