Creación colectiva
Antulio Sánchez
Dentro de los varios textos que han salido en los últimos tiempos con el fin de desentrañar el fenómeno
de las nuevas tecnologías, tenemos el libro de David Casacuberta,
Creación colectiva. En Internet el creador es
el público, que aborda con originalidad este fenómeno, para lo cual reproduce lo digital en el papel, se apoya
en la estructura de los chats, los correos electrónicos o las bases de datos con el fin de construir diálogos y
simular espacios digitales.
El libro tiene la virtud de recuperar la esencia del ensayo, se atreve a caminar por senderos lúdicos y
sin apoyarse en la parafernalia que la academia anglosajona establece para calificar a algo de valía académica,
pero que de paso encorseta y mata prácticamente el verdadero carácter del ensayo. Una obra destacable
porque además procede de un filósofo, que demuestra que abordar con profundidad y conocimiento un tema
como el de las nuevas tecnologías no riñe con su transparencia.
El autor no es un neófito en estos terrenos, ya que ha sido desde hace tiempo un entusiasta de las
nuevas tecnologías, es colaborador permanente de Kriptópolis (www.kriptopolis.com) y editor del e-zine
Globaldrome (www.globaldrome.org). Casacuberta indica que la creación colectiva está en que el emisor y receptor
participan al mismo nivel en la creación, que en ello radica la verdadera revolución de Internet.
Asimismo, sostiene que la producción cultural es una práctica de élites donde los protagonistas de las
mismas imponen estilos y modas. De la academia a las manifestaciones estéticas acontece lo mismo. Aunque para
él la llegada de la red tiende a alterar esa situación, reconvierte en el caso del arte al artista en productor
de herramientas y permite al público/usuario participar en la creación de las obras.
Casacuberta exagera demasiado las virtudes socializadoras o la creación colectiva de la red, pasa por
alto que si bien es cierto que permite a los usuarios participar en la construcción de una obra, en la generación
de noticias, etcétera, lo real es que el grueso de los mismos son todavía, y seguramente siempre lo serán,
meros consumidores. A pesar de eso no se puede negar también su estimulante crítica a mucha de la promoción
hecha de lo multimedia, a la falsedad que está detrás de tales discursos, que por un lado olvidan que ello ya había
sido explotada en medios anteriores o analógicos, y que por otra es parte es una tendencia comercializadora
que en el afán de colocar sus productos no le importa borrar el pasado.
David Casacuberta, Creación colectiva. En Internet el creador es el
público, España, Gedisa, 2002, pp. 157.