Javier Corral Jurado
Es fundamental que el derecho a la vida privada, concebido como un ámbito de vida personal y familiar -y que tanto el
derecho internacional como la teoría de los derechos humanos ha reconocido como esencial en el respeto a la dignidad humana-, permanezca y, sobre todo, se mantenga protegido del atropello en términos de una exhibición indiscriminada o
una intromisión indebida.
En México, hay una falta de precisión de estos conceptos, e incluso lo que quedó en términos de daño moral se presta a la confusión al incorporar varios elementos de distintas cuestiones -tales como el honor, la vida privada, la intimidad, los
sentimientos-. Precisamente falta una clarificación para delimitar los límites que la Constitución ha establecido tanto en el artículo 6 como en el
7, que hablan de los derechos de terceros y la vida privada, respectivamente. Sin duda, todo esto se puede prestar a que bajo
estos conceptos de carácter general haya múltiples interpretaciones, incluidas aquellas que pueden constituirse en inhibitorias de la
libertad de expresión o de la libertad de información, en función del interés público.
Sin embargo, hay casos evidentes que no necesitan de mucha interpretación. A mí, por ejemplo, me parece muy claro que con
su libro la señora Wornat incurrió en daño moral. Pero no me queda tan claro, ni creo que procede de forma tan contundente, en
relación con la revista Proceso. Me parece que la demanda tiene sus bemoles porque de entrada se estaría considerando el hecho de
publicar como una ilicitud en términos de las conductas que el propio Código Civil describe como las que ocasionan un hecho contrario a la ley.
Lo que está claro es que falta legislación en materia de los citados artículos. Al respecto, necesitamos una ley reglamentaria del 6
y el 7 constitucionales; una ley de garantía a la libertad de expresión que clarifique las intromisiones ilegales en la vida privada,
entre otras la que con frecuencia acontece en las conversaciones telefónicas, y que después se presentan ante la opinión pública como
trabajos de investigación periodística, de valentía periodística, y no son más que la comisión de delitos.
Creo, por otra parte, que el libro de Olga Wornat si de algo debe ser referencia es del periodismo que debemos despreciar,
del periodismo que debe ser visto como manual de lo que no debe hacerse en un trabajo que se precie de seriedad. Es un libro basado en
la murmuración, en el rumor, que se aprovecha del ambiente de impunidad que existe en México. Es un asunto con el que siempre
se quiere envolver la libertad de expresión. No hay justificación alguna para decir que en nombre de la libertad de expresión se
puede hacer lo que ha hecho esta señora. Es una estafa.