Regina Santiago Núñez
Cuando Marco Levario Turcott me invitó a participar en este número de aniversario de etcétera hablamos sobre la necesidad de intentar una reflexión sobre las posibles enseñanzas del muy complejo proceso electoral de 2006.
Le propuse centrar mi colaboración en un tema que ha sido una inquietud constante desde que, poco después del 2 de julio de este año, retomé el ejercicio de publicar un comentario semanal en La Crónica de Hoy: la idea de que, como uno de los saldos más peligrosos de este proceso, las posturas radicales hagan permear el espíritu autoritario hacia diversos ámbitos.
El autoritarismo y la intransigencia de políticos que lo mismo se dicen de derecha o de izquierda ha permeado
en distintos niveles, desde las barricadas de la APPO en Oaxaca, hasta las asambleas del sindicato del IMSS, pasando
por los regaños del presidente del PAN a los miembros del equipo de campaña de Calderón, o por las expresiones de aliento o desprecio que López Obrador o sus seguidores hacen en el templete a periodistas amigos o adversarios de la causa.
Desafortunadamente, el resultado no fue el triunfo de un candidato, sino el surgimiento de un escenario
nacional que se ha ido convirtiendo en un polvorín. No hay duda que las estrategias de propaganda contribuyeron a crear
este ambiente. Pero tan importante como esa aportación fue la de una cobertura periodística, de medios nacionales
y extranjeros, que no fue capaz de reconocer a tiempo el potencial destructivo de los Frankenstein que contribuyó
a crear.
¿Periodismo en crisis por falta de calidad?
Prensa, radio, televisión, Internet ofrecieron una cobertura que se inscribe en los parámetros de la crisis
del periodismo actual: la falta de calidad en la cobertura de los hechos. Esta crisis que tiene como una de sus causas
no la única que las empresas periodísticas y los mismos periodistas no hayamos sido capaces de solucionar el dilema que crea el desarrollo tecnológico. Sí, hay que ganar la noticia. Sí, hay que generar información constantemente. Pero privilegiar la oportunidad por encima de cualquier otro parámetro de calidad, especialmente el de la verificación, genera un periodismo vano, superficial y sin sustento.
Los que tenemos la oportunidad de contar con un espacio para compartir nuestras reflexiones debemos asumir compromisos con quienes depositan su confianza en nosotros. El público no necesita escuchar opiniones o adjetivos que descalifiquen a políticos, empresarios o periodistas; necesita información para formar su propia opinión y tomar sus propias decisiones.
Reivindicar el valor de la crítica
El 14 de septiembre, Cuauhtémoc Cárdenas dirigió a Elena Poniatowska una carta en que refutaba su planteamiento de que López Obrador hubiera perdido la elección porque él no apoyó su candidatura. Cárdenas señaló en ese momento como una de las causas principales de la derrota de Andrés Manuel, su falta de autocrítica.
No se trata únicamente de evaluar la capacidad autocrítica de López Obrador o de Cárdenas, sino de reflexionar sobre el valor que, como sociedad, estamos dispuestos a dar al pensamiento crítico.
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Ilustración: Manolo Valdes |
Así, el 25 de septiembre, escribí en Crónica: "No hay señal más clara de un espíritu deteriorado que la intolerancia hacia la crítica. Entre individuos, entre organizaciones, la crítica debe ser considerada como motor en la búsqueda del conocimiento. Políticos, periodistas, padres de familia, maestros o sacerdotes, todos hemos de reconocer que sólo quien se capacita para escuchar y aprender del otro mediante el intercambio de ideas, podrá enriquecer su perspectiva de los problemas y encontrar soluciones".
La crítica no ha de buscar el aniquilamiento o el sometimiento del adversario, sino el intercambio que se traduzca en un mutuo enriquecimiento intelectual. Aquel que es incapaz de admitir críticas o de ejercer la autocrítica es incapaz de desarrollar un pensamiento incluyente. Quien proclama la pureza de raza, la pureza de pensamiento o la pureza de clase es porque cultiva un espíritu déspota y totalitario. Aceptar o rechazar la crítica es el elemento clave para definir si se tiene o no una visión autoritaria en el ejercicio del poder.
El debate postelectoral refleja muchos de los puntos débiles de nuestra cultura política. Uno es la tendencia hacia la superficialidad. Otro, grave, es dejar que la defensa de las causas propicie posiciones radicales y excluyentes. El
autoritarismo no es una cuestión de ideología. Desafortunadamente, hay radicales de derecha e izquierda, que pretenden imponer su punto de vista y someter a todo el que no esté de acuerdo con sus consignas. Contra la intolerancia de todos los colores habremos de librar la principal batalla.
La voz del inconsciente autoritario
Uno de los episodios que muestra con claridad ese clima de crispación fue el que tuvo lugar en la "Mesa de Periodistas" del programa de Víctor Trujillo El cristal con que se mira (Televisa, Canal 4).
El 4 de septiembre participaron Julio Hernández (colaborador de La Jornada), Denisse Dresser (colaboradora
de Reforma) y Raymundo Riva Palacio (director de El Universal Gráfico, y columnista).
El tema principal era, desde luego, la estrategia que hizo posible que los seguidores de López Obrador impidieran a Vicente Fox presentar su último Informe de gobierno. Todos coincidieron en señalar que fue una derrota táctica de Fox. Sin embargo, al profundizar en el análisis, Dresser señaló que a pesar del éxito, el hecho es que el PRD sigue evidenciando el conflicto entre seguir la estrategia de López Obrador, de ruptura con las instituciones, y la línea de los legisladores, para quienes será cada vez más difícil mantener un doble discurso que dice que sigue los lineamientos de López Obrador, pero en los hechos los desconoce, pues participa en las actividades del Congreso.
Dresser también criticó al equipo de Calderón por seguir pensando que todo iba a terminar cuando el Tribunal Electoral calificara las elecciones. Subrayó que el problema es que no entienden los resultados que arroja la elección más allá de las cifras, y tienen una actitud de complacencia que no deberían tener.
El triste reflejo de un cristal opaco
A partir de ese momento, se hicieron evidentes las pasiones, contradicciones, frustraciones que desde
programas anteriores habían surgido entre los participantes. He aquí, punto por punto, lo que sucedió:
Julio Hernández, con tono burlón y desafiante hacia Dresser, preguntó: "¿Y qué crees que va a pasar? ¿Va
a haber un levantamiento violento de los que están en el plantón a partir de que haya una resolución?".
Raymundo Riva Palacio, intervino, también con un dejo de sarcasmo: "¿Lo dices como vocero de la
resistencia o planteándolo como un escenario posible?".
Julio Hernández se le quedó mirando y, tras unos segundos de silencio, señaló: "Te lo dejo a tu
conciencia". Luego, con más énfasis, repitió: "Te lo dejo a tu conciencia".
Denisse Dresser señaló que es necesario dejar atrás las actitudes intolerantes. Se quejó de que en algunos
sectores, a los moderados los están viendo como traidores a la causa. Dirigiéndose a Julio Hernández, subrayó que el
PRD habla como si sólo fuera legítimo defender los intereses de la izquierda.
Hernández subió el tono de voz y comentó que es tiempo de definiciones y quien no diga si está de un lado
tendrá que ser juzgado.
Trujillo, sorprendido, le comentó con tono preocupado: "Lo que estás diciendo, Julio, es que si no eres
partidario de uno u otro entonces estás traicionando a los dos. Estás diciendo, Julio, que quien no diga si está de un lado o de
otro lado tendrá que ser crucificado". Para tratar de cambiar el tema, Trujillo preguntó: "¿Qué pasa con los priistas?".
Sin embargo, Julio Hernández siguió en lo mismo: "Lo que pasa es que hay que definirse", dijo exaltado.
Riva Palacio comentó que quienes están en ese discurso son los ex priistas, como Manuel Camacho, que vive
o muere con López Obrador (a diferencia de los legisladores perredistas, que aún sin el lopezobradorismo tienen
un futuro político propio).
Julio Hernández lo interrumpió: "No es cierto. Hay todo un movimiento. ¡No te quedes solamente en la
oficina, Raymundo¡ O sea, ¡ve las cosas!".
Riva Palacio le contestó: "Tú eres parte de ese radicalismo, Julio. De ese decir que no hay moderados; del
'Patria o muerte, venceremos'. No es así, no es así, es mucho más difícil estar en el centro que estar en los extremos".
Denisse Dresser asintió con la cabeza.
Julio Hernández les gritó: "¡Quédense en el centro por comodidad, por conformismo! Y desde
luego: ¡Venceremos!".
Trujillo increpó a Hernández: "¿No estás haciendo un juicio muy radical?".
Éste le respondió, mirando a Riva Palacio y Dresser: "Hay una cargada de intelectuales, académicos,
periodistas, pretendiendo negar una realidad, pretendiendo imponer la visión de una moderación, de un equilibrio y de una
madurez que no existe".