Frivolidad a ocho columnas
Llegó a México con aires de diva, sin estar siquiera cerca de serlo. No importó. Los medios nacionales le dieron
trato de personaje ilustre. Durante varios días, a partir del 15 de marzo, la visita de Paris Hilton a nuestro país tuvo un
despliegue mediático inusual. Televisión, radio y prensa le dedicaron destacados espacios (en
Reforma, por ejemplo, ocupó, durante dos días consecutivos, la portada de ese diario), pese a que su agenda de actividades carecía del mínimo interés. Al
no haber, pues, miga periodística, los medios se centraron en los desplantes, caprichos y escándalos de la heredera del
imperio hotelero Hilton, incurriendo, a veces, en la exageración y en la contradicción. Así, rotativos como
Crónica y El Universal aseguraron que la empresaria era admiradora de Alejandro Fernández, cuando en realidad era la primera vez que
lo veía en su vida (Reforma consignó que ni el saludo le devolvió al cantante). Igual sucedió cuando destacaron su
carrera como modelo, pero no dudaron en consignar su mal gusto en el vestir y su falta de garbo; o promovieron el lanzamiento
de su más reciente disco, pero señalaron su voz chillona y su falta de talento como cantante. En fin, frivolidad pura.