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José María Caminos Marcet  Investigar o filtrar


 Prácticas constantes


 José María Caminos Marcet



Durante los últimos años algunos de los medios de comunicación más importantes del Estado español han sacado a la luz numerosas informaciones relacionadas con actividades ilícitas de destacados representantes políticos y de algunas instituciones públicas.

El caso GAL, publicado fundamentalmente por El Mundo del Siglo XXI; el caso Roldán, destapado y seguido por Diario 16; el caso de las tragaperras, publicado casi íntegramente por el diario Egin; el caso Filesa, investigado por periodistas de El Periódico de Catalunya, o el caso De la Rosa, sacado a la luz por La Vanguardia, se han convertido en importantes referencias para buena parte de los medios de comunicación.

A raíz de esas denuncias, la palabra periodismo de investigación se ha puesto de moda, tanto como el nombre de algunos periodistas que han aparecido públicamente como los abanderados de la defensa de una prensa que ha jugado un importante papel de crítica social.

Sin embargo, no todo lo publicado por los medios de comunicación a lo largo de los varios años que han durado algunas de esas investigaciones han sido temas investigados por los periodistas, sino más bien filtraciones interesadas de algunas fuentes de información que han puesto en manos de los medios de comunicación un dossier completo que algunos periódicos han presentado al público como textos de investigación.

Con estas afirmaciones no queremos restar importancia al papel jugado por el periodismo de investigación, lo que sí queremos dejar clara es la responsabilidad contraída por algunos medios de comunicación que no han dudado en presentar como textos investigados lo que no eran más que filtraciones utilizadas por fuentes interesadas que trabajaban siempre en beneficio propio.

La publicación de esas filtraciones ha contribuido a fomentar importantes dudas sobre las que no existe un criterio unívoco entre los profesionales que se dedican al periodismo de investigación: ¿son importantes las filtraciones en el periodismo de investigación? ¿Tienen los medios de comunicación la obligación de citar la procedencia de sus informaciones? ¿Puede un medio de comunicación publicar informaciones filtradas? ¿En qué condiciones? ¿Puede un medio de comunicación pagar a una fuente para conseguir filtraciones?, etcétera... A lo largo de este texto vamos a intentar responder a estas importantes cuestiones que se han suscitado en los últimos años alrededor del periodismo de investigación.

¿Qué es una filtración periodística?

Cuando un periodista se acerca a una fuente de información sabe que casi siempre va a obtener datos que de forma directa o indirecta benefician a la persona que los suministra. Se trata de una afirmación común y lógica. Ninguna fuente de información suministra a un periodista datos que le perjudican. Por consiguiente, casi todas las fuentes de información tienen algún interés oculto o manifiesto cuando deciden hablar con un periodista.

Sin embargo, no todas las fuentes de información que colaboran con el periodista tienen el mismo grado de interés. Algunas veces el interés de la fuente puede ser muy relativo; sin embargo, en otras ocasiones, la actuación de una fuente de información puede responder a especiales intereses particulares.

Una fuente desconocida para el medio de comunicación o cuya identidad es mantenida en secreto por el propio medio puede ampararse en el anonimato para suministrar por iniciativa propia al periodista una información que le beneficia especialmente. Se trata de una táctica empleada habitualmente por personas de relevancia que ocupan lugares estratégicos en empresas, instituciones, partidos políticos, etcétera.

Nos encontramos así ante lo que en la jerga periodística se denomina "filtración" y que Núñez Ladevéze (1991) define como "el suministro interesado o por encargo de sus superiores de información por una fuente que mantiene el anonimato no porque el contenido de la información le perjudique sino porque infringe la obligación de guardar sigilo".

En esta definición Núñez Ladevéze vincula la filtración con los datos suministrados por una fuente que es anónima, desconocida tanto para el medio de comunicación como para el periodista.

En muchas ocasiones, en el proceso de una investigación periodística, el medio de comunicación o el periodista pueden recibir anónimamente documentos o datos que son importantes para su investigación. En ese caso, sin duda alguna, nos situamos ante una filtración.

Sin embargo, aunque una buena parte de las filtraciones provienen de fuentes anónimas, una fuente no anónima ­que es conocida por el medio de comunicación o por el periodista­ puede suministrar importantes informaciones con la condición de que se preserve su identidad ante el público. En este caso también nos podemos encontrar ante una filtración.

De ahí que a la hora de hablar de las filtraciones consideremos oportuno referirnos también a la definición de Héctor Borrat. La definición aportada por este autor sirve como perfecto complemento a la de Núñez Ladevéze. Borrat (1989) considera la filtración como una "comunicación pública que hace el periódico de una información procedente de una fuente que ante el lector del periódico se mantiene en el más estricto secreto".

Lo que caracteriza a una filtración, en esta definición, no es que la fuente de información sea o no anónima, sino que el periódico la mantenga ante el lector en el más estricto secreto.

Este enfoque acerca de las filtraciones nos lleva a la necesidad de distinguir entre una filtración y las informaciones con atribución reservada. Si el periodista y el medio de comunicación conocen la identidad de la fuente que filtra y publican sus revelaciones manteniendo en secreto la procedencia, nos encontramos ante una situación similar a la que conocemos como información con atribución reservada, tan frecuente en el periodismo de investigación.

Es necesario, por tanto, precisar que lo que caracteriza a la fuente que filtra informaciones ­aquello que define la propia esencia de la filtración­ es que la fuente es siempre activa, se dirige por iniciativa propia o, como afirma Núñez Ladevéze, por encargo de sus superiores, al medio de comunicación. Se trata, por consiguiente, de una fuente que está muy interesada en que se publiquen sus revelaciones porque sabe que le benefician o porque perjudican a alguien a quien desea hacer daño.

En las informaciones con atribución reservada un periodista puede dirigirse a una fuente de información y conseguir las revelaciones de ésta a cambio de mantener en secreto su identidad. La fuente no tiene que ser, pues, necesariamente activa, ni tiene por qué suministrar informaciones que le benefician expresamente. Tampoco tiene por qué buscar intencionadamente hacer daño a nadie mediante la difusión de esa información.

Desde el punto de vista profesional, la posesión de documentos filtrados es un inmejorable punto de partida para iniciar una investigación sobre la veracidad de los datos filtrados, y también para recopilar más información sobre un tema. Así, las filtraciones pueden convertirse en una guía casi imprescindible para avanzar en una investigación que puede alcanzar, casi siempre, un gran interés.

Los medios de comunicación trabajan continuamente con filtraciones. Sin embargo, el trabajo con fuentes que filtran información no es una actividad exenta de peligros. Los datos filtrados exigen una permanente comprobación a través de otras fuentes, pues si no son previamente contrastados, el medio de comunicación corre el riesgo de ser manipulado por la fuente.

Petra María Secanella (1986) destaca la importancia que tienen las filtraciones para las personas que las ponen en manos del medio de comunicación y se refiere a ésta como a una técnica que utilizan todos los sistemas políticos. "Filtrar es una política muy bien pensada por los funcionarios que quieren influir sobre una decisión política, promover una línea de actuación, persuadir al legislativo y alertar a los países y gobiernos extranjeros. La filtración es el aceite informativo de la máquina de gobernar. Requiere una gran dosis de experticia para manejarla con éxito".

Otra característica de las filtraciones es que siempre aparecen en los momentos de crisis y conflictos. Los filtradores comienzan su trabajo cuando las posturas en conflicto llegan a su máximo grado de enfrentamiento. El objetivo es claro: influir en la opinión pública mediante informaciones que, por un motivo u otro, no podrían darse a conocer oficialmente.

Las filtraciones en el periodismo de investigación

Desde un punto de vista estricto, el periodismo de investigación no tiene nada que ver con las grandes filtraciones, sean interesadas o no, a los medios de comunicación. Sin embargo, éstas son muy importantes en el periodismo de investigación, pues muchos temas surgen a través de datos que han sido filtrados a través de una fuente de información. Es más, todos los periodistas trabajan habitualmente con filtraciones y mucho más los que se dedican a la investigación.

Las filtraciones siempre están ahí. Llegan por todas partes y el periodista puede analizarlas, comprobarlas y estudiarlas para ver si finalmente conducen a algo o, simplemente, no interesarse por ellas porque es consciente de que detrás existe una intencionalidad demasiado turbia.

Jordi Bordon, periodista de la revista Tiempo, afirma que él apenas trabaja con filtraciones, pero insiste también en que "hay periodistas que son permanentes receptores de filtraciones y consiguen consolidar así un determinado poder".1

Antonio Rubio, de El Mundo del Siglo XXI, reconoce que los periodistas investigadores2 trabajan habitualmente con filtraciones, pero recalca que para hacer uso de las filtraciones hay que tener siempre presente que los primeros datos filtrados adquieren simplemente la consideración de un rumor, por lo que se deben verificar antes de ser publicados. "El inicio de una investigación es como un gran embudo en el que cabe todo. Entre esos primeros datos en bruto aparecen entremezclados datos verídicos con rumores, filtraciones, etcétera. Es durante el proceso de la investigación donde se depuran los datos que finalmente acaban por publicarse. No todo lo que entra inicialmente en ese embudo es finalmente publicado".3

A pesar de la reconocida importancia que tienen las filtraciones, ello no supone, en contra de una opinión bastante difundida, que estar en posesión de filtraciones incremente el prestigio del periodista o de su medio de comunicación. Al final, estar en posesión de filtraciones o no es secundario. Si éstas son ciertas y aportan buena información pueden prestigiar al profesional y al medio, pero el mayor o menor prestigio deriva exclusivamente de estar bien o mal informado, sea o no a través de filtraciones. "Estar en posesión de filtraciones ­afirma Antonio Rubio­ no tiene por qué incrementar el prestigio de un periodista o de su diario. Lo que sí incrementa el prestigio es estar en posesión de información privilegiada".

Cuando la filtración aporta pistas al redactor para iniciar una investigación o sirve para confirmar datos que previamente ha investigado, no existen problemas sobre su utilización. El problema en el uso de las filtraciones puede surgir cuando una fuente filtra informaciones completas y aporta al medio de comunicación un trabajo acabado que el periodista se limita a resumir para posteriormente publicarlo.

Nos encontramos así ante un apartado muy importante que sirve para diferenciar entre el verdadero y el falso periodismo de investigación. El verdadero periodismo de investigación es aquel en el que el periodista, a través de intuición, trabajo, esfuerzo y sus propias fuentes, descubre algo que el público no conoce y que las personas afectadas desean mantener en el más estricto secreto. El falso periodismo de investigación es, por el contrario, aquel en el que el profesional no hace sino trabajar sobre unos datos completos que le han sido suministrados por una fuente de información que es anónima o que exige permanecer en el anonimato.

Esta frontera entre periodismo de investigación y periodismo de filtración adquiere una especial relevancia si se tiene en cuenta que en los últimos años se han presentado denuncias periodísticas bajo la etiqueta de periodismo de investigación, cuando no se trataba más que de informaciones que, con posterioridad, se ha comprobado que provenían de filtraciones puestas en circulación por una fuente de información que ponía a disposición del medio de comunicación un dossier interesado.

Nos encontramos así ante un tipo de periodismo al que Miguel Ángel Aguilar califica de "periodismo de dosificación", porque es la fuente de información la que está en posesión de la totalidad de los datos y los suministra al periodista o al medio de comunicación de forma dosificada, controlando todos los ritmos del proceso de la información. La fuente informa de lo que quiere, cuando quiere, como quiere y al ritmo que considera más oportuno para alcanzar sus fines.

En este caso, el periodista o el medio de comunicación, de forma voluntaria o involuntaria, se convierten en un instrumento al servicio de personas con poder o grupos de presión que intentan manejarlos desde la sombra en busca de un interés concreto, como puede ser derribar a un presidente de gobierno, obligar a dimitir a un ministro, destrozar la imagen de un empresario o librarse de la acción de la justicia.

Carlos Yárnoz, periodista del diario El País, considera que en los últimos años de la investigación del caso GAL el diario El Mundo ha publicado muchas informaciones que han sido presentadas como resultado de un arduo trabajo investigador, pero que en realidad no han sido más que filtraciones. "Nadie piensa a estas alturas que fue producto de la casualidad el hecho de que las conversaciones o negociaciones que Mario Conde sostuvo con el gobierno entre el 24 de febrero y el 1 de septiembre de 1995 coincidieran, en los momentos claves de las mismas, con la difusión de escandalosas noticias sobre los GAL y el Cesid a través del diario El Mundo. Tampoco nadie se refugia en la casualidad cuando se comprueba que esas noticias correspondían precisamente con los documentos sustraídos hace años del Cesid por el ex agente Juan Alberto Perote, personaje muy ligado a Mario Conde".4

Carlos Yárnoz rubrica con un ejemplo concreto esta política informativa apoyada en el uso de filtraciones puesta en marcha por el periódico El Mundo durante los últimos años del caso GAL. "El 31 de mayo de 1995, Conde hizo llegar a Emilio Alonso Manglano, entonces director general del Cesid, el mensaje de que se atuviera a las consecuencias si, al día siguiente, no declaraba ante el Supremo que el famoso informe Crillón ­dossier sobre Mario Conde encargado por Roldán­ había sido pagado por el Cesid, tal y como sostenía el propio Roldán. Manglano desoyó la advertencia. Once días después, El Mundo publicó documentos que demostraban que el Cesid había estado grabando entre 1984 y 1991 numerosas conversaciones telefónicas privadas, incluidas varias del rey. El documento era uno de los sustraídos por Perote y su difusión originó el cese de Manglano".

La identificación de las fuentes

La publicación de filtraciones en las que una fuente de información interesadamente pone en manos del periodista un material completo y acabado, nos sitúa ante algunas de las polémicas más importantes acerca del trabajo con informaciones filtradas en el periodismo de investigación. Uno de los puntos más importantes de esta polémica hace referencia a la necesidad o no de citar en los textos de investigación la identidad de la fuente que suministra la información.

Como punto de partida para abordar esta polémica podemos afirmar de forma categórica que la situación ideal para la práctica del periodismo de investigación se produce cuando la fuente que suministra los datos se deja identificar de forma clara e inequívoca; es decir, el periodista cita con nombre y apellidos a la fuente de información. En esta especial circunstancia, poco común en el periodismo de investigación, el texto final es altamente creíble y ve incrementado su valor informativo.

Sin embargo, en el periodismo de investigación es muy difícil, por la especial característica que en ocasiones adquieren las confidencias, que la fuente de información acceda a ser identificada públicamente. Lo normal es que la fuente que suministra los datos los ponga en conocimiento del periodista bajo la condición de que se preserve su identidad.



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