Gobierno y Proceso, arbitrariedades
Ni el gobierno federal es tan respetuoso como se dice de la libertad de prensa, ni la revista
Proceso es la quintaesencia del periodismo mexicano que, "sin concesiones", remueve cada semana las estructuras del poder. Más allá de
esos desplantes se encuentra una relación arbitraria que sólo alienta el encono y que en nada ayuda a mejorar el
ambiente público del país.
En varias ocasiones aquí hemos criticado la falta de solidez ética y aun profesional de varios de los reportajes
de Proceso, la revista más influyente del país. Incluso, para intercambiar opiniones sobre esas aseveraciones
nuestras hemos invitado al director del semanario. Pero un asunto es ése, relacionado con el carácter especializado de
la revista etcétera, y otro es que el Presidente se enoje, como ocurrió cuando la edición del 31 de julio de
Proceso, y exija a su equipo más cercano que la revista no tenga publicidad; ni una sola plana. Ni una, fue la instrucción
al vocero.
Al Ejecutivo no le es ajeno que la asignación de la publicidad puede funcionar como mecanismo para
promover su imagen y también puede ser forma de presión para atenuar las críticas que recibe. Por eso ha actuado en uno y
en otro sentido en su relación con los medios; la actual normatividad se lo permite. Y los directivos de
Proceso lo saben, más aún, resienten en su facturación esa decisión que hasta ahora, y eso es extraño en la revista, no
han denunciado. El semanario ha respondido al enojo del Presidente con otro enojo, pero sin grandes
revelaciones periodísticas.
Tan cerca, tan lejos
El año pasado
Proceso y la división editorial de Televisa fueron los medios impresos que más recursos
obtuvieron por la vía de la publicidad: 11 millones 97 mil pesos y 11 millones 878 mil pesos, respectivamente. O sea, en
2004 los ingresos de Proceso representaron 8.05% del gasto total destinado a revistas por parte del gobierno federal de
un total de 241 publicaciones. Por una decisión arbitraria del gobierno, cada semana
Proceso publicó un promedio de 6.5 planas de la administración pública federal (26 planas al mes).
En 2005 no ha sucedido así; la arbitrariedad cambió de rumbo. Una revisión de las 35 ediciones de
Proceso publicadas hasta el 28 de agosto comprueba que la administración federal decidió no dar publicidad a esa revista,
en una suerte de castigo por su línea editorial (que, insistimos, en nuestra opinión ni es tan irreverente ni tan crítica
ni tan sólida). Pero lo importante ahora es señalar que para nosotros es tan criticable aquella arbitrariedad que
benefició a Proceso el año anterior, como ésta que lo ha relegado de sus pautas publicitarias. (El promedio semanal de
anuncios del gobierno federal es de 1.9 planas.)
Hoyos negros
La ausencia de lineamientos claros en la certificación de publicaciones por parte de Gobernación, ha sido
terreno fértil tanto para que continúe distribuyéndose la publicidad de manera discrecional, como premio o castigo; o
bien para que publicaciones prácticamente inexistentes lucren con el erario (ver esta edición, pág. 58).
Es necesario una revisión a fondo de dichos lineamientos, pues al ser una razón de Estado, la asignación
de publicidad debe tener pisos mínimos, recursos específicos para cada medio, que la alejen de criterios coyunturales.
etcétera