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María Rojo  Se investigará hasta las últimas consecuencias


 ¿Y usted de qué formol usa, señora?

 María Rojo


Chinito cejita de Fridakahlo:

Desde que se te ocurrió dejarnos aquel 23 de abril de 1985, han sucedido tantas cosas en este país, de las cuales ya ni te dio tiempo de enterarte. Lástima que al igual que lo deseaba Buñuel para sí, tampoco a ti te sea dado volver de vez en cuando a echarle una ojeada a los periódicos.

Para empezar, en septiembre de ese mismo año, por poquito te toca, retembló en sus centros la tierra, con consecuencias tremendas para nuestra ciudad. Destrucción y muerte, agravadas en gran medida ­ya sabes, para qué te cuento­ por los altos índices de corrupción. Y una sociedad civil que rescató la credibilidad de la palabra solidaridad, ante la mirada impotente de un gobierno que poco o nada hizo ante el desastre, excepto prometer que todas las afrentas e infamias serían indagadas hasta las últimas consecuencias.

Más adelante, en las elecciones presidenciales de 1988 se le "cayó el sistema" al mismísimo secretario de Gobernación ­se calló el sistema, dicen los malpensados de siempre­ pero no te preocupes, a él no le pasó nada, goza de buena salud. A quien sí le dieron en la meritita mother con semejante fraude fue al país, al que se le impuso como presidente a un imitador de Jesusa Rodríguez, de cuyo nombre no quiero acordarme, y que no sabes en la que nos metió (subrayo la palabra en, para que no te vayas a confundir y creas que es albur).

Pero prosigo con mi crónica: el primero de enero de 1997, iniciando el último año de (des)gobierno del susodicho, híjoles Juan, ahí sí nos la sacamos: que se nos aparece en Chiapas el Sup, guerrillero cibernético del primer mundo, al frente de una rebelión indígena que aún no concluye, que sacudió al país de su letargo, y que ha cambiado a México para siempre.

A los pocos meses mataron a un candidote del PRI llamado Luis Donaldo ­me cae­ pero tampoco de esto te preocupes, porque de inmediato se nos prometió lo que tú ya sabes: que se llegaría hasta las últimas consecuencias en la investigación para encontrar a los culpables. Poco antes también se echaron a un cardenal, pero no vayas a malinterpretarme, porque ahora también está de moda que los cardenales, o al menos los obispos, se echen a los niños. Dícese que el santo varón estaba metido en asuntos de narcotráfico; tal vez pronto lo sabremos, pues también aquí están llegando hasta las últimas consecuencias.

Para no hacerte el cuento largo, después de tanto desmadre y tras otro asesinato más de prominente político priista ­puro ajuste de cuentas, como en las mejores familias­ llegó a la Presidencia del país, en calidad de pitcher emergente, y rayando el caballo, el doctor Zedillo (que no Dedillo, como decían los solitos malosos) quien, no obstante haber cometido algunos tremebundos errores en diciembre, pasó a la posteridad tanto por sus chistes sangrones, como también por su noble acción de salvamento de nuestros creativos y caritativos banqueros, a quienes el pueblo mexicano, generoso hasta la ignominia, aceptó rescatar de un desastre seguro, mediante la hipoteca de su modesto patrimonio, por no decir de su futuro; pero una vez más, no te preocupes, sólo estamos hablando de las tres próximas generaciones de mexicanos. Pa' que me entiendas: eso quiere decir que hasta Fabiana, tu futura nieta, tendrá que entrarle con su cuerno. (Minucia aclaratoria: coadyuvaron a la aprobación del rescate bancario infinidad de honorables diputados, incluyendo a uno que a la mera hora de la votación ­al fin que en ese momento sólo era el Presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara­ no se aguantó las ganas, y se salió a hacer pipí.)

Por si lo anterior fuera poco, se dieron en el mismo sexenio de don Neto el de la neta, una serie de atroces matanzas de indígenas y campesinos, primordialmente en Chiapas y en Guerrero. Se están investigando hasta las últimas inconsecuencias.

¡Ah, pero ya se me estaba olvidando! Este compatriota, producto de la cultura del propio esfuerzo ­¡ya sabes, aquello de que empezó de bolerito, etcétera­ sí se aventó un numerito sin precedente en nuestro Mexicalpán de las Tunas: mandó al bote ni más ni menos que al mero hermano incómodo, finísima persona como podrás imaginarte,
de su predecesor en el trono de Los Pinoles.

Frente a tan halagüeño panorama, despedimos el siglo, el milenio, y de paso al Partido Revolucionario Institucional. Esto se logró mediante la desinteresada y generosa aportación de fondos ­de dudoso origen por cierto, presumiblemente extranjero­ al llamado candidato del cambio, mismos que a la postre parecen haber resultado más caudalosos, o en todo caso más efectivos, que los brindados a la campaña priista por nuestra paraestatal Pemex, vía sindicato. También todo esto se está investigando hasta las últimas consecuencias.

Nuevamente, Juanín, Juandé, Juan de Dios, Juana la Loca, bien sé que desde el pirul a cuya sombra reposas, en tu aquí y en tu ahora, con tu gabardina de Humphrey Bogart, tu inseparable caracol y demás adminículos de conchero "de la onda", frente a la casita de Apam desde donde se divisa la majestuosa hacienda de Chimalpa, allá con tus cuates los ah pa' mensos, oyendo todo esto te preguntarás: "¿y ora a cuál le entraste, María, si tú no fumabas?". Pero te quise poner en antecedentes, para que no te vayas con la finta, puesto que toda la eternidad te quedará corta para esperar el resultado de "se investigará hasta las últimas consecuencias".

Rojo amanecer (o "a lo que te truje, Chencha")

El caso es que hace unos días fui invitada a dar una plática en una de las nuevas preparatorias de acá por los rumbos de Coyoacán, con motivo de la exhibición de Rojo amanecer, película que se filmó poco más de 20 años después de lo que tú y yo vivimos el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas. Se produjo con los ahorros de nuestro cuate Héctor Bonilla, guión de Xavier Robles y bajo la atinada dirección de Jorge Fons; uno de sus grandes méritos fue que toda la acción transcurre dentro de un departamento del edificio Chihuahua, desde la mañana del propio día 2, hasta la madrugada del 3 de octubre. Se relata la historia de una familia de clase media, y de cómo se ve involucrada en los lamentables hechos de esa fecha. La película fue todo un éxito de taquilla y, sobre todo, recuperó al público mexicano para el cine nacional. Cierto, una película por sí sola no hace la revolución, pero con frecuencia concientiza más que cientos de discursos huecos y acartonados de políticos oportunistas. Para ejemplo quedan La historia oficial, el Potemkin con su magistral secuencia de la escalinata de Odesa, Z, o la invaluable Batalla de Argel, que fue película de culto de toda una generación, por nombrar más que unas cuantas.

Más allá de sus méritos artísticos, lo relevante es que fue la primera película de ficción que se hizo acerca de ese tema, hasta entonces condenado al silencio oficial. Asistí a la charla con mucho gusto, porque creo en la necesidad de mantener viva la memoria de lo sucedido en las nuevas generaciones, que sólo de oídas saben de esos hechos.

Comencé a platicarles, pensando que para ellos, más interesante que hablar de la película, sería el relato testimonial de los hechos mismos: que estábamos en la segunda fila del mitin, que cuando comenzó la balacera, tú con tu ingenuidad característica ­como cuando esperamos allá en Xalapa la llegada de los marcianos en una banca del Parque de los Berros, hasta la madrugada­ dijiste: "no te preocupes, mamita, que son balas de salva", y al soldado raso, que por cierto nos salvó la vida, le señalaste que la señora que estaba a tu lado cargaba una niña de brazos. Que nos quedamos en el cubo de la escalera del edificio Chihuahua mientras pasaba la balacera, que por ahí de las once de la noche nos sacaron con los brazos en alto, y que a ti te subieron al tercer piso del mismo edificio, golpeándote escalón por escalón, los integrantes del famoso Batallón Olimpia; que te confundieron con uno de los líderes porque traías barba, mientras yo gritaba que tú eras actor y que esa era tu caracterización de la obra que presentaríamos en la Olimpiada Cultural. En eso estaba cuando me cae el veinte de que estos escuinclitos condenados, que no llegan ni a los diecisiete años ­para colmo inquietos, inteligentes y demandantes­ cuyos padres andarían por los cuatro años de edad cuando el 68, me están mirando sorprendidos, y que la única pregunta que adivino les viene a la mente es " órale, ¿y ésta en qué formol se conserva?". Exactamente como a mí me sucedía de niña cuando mi Mami Lola me contaba sobre la Decena Trágica.

Ellos sí, hartos hasta las últimas consecuencias, hartos de ser el futuro y no el presente, hartos de esperar el cambio que nunca llega, ansiosos de irse a protestar en este 34 aniversario de "2 de octubre no se olvida", en nombre de una nación agraviada, engañada e ignorada, con sus cien millones de habitantes, mayoritariamente jóvenes y pobres, exigiendo su propio espacio en este nuevo desorden mundial.

¿Que qué hay de las averiguaciones hasta las últimas consecuencias? Bien, gracias.

Tu chorreada.
María Rojo

Posdata:

Sería muy largo contarte lo que he hecho de mi vida estas últimas dos décadas, pero sé que tú sí entiendes el protagonismo de las actrices, mi natural megalomanía, mi vocación de Leo, pero también mi confianza en la generosidad de los extraños. Las noticias del imperio, peor que nunca, y del "alma de nuestros fieles difuntos" ni te platico, para que no te pongas triste.


María Rojo, actriz, es delegada en Coyoacán.

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