Sociólogos, antropólogos y etnólogos conocieron en la década de los 50 un vocablo introducido por
la etnometodología: la reflexividad, que hace más concreto el concepto genérico de la objetividad. Es la conciencia
del investigador periodista o científico social sobre la persona y los condicionamientos sociales y políticos que
afectan su conocimiento.33 Esa conciencia es la que Kapuscinski encuentra en la base de los dos rasgos fundamentales
del buen reportero: la humildad, que es conocimiento de sí, y la empatía, que es la apertura al otro en condiciones
de igualdad. Estas actitudes, cuando acompañan al periodista en el momento de transcribir la entrevista y de redactar
el texto final, le imponen el rigor necesario para producir una versión fiel al pensamiento del entrevistado.
Contra la opinión común que reduce la fidelidad del periodista con su fuente a la desgrabación mecánica y
literal del material registrado en una cinta, Bourdieu deja a un lado el concepto de transcripción y adopta, con los
científicos sociales, la idea de traducción, e incluso de interpretación, actividades que no serían posibles si previamente
no existieran esas actitudes que hasta aquí hemos descrito. Noten y anoten que la desgrabación literal es apenas un borrador incompleto de una entrevista.
Anota George Steiner que el ser humano se entrega a un acto de traducción en el sentido cabal de la palabra,
cada vez que recibe de otro un mensaje hablado, porque, explica "dentro o entre las lenguas la comunicación humana
es una traducción".34 En el caso de una entrevista periodística la objetividad sale mal librada si no se hace esa traducción, teniendo en cuenta que "la puesta por escrito más literal es ya una verdadera traducción e incluso una
interpretación". El texto de una desgrabación, lo mismo que el de cualquier traducción, está sometido a dos coacciones que introducen alteraciones: la fidelidad a todo lo dicho en la entrevista, y la legibilidad, o sea la relación con los posibles destinatarios. Téngase en cuenta que, además, en la desgrabación se pierden la voz, la pronunciación, la entonación, los gestos, la mímica, la postura corporal, los tropiezos, las reiteraciones, las frases interrumpidas y prolongadas por gestos, miradas, suspiros, exclamaciones.35
Y durante todo este cuidadoso proceso habrá aun otro riesgo para la objetividad: el del punto de vista del periodista, dispuesto en todo momento a manifestarse en el texto a través de un título, o subtítulo, o de una frase destacada, o de una señal de puntuación, de una omisión o de un énfasis. Como lo admitía honestamente el periodista de Clarín, antes citado, Jorge Halperin: "Siempre soy yo el que da mi versión de lo que la persona dijo. La entrevista es siempre una construcción mía sobre la base de lo conversado".
Todo el que haya hecho entrevistas tendrá que admitir que para ser objetivo no ayuda desgrabar. Es necesaria toda una actitud interior. Algo parecido, pero con dificultades mayores ocurre con el relato.
El relato
Se lee en la Odisea que cuando Ulises arribó a la corte de los feacios, fue orden del Rey que un aedo
cantara después del banquete de bienvenida. El bardo tomó entonces un episodio de la vida del propio Ulises: su riña
con Aquiles. No más oír el relato, Ulises, que nunca había llorado, se cubrió con las manos el rostro, estremecido por
los sollozos; algo que no le había sucedido ni siquiera cuando ocurrieron los hechos reconstruidos en el canto del
aedo. Hannah Arendt, de quien he tomado la cita de Homero, anota que "Ulises sólo al escuchar la historia llegó a
ser plenamente consciente de su significado".
Al comienzo les hacía notar que para contar realidades necesitamos la metáfora que es como el relámpago que durante una fracción de segundo revela lo que estaba en sombras; es el puente entre lo visible de los hechos y lo invisible de su esencia. Un relato es una gran metáfora de los hechos que fueron y desaparecieron sin dejar más huella que las cenizas de la memoria, pero que revelan su esencia y perduran hasta alcanzar una especie de inmortalidad, cuando alguien los reconstruye. Anota Homero que la musa Mnemosine le otorgó a los aedos un mal y una gracia: los privó de la vista y les dio una hermosa
voz.36
Cuando el periodista escribe su relato es un ciego que da cuenta de hechos que no está viendo, que sucedieron
y desaparecieron; pero cuenta con la hermosa voz para reconstruirlos y revelar su sentido. Es un desafío diario
de abrumadoras proporciones que pone a prueba cualquier idea que se tenga sobre la objetividad. Lo admite Kapuscinski: "Todo lo que escribimos es siempre una aproximación. El ideal que nunca se puede alcanzar, ni siquiera se puede definir. Nunca sentiremos que aquello que escribimos fue exactamente lo que queríamos decir. Siempre habrá un margen de decepción. Uno entiende muy bien que lo que escribe no es exactamente lo que pensaba expresar".37
Los antropólogos, cuando examinan sus relatos o descripciones tienen dos clases de explicaciones:
"reproducen y equivalen a la realidad", dicen los apegados a la teoría de la correspondencia, aunque su teoría se viene abajo cuando aparecen los sesgos del investigador; más realistas, los que echan mano de la teoría interpretativa admiten
que los relatos no son espejos pasivos del mundo exterior sino interpretaciones activamente construidas sobre
él".38
Sin embargo esos relatos, como esos troncos salvadores a los que se aferran los náufragos, impiden que los hechos de los hombres transcurran sin significación y sin la inmortalidad de la memoria. El relato es un leño que flota, precario y sin gracia, pero salva de los abismos del olvido y de la insignificancia. No es objetivo, pero sí es honesto, cumple esa doble tarea, por donde uno llega a concluir que lo importante no es ser objetivo sino ser honesto.
Los escritores y artistas creen inevitable el abismo entre la realidad y su representación. En su Testamento, Augusto Rodin, el célebre escultor francés, invita a todos los artistas a ser "ferozmente verídicos". Explica que
verdad y exactitud no son lo mismo, y buscar la verdad en el arte o en la literatura no es calcar la realidad. "Hay
una deleznable exactitud: la de la fotografía y la del calco. El arte sólo comienza con la verdad interior", agrega.
Profundiza aún más en el concepto cuando al examinar esculturas, repasa los bordados, los encajes, las trenzas de cabellos
y concluye: "Puede que sean exactos, pero no verídicos puesto que no se dirigen al alma".
En un párrafo anterior recordaba a Sebastiao Salgado cuyas fotografías en su proyecto
Génesis no sólo reproducen con exactitud los paisajes, animales o personas; además tienen ese agregado que les ha dado la inmersión del fotógrafo en su tema, la entrega total a los sujetos de su arte; es lo que Rodin llama mensaje para el alma. El relato, salva y salta el abismo entre representación y realidad cuando tiene ese agregado. Tomo de nuevo palabras de
Rodin: "La gran cuestión es ser capaz de emoción, de amar, de esperar, de vibrar, de vivir. Ser hombre antes que ser
artista". Aunque obvio debo agregarlo: ser hombre antes que ser periodista. Que es el deseo íntimo expresado por
Kapuscinski en este texto poético: Hallar la palabra certera/ en plenitud de sus fuerzas,/ tranquila/ que no caiga en la histeria/ que no tenga fiebre/ ni una depresión,/ digna de confianza/ hallar la palabra pura/ hallar palabras alas/ que
permitiesen un milímetro siquiera/ elevarse por encima de todo
esto.
Conclusión
Me viene a la memoria uno de mis relatos preferidos. Lo leí en el discurso con que Toni Morrison recibió
el premio Nobel de Literatura. Contó allí que a la casa de una anciana ciega, afamada por su sabiduría y
clarividencia, llegaron unos jóvenes que no creían en sus poderes y pretendían hacer burla de ella. La rodearon y le dijeron:
tenemos con nosotros un pájaro. Dinos, está vivo o muerto.
Ella permaneció en silencio. Pero dinos, insistieron, está vivo o muerto. Es algo sencillo de responder.
Ella se mantuvo en silencio detrás de sus ojos muertos. Con un tono de burla y apenas si conteniendo la risa,
los jóvenes reiteraron: dinos, vieja, está vivo o muerto. Y ella, sin levantar la voz ni alterar la serenidad de su rostro,
les dijo: si está vivo o muerto, no lo sé. Sólo sé que está en sus manos.
No es tan importante saber si la noticia es objetiva o no lo es. Pero sí es definitivo ser conscientes de que está
en nuestras manos
1 Ryszard Kapuscinski, El mundo de hoy, Anagrama, Barcelona, 2004, p. 33-34.
2 Gilberto Meza, en La Jornada, México, reproducido por Magazín de El Espectador, Bogotá, 03/I/88.
3 Ryszard Kapuscinski, Los cinco sentidos del periodista, FNPI y FCE, México, 2004. p. 24.
4 Kapusciski, ut supra, p. 15.
5 Ryszard Kapuscinski, en Claves de Razón Práctica, núm. 92, texto reproducido en Manuel Leguineche
y Gervasio Sánchez, Los ojos de la guerra, Plaza y Janés, Barcelona, 2002, p. 319.
6 Kapuscinski, Los cinco sentidos..., p. 29.
7 Kapuscinski, ut supra, p. 28.
8 Kapuscinski, ut supra, p. 31.
9 Leguineche, op. cit., p. 327.
10 Magdalena Lebecka, Kresy, núm. 12.
11 Slak, núm. 12, 1997.
12 Hannah Arendt,
La vida del espíritu, Paidós, Barcelona, 2002, pp. 146 y 147.
13 Henri Bergson, Introducción a la metafísica, Siglo 20, Buenos Aires, 1979, p. 59.
14 Arendt, op. cit., pp. 126 y 127.
15 Cf. Arendt, op. cit., pp. 126 y 127.
16 Pierre Bourdieu, Sobre la TV, Anagrama, Barcelona, 1977, p. 133.
17 Giovanni Sartori, Homo Videns, Taurus, Madrid, 1998, p. 51.
18 Kapuscinski, Los cinco sentidos..., p. 51.
19 Kapuscinski, "Lapidariuam 1996", citado en El mundo de hoy, ut supra, p. 39.
20 Kapuscinski a Magdalena Lebeka en 1994, El mundo de hoy, pp. 40 y 41.
21 Bonislav Malinowski, citado por Rosana Guber, La etnografía, Norma, Bogotá, 2001, pp. 30 y 31.
22 En Leguineche, op. cit., p. 326.
23 Cf. Antonio Ungar, "La génesis de Sebastiao Salgado", en Arcadia, 6/III/06, pp. 20 y 21
24 Guber, op. cit., p. 34.
25 Pierre Bourdieu, "Comprender", en La miseria del mundo, FCE, México, 2002, p. 529.
26 En conversación con Astrid Pikielnoy, Peridismo, asedio al oficio, El Ateneo, Buenos Aires, 1998, pp. 40 y 41.
27 Guber, op. cit., p. 33.
28 Bourdieu, op. cit., p. 533.
29 Cf. Guber, op. cit., p. 54.
30 Kapuscinski, El mundo de hoy, p. 79.
31 Ibidem, p. 44.
32 Bourdieu, op. cit., pp. 527 y 528.
33 Cf. Guber, op. cit., p. 48.
34 George Steiner, Después de Babel, FCE, México, 2001, pp. 68 y 69.
35 Cf. Bourdieu, op. cit., p. 540.
36 Arendt, op. cit., p. 154.
37 Kapuscinski, Los cinco sentidos..., p. 48.
38 Guber, op. cit., pp. 43 y 44.