Antonio Gramsci
Periodismo integral. El tipo de periodismo que se considera en esta nota se podría llamar "integral" (en el
sentido cada vez más claro que adquirirá el significado en el curso de estas mismas notas), en tanto no sólo trata de
satisfacer las necesidades (de una cierta categoría) de su público sino que se e fuerza por crear y desarrollar estas
necesidades y de estimular, en un cierto sentido, a su público y de aumentarlo progresivamente.
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Si se examinan todas las formas de periodismo y de actividad publicitaria-editorial existente, en general, se
puede apreciar que cada una de ellas presupone otras fuerzas para integrarse o para coordinarse
a ellas
"mecánicamente". Para desarrollar críticamente el argumento y estudiar todos sus aspectos, parece más oportuno (a los
fines metodológicos y didácticos) presuponer otra situación, a saber: que existe como punto de partida un
agrupamiento cultural (en sentido estricto) más o menos homogéneo, de cierto tipo, de cierto nivel y especialmente con
cierta orientación general y que sobre esa agrupación se quiere tomar apoyo para construir un edificio cultural
completo, autárquico, comenzando directamente por la... lengua, esto es, por medio de la expresión y del contacto
recíproco. Todo el edificio debería ser construido según principios "racionales", funcionales, en tanto se han
determinado premisas y se quieren alcanzar determinadas consecuencias. [...]
Los lectores. Los lectores deben ser considerados desde dos puntos de vista principales: 1) como elementos
ideológicos "transformables" filosóficamente, capaces, dúctiles, maleables a la transformación; 2) como elementos
"económicos" capaces de asimilar las publicaciones y de hacerlas asimilar a los demás. Estos dos elementos son siempre
diferenciados en la realidad, porque el elemento ideológico es un estímulo para el acto económico de la adquisición y de la
difusión. Sin embargo, al hacer un plan editorial hay que tener en cuenta ambos aspectos para que los cálculos sean
realistas y no según los propios deseos. Además, en la esfera económica las posibilidades no coinciden con la voluntad y
con el impulso
ideológico y por eso es menester prever si se da la posibilidad de la adquisición "indirecta", o sea si
se compensa con servicios (difusión).
Una empresa editorial publica tipos diversos de revistas y libros, regulados según distintos niveles de cultura.
Es difícil establecer cuántos "clientes" posibles existen en cada nivel. Se debe partir del nivel más bajo y sobre éste
se puede establecer el plan comercial "mínimo", es decir, la previsión más realista, teniendo en cuenta sin embargo
que la actividad puede modificar (y debe modificar) las condiciones de partida, no sólo en el sentido de que la esfera
de la clientela puede (debe) ser ampliada, sino que puede (debe) determinarse en jerarquía de necesidades a
satisfacer y por tanto de
actividades a desarrollar.
Es obvio que las empresas que han existido hasta
ahora se han burocratizado, no han estimulado las necesidades y tampoco
han organizado la satisfacción de las mismas, motivo por el cual ha
ocurrido con frecuencia que la iniciativa individual caótica ha dado
mejores frutos que la iniciativa organizada. La verdad es que en este
segundo caso no existe "iniciativa" y no existe organización sino
solamente burocracia y actividad fatalista. Con frecuencia la referida
organización en vez de ser un aumento de fuerzas ha sido un narcótico,
un factor deprimente, realmente un obstruccionismo y un sabotaje.
Además no se puede hablar de actividad periodística y editorial seria
si falta este elemento, es decir: la organización del cliente, de la
venta, y el hecho de que siendo el cliente un particular (en su mayor
parte) necesita una organización particular ligada estrechamente al
carácter ideológico de la "mercancía" vendida. Es sabido que en un
diario moderno el verdadero director es el director administrativo y no
el de redacción.
Movimientos y centros
intelectuales. Es un deber de la actividad periodística (en sus múltiples
manifestaciones) seguir y controlar todos los movimientos y centros intelectuales que existen y se forman en el país.
Todos, es decir, sólo con exclusión de aquellos que tienen un carácter arbitrario e irracional sin embargo también éstos deben ser
por lo menos registrados y considerados en el tono que se merecen.
Distinciones entre centros y
movimientos
intelectuales y otras distinciones y graduaciones. Por ejemplo,
el catolicismo es un gran centro y un gran movimiento, pero en su interior existen movimientos y centros parciales que tienden a transformar la totalidad u otros fines más concretos y limitados que deben ser tenidos en cuenta. Antes
que nada es necesario "dibujar" el
mapa intelectual y moral del país, circunscribir los grandes movimientos de ideas
y los grandes centros (pero no siempre corresponden a los grandes movimientos grandes centros, al menos con
las caracteres de visibilidad y concreción que con frecuencia se atribuye a esta palabra y cuyo ejemplo típico es
el centro católico).
Se deben pues, considerar los empujes innovadores que se producen, y que no siempre son vitales, y que
tienen consecuencias, pero no por eso hay que desatenderlos sino que también deben ser controlados. Dado que la
iniciación de un movimiento es siempre incierta, de porvenir
dudoso, etcétera, por eso, ¿será necesario esperar a que
haya alcanzado toda su fuerza y consistencia para ocuparse de él? Ni siquiera es necesario que tenga características
de coherencia y de riqueza intelectual: no siempre son los movimientos más coherentes e intelectualmente ricos los
que triunfan. Con frecuencia un movimiento triunfa por su propia mediocridad y elasticidad lógica: todo puede ser,
los compromisos más llamativos son posibles y éstos justamente pueden ser razones de triunfo.
Además de leer las revistas de los jóvenes se deben leer aquellas que se han afirmado y representan
intereses serios y verdaderos. En el Almanaque literario
Bompiani de 1933 (pp. 360-361) se indican los programas
esenciales de seis revistas de jóvenes que deberían representar el
empuje del movimiento de nuestra cultura, son
Il Saggiatore, Ottobre, Il
Ventuno, L'Italia viviente,
L'Orto, Espero que no parecen muy agudas con excepción de algunas de
ellas: Espero, por ejemplo, en lo que se refiere a la filosofía se propone apoyar a los postidealistas que cumplen una
crítica atenta del idealismo y sólo a aquellos idealistas que saben tener en cuenta esa crítica. El director de
Espero es Aldo Capazzo, y para él ser postidealista es algo así como ser un
"contemporáneo",1 en verdad un don nadie. Tal vez
lo único claro es el programa de
Ottobre. Sin embargo todos estos movimientos debieran ser examinados,
snobismo aparte.