etcétera / Antonio Pasquali y José Marques de Melo
¿Qué riesgo hay para la democracia actual cuando las disputas políticas se establecen fuera de los cauces institucionales?
Antonio Pasquali: De que la democracia desaparezca a término, así de sencillo. No es el caso de emitir
notas mesiánicas o apocalípticas, impropias de un racionalista, pero mucha democracia hoy practicada en el
mundo (de México a la misma Inglaterra, de Italia a Estados Unidos, de Venezuela a Israel, Rusia o la España que
fue de Aznar) presenta síntomas tan evidentes de deterioro, abusos de posición dominante, manipulaciones
y desfiguración, que resulta viable y serio desearle a la Democracia con mayúscula si queremos que
sobreviva un proceso de repensamiento, de reinvención o cuando menos de reconducción, por parte de severos
Catones y durante periodos regenerativos suficientemente largos, a sus teoremas y práxis originarios.
Por de pronto, y pese a quien le pesare, fijaría yo como tarea prioritaria que la política sea devuelta a
los profesionales de la política, esto es, a los partidos políticos. No hay salud política fuera de los partidos
políticos; hablo, obviamente, de partidos honestos, radicalmente deslastrados de las viejas corruptelas que casi los
llevan a la defunción, capaces de reintroducir en sus respectivos panoramas nacionales el gran debate de las ideas
sin perder en pragmatismo. La política no es cosa de advenedizos que la aprovechan y desaparecen; los
partidos sobreviven a los cambios de gobiernos y rinden cuentas
ex post.
Un segundo retorno a cauces institucionales me parece imponerse (siempre si queremos que la
Democracia sobreviva): es hora de que echemos del templo de la política, a latigazo limpio, a los mercaderes del
value for money, del costo-beneficio, de la publicidad y mercadeo, de la imagen corporativa, de la manipulación
mediática, así como los grandes financistas y el ejército entero de maquilladores embaucadores truhanes y vendedores
de humo. El trabajo de lobby debe hacerse a la luz del día, con oficinas y placas en la puerta. Una respetada
ley de par condicio debe asegurar a todo político una participación congruente en el uso de los medios. El
magno problema del financiamiento de los partidos debe quedar resuelto de manera a minimizar la nada
inocente intervención de grandes financiadores. Ninguna de estas "vueltas al cauce institucional" es cosa del
otro mundo, son mecanismos ya inventados que sólo necesitan cierta dosis de voluntarismo para aplicarse a esta
o aquella realidad.
José Marques de
Melo: La conciencia democrática no está plenamente sedimentada en América
Latina. Nuestra historia evidencia largos periodos autoritarios, incluso dictatoriales, intercalados por
experiencias democráticas, no siempre estables. Siempre que las disputas políticas se establecen fuera de los
cauces institucionales, aunque respaldadas en artificios legales, correremos el peligro de facilitar el golpismo,
desmoralizando el principio de que las correcciones del sistema democrático solamente tienen sentido dentro de
los dictámenes republicanos.
¿Hay alguna experiencia latinoamericana que alerte a México de las posibles consecuencias de una
disputa que menosprecia a los partidos y a las instancias de representación?
Antonio Pasquali: No soy politólogo, no pudiera trazar un panorama regional del desmadre político
de estos años y de sus principales síntomas. Pero estimo que el empleo sistemático del
videochantaje, con Montesinos y Fujimori en Perú, es uno de los episodios más graves y significativos de aplicación de métodos
gangsteriles a la política. De mi propio país puedo citar dos fenómenos degenerativos importantes: a) en 1992, toda la
TV comercial y gran parte de los medios impresos dedicaron grandes esfuerzos a demoler esa máxima
institución democrática que es el Congreso; los congresistas fueron retratados durante meses durmiendo, comiendo sandwiches, rascándose, limpiándose la nariz con el dedo, hablando indecencias. Esos medios apadrinaron
así la posterior aparición del fenómeno Chávez, un coronel golpista que llegó electoralmente al
poder instrumentalizando aquel discurso contra la "democracia corrupta" y que es ahora, irónicamente, el
enemigo número uno de esos mismos medios, y b) hace pocas semanas, la TV pública (que de "pública" ya no
tiene absolutamente nada, por haberla convertido el chavismo en obsesivo instrumento de propaganda del
régimen), ha comenzado a difundir conversaciones telefónicas entre opositores del régimen obviamente grabadas por
el espionaje político del gobierno, lo que implica un doble delito, contra la privacidad y por indecente bajeza.
El peligro inherente a estos procesos degenerativos es el mismo de siempre: que las mayorías
terminen asqueadas de democracia y acepten un dictador que les proporcione seguridad, decencia, orden y
progreso. En la región hay por supuesto países más refractarios que otros a las sirenas antidemocráticas; pero
conviene a todos detener y cauterizar ciertos procesos degenerativos y ciertas aberraciones libertarias.
José Marques de
Melo: Brasil tiene un ejemplo paradigmático que puede ser útil a México y otros
países latinoamericanos. Se trata del fenómeno Collor, el joven Presidente de la República que fue consagrado por
el voto popular, sin obtener mayoría parlamentaria suficiente para gobernar. Su actitud de desprecio por
la negociación con los partidos y su estrategia de ignorar las instancias de representación, intentando
movilizar las masas desorganizadas a través de la propaganda oficialista, significó la pérdida del poder por decisión de amplia mayoría parlamentaria a través del
impeachment.
¿La fragilidad de las instituciones conlleva el riesgo de que la mediocracia o la videocracia afiancen un
poder ad latere a esas instituciones?
Antonio Pasquali: ¡Sí, obviamente! Pero introduciría primero una distinción entre medios. A falta de
"BBC" latinoamericanas, de buenos patrones de seriedad y credibilidad en comunicaciones, la prensa sigue siendo
el medio más decoroso de la región, al que habría que ayudar por todos los medios a incrementar su
pluralismo y coberturas. Ella nació en la noble cuna de los periodos independentistas y aunque su régimen de
propiedad (a menudo familiar) no se ha modernizado casi, en ella se respetan, generalmente hablando, ciertos
estándares cualitativos y hasta una respetable tradición
(El Comercio de Lima, por ejemplo, debe rondar sus 170 años
de ininterrumpida vida, una longevidad casi de récord mundial). Radio y TV nacieron en cunas comerciales.
La radio, ahora fragmentada y atomizada en exceso, debe considerarse, con excepciones, un medio de los que
hoy llamamos "de proximidad". Veo pues difícil hablar indiscriminadamente de "mediocracia", pero no
tengo reparos en reconocer que la TV sí se ha convertido, en Latinoamérica, en una verdadera y aberrante
videocracia. Lo logró desde una solidísima base económica, pervirtiendo el mercado publicitario y acaparando
porcentajes desmesurados del mismo (según las últimas estadísticas que recuerdo, de los diez países del mundo
que invierten más dinero publicitario en TV, ocho son latinoamericanos; en Venezuela la TV comercial sigue
acaparando, aunque parezca increible, cerca de 70% de la publicidad). Distinguiría luego, en sus
apetencias políticas, dos etapas. Primera, recién concluida, del férreo "apoyo mutuo" entre ella y los partidos de
gobierno, del que fue modelo universal y perfectísimo, en occidente, el binomio Televisa/PRI (recuerdo la
cuantificación documentada de ese eje expuesta hace años por Raúl Trejo Delarbre, ¡escalofriante!), un apoyo
mutuo reproducido y normalizado por los Mariño, los Cisneros y otros en el sur durante decenios. La segunda
etapa, que llamaria "berlusconiana" se estrenó en Brasil con el efímero episodio
O Globo/Collor de Mello y siguió en Venezuela con el intento de los Cisneros y el resto de la TV comercial de capitalizar
pro domo sua el antichavismo de la población para desplazar a Chávez e instalarse en el poder por persona interpuesta. Creo pues que
nuestra desproporcionada e hipertrofiada TV comercial ha sido hasta los años 90 del pasado siglo un gran poder
ad latere, pero que en los actuales momentos ella intenta delirantemente, aquí y allá, pasar a la etapa
superior, de ser ella misma el poder.
José Marques de Melo: La mediocracia o la videocracia suelen ser ilusiones políticas para dirigentes políticos que no tienen respaldo institucional. Ningún ocupante de funciones públicas en el mundo de hoy puede ignorar los medios y su papel de difusión simbólica. Ellos ayudan a convencer las masas desorganizadas políticamente, en nuestro panorama de fragilidad de los partidos, pero no tienen capacidad suficiente de respaldo persuasivo cuando los dirigentes pierden la legitimidad. Los medios funcionan cuando están sintonizados con las demandas populares. Son importantes para promover candidatos cuyos mensajes se ajustan a esas demandas. Pero no suelen ser eficaces cuando los actos de los dirigentes gubernamentales se distancian de los anhelos de la población.