Aun si las palabras pudieran transmitir toda la realidad, todavía estaría en duda la objetividad porque un hecho conocido en todos sus detalles, mostrado minuciosamente por las cámaras de televisión está percibido a medias si no es entendido. La objetividad de una información deja que desear si a la vez que se muestran los hechos no se los entiende. Bourdieu lamentaba que el periodista estuviera condenado "a ofrecer una representación del mundo en la que predominan la instantaneidad y la discontinuidad" en vez de "esforzarse para procurar que los acontecimientos se vuelvan realmente
inteligibles".16 Ese esfuerzo para explicar y hacer entender no es solamente una exigencia
del deber de hacer comunicable la información, es, ante todo, un imperativo de la objetividad. No se apropia uno de
la realidad objetiva con los materiales que dan los sentidos; se necesitan los del entendimiento, por eso debe ser
entendida. De ahí la denuncia de Sartori: "El acto de ver está atrofiando la capacidad de
entender".17
La ardua objetividad de la entrevista
Estas observaciones de los filósofos, que se convierten en argumentos para descartar las ideas simplistas sobre
la objetividad, se confirman desde la experiencia periodística de Kapuscinski, como se aprecia en el caso concreto de
la entrevista. Convertida en una herramienta sobreusada en el ejercicio periodístico, se ha llegado a crear la idea de
que sin entrevista no hay noticia. Las redacciones de los medios, al comienzo de una jornada de trabajo, bullen de
actividad en busca de entrevistas y cuando la noticia se publica o emite, todo parece girar alrededor de la entrevista.
Kapuscinski provoca una reacción de perplejidad cuando afirma: "Nunca en mi vida he entrevistado a alguien. No sé cómo se hace una entrevista".18 En el primer Lapidarium explica: "Nunca grabo nada en cinta
magnetofónica. No soy partidario de este tipo de técnicas porque la experiencia me ha enseñado que puestas ante el micrófono,
las personas hablan de otra manera, y también de otra manera construyen su pensamiento. Pierden su originalidad y
la naturalidad de su lengua, que se vuelve formal, artificial y forzada. Al pretender llegar a las capas más profundas
de la sique de una persona, a aquello que hubiera querido decir, he tenido que renunciar a la grabadora de una vez
para siempre".19 Observen en esta explicación el cuidado para no alterar el hecho; la entrevista como la conocemos, altera el objetivo y se supone que el periodista para ser objetivo debe entregar los hechos como son, sin alteraciones.
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Foto: Marija Gencic |
Ryszard procede enseguida a explicar la técnica con que reemplaza el instrumento defectuoso de la entrevista: "Para llegar a la gente intento crear situaciones en las que mi presencia no se nota y mis interlocutores se muestran lo más naturales posible. La información me llega no sólo de las palabras que me dirige una persona, sino también de todo el paisaje que la envuelve, de la atmósfera, del comportamiento de la gente, de mil detalles, todo lo que me rodea dice cosas. La realidad tiene su propio lenguaje.
"[] Creo que con cierta experiencia a nuestras espaldas, somos capaces de idear métodos alternativos de la percepción del mundo, no necesariamente idiomáticos."20
Esta preocupación obsesiva por no alterar la realidad de los interlocutores, ni siquiera con la propia presencia, coincide con la finura investigativa de los científicos sociales que comparten con los periodistas el problema de la objetividad. En Los argonautas del Pacífico occidental, un viejo texto escrito en 1922, Bonislav Malinowski explica que para conocer una sociedad:
a) Se necesitan documentos, estadísticas, genealogías, censos que permiten reconstruir el contexto.
b) Se debe estar cerca de la gente para observar y registrar historias e imponderables de su cultura.
c) Se ha de hablar su lengua, estudiar su mentalidad, su estructura social, para comprender su punto de vista.21
Parecen excesivas, pero son las condiciones necesarias para recoger el lenguaje de la realidad, de que hablaba Kapuscinski. Cuando García Márquez rechazaba el uso compulsivo de la grabadora, lo hacía en nombre de la necesaria interactividad, entrevistador-entrevistado; pero hay más y mayores razones para prescindir de ella o limitar su uso, en nombre de la objetividad. La realidad, sobre todo si es la realidad del otro, que se pretende captar en la entrevista, es fantasmal y escurridiza. Kapuscinski encuentra, en el vasto depósito de su experiencia, esta forma de capturarla: "El mejor camino para conocer algo, pasa por la amistad. Existe una conexión entre nuestro destino personal y la presencia de miles de personas", afirmaba en un ensayo escrito para Letra Internacional.22
Antes que una técnica, el acercamiento al otro en una entrevista, es una actitud. El entrevistado no habla para un periodista, habla con él. Recientemente el gran fotógrafo brasileño, Sebastiao Salgado presentó su proyecto Génesis con imágenes de un mundo incontaminado, como debió serlo el primer día de la creación. Las impactantes fotografías se obtuvieron, explicó, como producto del contacto personal con los fotografiados y al cabo de una relación previa a la foto. Convivió con animales salvajes y sólo utilizó su cámara cuando ya no lo notaban o lo veían como uno de ellos. Lo mismo sucedió con las indígenas del Alto Xingú, sólo cuando estuvo identificado con ellos y lo veían como otro indio y, lo más importante, cuando su mirada se había hecho tan inocente como la de ellos, hizo las fotografías.23 Que es lo que se propone el antropólogo con la experiencia totalizadora de "la estancia prolongada y la interacción directa cara a cara con los miembros de una
cultura".24
Es, como se ve, una metodología técnica, atravesada por una actitud que describe Bourdieu al mostrar, desde
el punto de vista del científico, la técnica de la entrevista como "disponibilidad total con respecto a la persona
interrogada, sometimiento a la singularidad de su historia particular".25 Esa disponibilidad y sometimiento, para que la propia presencia no perturbe y sea posible la revelación del otro, son actitudes que no son desconocidas para el
periodista experto. Jorge Holperin, un periodista argentino, famoso por sus reportajes dominicales en Clarín, de Buenos Aires, admitía ante su entrevistadora Astrid Pikielnoy: "Me gusta escuchar. La escucha es importantísima. Es algo
más complejo que dejar simplemente hablar al otro. Es una escucha llena de actividad que se parece al silencio, pero
que no lo es".26
La radicalidad de esta actitud, sentida como ideal por los buenos reporteros, también la viven los antropólogos para quienes es motivo de búsqueda una técnica para "borrar los efectos del investigador en los datos"; para lograrlo optan por la estandarización de los procedimientos, o por la experiencia directa del mundo social.27
Al final de su trabajo de inmersión en el mundo del otro, los científicos sociales tienen que admitir, lo mismo que el periodista, que "la entrevista puede considerarse como una forma de ejercicio espiritual que apunta a obtener, mediante el olvido de sí mismo, una verdadera conversión de la mirada".28 Los antropólogos en vez del término conversión utilizan la palabra resocializacion del investigador, lo que equivale en el lenguaje de los nativos africanos a crecimiento personal, paso de menor a la condición de adulto.29
A esto se llega cuando se aplica otra norma aprendida por Kapuscinski en el curso de sus innumerables contactos humanos: la interactividad, que destruye esa posición del reportero que exige respuestas de la fuente que responde. En la interactividad los dos actúan, ambos aportan, uno y otro intercambian dentro del mismo nivel, lejos de la verticalidad arrogante de la relación interrogador-interrogado.
"Para mí la primordial fuente de información aparece cuando uno se sabe rodeado de personas que lo tratan como a uno más, cuando todos somos iguales", afirma Ryszard en una entrevista publicada en Estocolmo en 1997.30 En la misma entrevista reflexiona: "Hay periodistas, soy uno de ellos, que viajan e intentan vivir de la misma manera que las personas que luego descubre. Otros colegas parten de viaje como si fueran en misión diplomática, se alojan en el Sheraton, se aíslan de la realidad. Si uno quiere conocer áfrica tiene que comer y beber lo mismo que comen y beben los africanos. Los buenos reporteros son personas modestas, ser reportero significa antes que nada respetar a otro ser humano con su propia privacidad, personalidad y escala de valores. Humildad y empatía son los rasgos fundamentales para ejercer este oficio", le confió a a Krzysztof Mackowski en 1998.31 Esta búsqueda del nivel del otro ocupa también a los sociólogos para quienes "el efecto de imposición a partir de las preguntas" altera los resultados de una entrevista. Observa Bourdieu que "el interrogatorio científico excluye cualquier forma de violencia simbólica, capaz de afectar la respuesta, [] no hay manera más real y realista de explorar la relación de comunicación que comparar con los problemas que pone de relieve la interacción entre el investigador y el investigado.32