Sergio Marelli / Carlos Gabetta
Carlos Gabetta es director de
Le Monde Diplomatique en el Cono Sur. Éstas son sólo algunas estaciones de
su recorrido: director del semanario El
Periodista, de la revista Cuatrosemanas -Barcelona-, corresponsal en
Argentina de Radio France Internationale. Cofundador con Julio Cortázar, Osvaldo Soriano y Osvaldo Bayer, del
periódico Sin Censura -Francia-. Fue colaborador de
El País -España-,
Proceso -México-, Il Manifesto
-Italia- y Newstatesmant
Society -Inglaterra-. Ha publicado numerosos libros, entre otros:
Argentina: cómo matar la cultura,
Qué hacemos con este país y
Periodismo y ética. Con él conversamos largamente sobre el horizonte y los abismos
de ser periodista.
¿Cómo es el país del que dan cuenta hoy los medios argentinos?
Es un país que desde 1976 -año del último golpe militar-, ha visto cómo se produjo un progresivo
deterioro institucional, económico y social. Nosotros fuimos, durante buena parte del siglo XX, uno de los países más
igualitarios de América Latina, hasta llegamos a superar a Estados Unidos y Canadá en algunos índices. Ahora, Argentina es
un país inseguro, donde la gente sale a recoger comida en los sacos de basura; produce todos los años alimentos
para 300 millones de personas, sin embargo, no somos capaces de alimentar, decentemente, a casi la mitad de
nuestra población.
Muchas veces ha denunciado periodísticamente una matriz mafiosa.
Cierto periodismo ha jugado un papel importante en poner al desnudo la realidad del país. Hace una
década, protagonizamos una serie de incidentes -para llamarlos con cierta piedad- que consistían, por ejemplo, en
que siendo Argentina, como miembro del Grupo de Río, mediador en una guerra entre Ecuador y Perú, se descubrió
que estaba vendiendo armas, clandestinamente, a uno de los contendientes. Ese decreto clandestino había sido
firmado por el presidente Menem y, luego, para tapar ese hecho, se hizo volar un polvorín ubicado en el centro de la
ciudad de Río Tercero. Han pasado muchos años, un juez de Río Tercero declaró que esa explosión había sido
intencional, con base en los informes periciales, sin embargo, no se ha encontrado un solo culpable. Ocurren ese tipo de
cosas porque el sistema delincuencial mafioso ha penetrado en todos los estratos de la sociedad.
¿Qué responsabilidad tienen los medios?
Se ha dicho siempre que conforman el cuarto poder. Se sabe que todo poder, aunque sea representativo, vive
la tentación del autoritarismo y la corrupción. Desde que comenzó la globalización, esa función del periodismo
ha cambiado de una manera acelerada y extremadamente preocupante. Hoy el periodismo, globalmente considerado,
ha pasado de ser el cuarto poder a convertirse en una especie de correa de transmisión de los intereses del poder
hacia los ciudadanos.
¿Cómo se ha producido y cómo se manifiesta ese fenómeno?
La primera razón es que hay cuestiones de tipo tecnológico y económico que lleva a la concentración de
medios. Hasta hace no mucho, un gran magnate, Randolph Hearts, era dueño de una cadena de periódicos a lo largo y
ancho de Estados Unidos. Pero, ¿qué poseía?, 40 o 50 diarios. No existía la televisión, claro. Hoy los desarrollos
científicos y tecnológicos han hecho que aparezca la televisión, que es un mecanismo que reúne la palabra, la letra escrita y
la imagen. Antes, el sonido y la imagen viajaban por separado. Ahora mediante la digitalización viajan juntos y a
la velocidad de la luz. Esa es la revolución tecnológica que trajo la televisión.
Con la televisión se agudiza el fenómeno de concentración mediática.
Un solo propietario puede disponer de una o varias cadenas de televisión, emisoras de radio, periódicos,
integrando en una misma sociedad a agencias de publicidad, de sondeo, empresas de mercadotecnia, cinematográficas,
etcétera. Una serie de sectores que antes funcionaban por separado, se han unido y poseen grupos donde están integrados
sus intereses.
Time Warner y CNN son un buen ejemplo de ello.
Exacto. Time Warner, una empresa que básicamente produce entretenimientos, se fusiona con CNN, una
empresa que vende información.
Ese enorme salto tecnológico, ¿tiene su correlato en la función propia de los periodistas?
Con una cámara digital y un teléfono satelital, desde el corazón de la selva amazónica se puede mantener
una videoconferencia con cualquier parte del mundo. Este fenómeno ha cambiado enormemente la relación del
periodista con su trabajo, y del público con la información que recibe. Vivimos la época del tiempo real.
El tiempo real puede ser visto como un avance significativo en las comunicaciones, pero también entraña
un grave riesgo, volver imposible la respuesta a las cinco preguntas básicas que debe responder el periodista:
qué, quién, cuándo, dónde y cómo.
Se reduce el tiempo para investigar y checar la información. La investigación tiende a desaparecer.
En qué cosas nota que se ha degradado, a nivel internacional, el ejercicio del periodismo. ¿Se han
perdido salvaguardas, en tal caso, cuáles?
Claro que se han perdido. En la década del 60, en Estados Unidos, un Presidente se vio obligado a renunciar
por una campaña periodística, el famoso caso Watergate. Pasaron 30 años y no se sabía la fuente informativa, hasta
que el propio "Garganta Profunda" decidió salir a la luz pública. Había caído un Presidente, no un funcionario de tercera categoría o un político que tuvo que bajarse de la lista. En cambio, ahora, un juez condenó a prisión a dos
periodistas -uno del Time, otro de The New York
Times- por contar que durante la guerra de Irak la señora de un
embajador trabajaba para la CIA, y no aceptar los periodistas revelar las fuentes. Hay una diferencia entre "Garganta
Profunda" y las enormes presiones que hay en la actualidad.