La estrella sucumbe para no sucumbir
o de cómo se llamó la obra
Primer acto. Dar al César espectáculo
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Cuando la sonrisa parecía eterna |
La obra de teatro
Regina cumple 100 representaciones. Se invita a la prensa a cubrir el acto; es develada la
placa consabida y se cierra el telón. Los periodistas exigen entrevistas. Nada. Quieren subir a la tarima pero el cuerpo
de seguridad lo impide; hay empujones y gritos. Un insensato avienta a un guarura a la turba que lo golpea y
él responde; está en desventaja y desenfunda su pistola. La prensa sale indignada, dispuesta a vengar el agravio
(14/VIII/03).
Segundo acto. Enojo, mentiras y video
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Aunque quiso, no pudo ocultar su embarazo |
La actriz principal de aquella obra convoca a conferencia de prensa. Lucero extravía la sonrisa. Equipara el
arma con la cámara y la grabadora como instrumentos de trabajo. Le muestran un video editado, donde sólo se ve
al guarura amenazando y ella lo dice. Ignora que esas imágenes editadas serán la versión difundida por los medios
que, así, ahogarán la pregunta de la actriz: "Lo tiraron, comenzaron a patearlo entre todos, ¿debió haber dejado
que lo siguieran pateando?" (15/VIII/03).
Tercer acto: Los monólogos de la Regina
Hay más preguntas de Lucero sin respuesta: "No tengo por qué dar entrevistas, ¿dónde está el contrato que
me obligue?, ¿dónde está la ley?"; ¿por qué siempre buscan la nota amarilla?
Comienza el aluvión contra la actriz y, naturalmente, los medios no admiten error alguno (15/VIII/03).
¿Cómo se llamó la obra?
Lucero, una mujer que, al menos temporalmente, se cansó de fingir: "Yo siempre me he comportado bien
con ustedes, aparezco sonriendo en todas las entrevistas, pero la verdad hay veces que no quiero hablar porque me
han colmado la paciencia".
La voz anónima de un periodista le da nombre a la obra:
"¡Lucero, tu carrera está acabada!"
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Sin palabras Foto tomada de TVnotas |
El telón comienza a bajar, sin embargo, Lucero asoma la cabeza, muestra su desacuerdo con el nombre que
la voz anónima ha dado a la obra y aquel vuelve a subir. Nuevamente en el escenario, la cara de la
cantante experimenta una transformación. Ya no es más el rostro iracundo, para casi todos desconocido, mostrado a
la víspera. Las máscaras hacen nuevamente su aparición cuando la actriz, cabizbaja, a punto del llanto, se
dice arrepentida: "Definitivamente estoy muy apenada y muy triste porque esto no debió haberse dado nunca, yo
me equivoqué. No poseía información. No había visto las imágenes... Defendí erróneamente lo indefendible". Para
no sucumbir, Lucero sucumbe (25/VIII/03).
Se cierra el telón
Afuera en otras tarimas, sigue ese pedazo de impunidad que llamamos periodismo de espectáculos y sus
actos infinitos: velar para que estemos enterados de todo lo que rodea a los famosos, incluidas sus entrañas,
para exponerlos al morbo de todos. Y si para eso hay que violar la privacidad o algún otro derecho elemental, ni
modo, y si para eso hay que mentir, ni modo también. Es la prensa, que sólo hace su trabajo.