Marta de Fox
"Sin libertad la democracia es despotismo, sin democracia la libertad es una quimera". Recordar estas palabras de
Octavio Paz, escritas en 1982, cobran un significado especial en los tiempos que hoy vivimos. Lo tienen porque nos llevan a
la reflexión profunda de lo que debe ser la libertad y la dignidad dentro de nuestra democracia y en la transición que
estamos viviendo.
La libertad es, sin duda, uno de los logros más significativos que nos ha dado la democracia. Libertad de asociación,
de tránsito y de reunión; libertad de elección; libertad de educación; libertad de trabajo; libertad de pensamiento, y
libertad de expresión.
Es gracias a la libertad que la justicia y la igualdad son posibles. La libertad potencia y prestigia una realidad
histórica. México optó por la libertad; lo asumió con todas sus ventajas y riesgos. Por esta razón, el país experimenta hoy uno de
los momentos más intensos de su historia. Nunca como ahora las libertades se han ampliado. Nunca como ahora todas
las libertades han sido respetadas.
Nunca como ahora las mexicanas y los mexicanos hemos descubierto en las libertades nuestra mejor posibilidad
de recobrar la confianza en nosotros mismos. Nunca como ahora, las libertades se han convertido en la llave que nos
ha abierto las puertas de la participación, de la capacidad de decidir por nosotros mismos, del diálogo abierto y sin
cortapisas, del trabajo compartido y corresponsable. ¡Nunca como ahora!
Las libertades dejaron de ser un ideal para convertirse en realidad evidente. Esta nueva realidad nadie la puede
negar porque todas y todos la vivimos; somos parte indisoluble de ella.
Los medios de comunicación lo saben muy bien. Como también saben que cualquier intento por manipularla deviene
en su negación o, peor aún, en su destrucción. Sin embargo, el concepto moderno de la libertad nos señala que ésta no
puede ser irrestricta. No lo puede ser porque se trata de una fuerza tremenda que requiere ser encauzada, como se tiene que
hacer con cualquier fuerza natural.
Desde esta perspectiva, la libertad puede ser definida como la capacidad de hacer y de decir. Sí, de hacer y de decir
sin más obstáculos que los que la propia sociedad, a través de las leyes y de los códigos de ética, imponga.
Por esta razón estoy convencida que la libertad se ejerce mejor cuando va acompañada de la responsabilidad. La
fórmula es sencilla: a mayor libertad, mayor responsabilidad.
En otras palabras, sólo se es libre mientras los demás son libres. La libertad de uno supone, entonces, la libertad de
los demás. Para lograrlo, es preciso actuar con responsabilidad tanto en el uso de la palabra, como en la acción personal
y colectiva.
En la democracia, toda persona tiene derecho a la dignidad y al honor, y éstos resultan ser, en las actuales
circunstancias, dos de los principales soportes sobre los que se sustenta la convivencia social entre los seres humanos. Cuando se
respeta la dignidad y el honor, se facilita sin duda la comunicación entre los integrantes de una sociedad.
La convivencia social y política será más civilizada y pacífica en la medida en que, desde todos los espacios, se
promuevan y se respeten estos dos grandes valores. Actuar contra la dignidad y el honor es actuar contra la sociedad misma, pues
se fractura o debilita toda posibilidad de comunicación.
El amplio espectro de libertades que se abrió con la alternancia y la transición requieren no sólo de su
fortalecimiento, sino de su protección. La dignidad, el honor y el respeto a la vida son valores y derechos de todas las personas y a
todos nos toca defenderlos y protegerlos.
Nos acercamos a momentos importantes que definirán el rumbo de nuestro país. A todos conviene promover un
clima de respeto que propicie la participación y no la decepción o el hartazgo de los ciudadanos. Tendamos puentes que
nos lleven a fijar reglas claras para el debate de ideas.
En la ruta de nuestras libertades ganadas, tenemos que pensar que estas libertades no vulneren la dignidad de
las personas. México no puede ser rehén de quienes pretenden fomentar climas de tensión y división; nutramos
nuestro pensamiento con la crítica que busque construir y no desquiciar. Para construir un mejor país se requiere de la
participación de todos. Invirtamos tiempo y talento en revisar, discutir, proponer y actuar en todo aquello que abone a la construcción
de un país con instituciones más sólidas y a la altura de las exigencias de la sociedad.
Trabajemos juntos por México, por sus instituciones, por sus valores, por sus ciudadanos. La tarea nos corresponde
a todos. Pero de forma muy especial, corresponde a los medios de comunicación, no sólo por su gran capacidad tecnológica, sino por la influencia que tienen sobre la población.
Confío plenamente en que la sociedad, los gobiernos, los medios, y las instancias legislativas y judiciales,
encuentren pronto las soluciones jurídicas y las reglas que garanticen a todas y todos, sin excepción, el derecho a la dignidad y
el honor. Porque tan importante es la legislación y los códigos éticos, como nuestro respeto por los sentimiento ajenos,
al más elemental nivel humano.
Es por el bien de nuestras familias, de nuestras comunidades, pero sobre todo, es por el futuro justo y democrático
de nuestra nación.
Esposa del C. Presidente de la República.