Negocio enmascarado de filantropía
Andrés Valdez Zepeda
y Delia A. Huerta Franco
El Teletón es una emisión exitosa que, en México, se estableció desde 1997 con el objetivo de recolectar fondos para ayudar a menores
discapacitados.1
En estos últimos siete años, se institucionalizó como "una fiesta de amor y unidad nacional", en la cual,
a la vez que se recaudan recursos económicos, se fomenta la cultura de la integración y la participación
ciudadana.2 Sin embargo, detrás de este filantrópico concepto se esconde el afán de lucro y de negocio.
Aquí analizamos las dos partes de la moneda. Por un lado, describimos el impacto positivo del Teletón.
Por otro, aludimos a las miserias que lo acompañan, así como los eufemismos que se han tratado de erigir
para disfrazar de filantropía los verdaderos intereses mercantiles de algunos empresarios.
Las grandezas
En siete años, la fundación Teletón ha recolectado fondos para construir cuatro Centros de
Rehabilitación Infantil (CRIT), ha apoyado a muchas instituciones de beneficencia pública y favorecido a miles de
personas discapacitadas para enfrentar y, en algunos casos, solucionar sus problemas de salud.
 |
|
El Teletón ha involucrado a 428 medios de comunicación, cientos de comunicadores, artistas y
personajes del espectáculo, así como a miles de mexicanos que han creído en el proyecto. En su edición 2002, fue
apoyado por 23 empresas patrocinadoras y por miles de donadores que contribuyeron para alcanzar la cifra récord
de 217 millones 876 mil 247 pesos. Hoy en día, dos nuevos CRIT se encuentran próximos a ser inaugurados
para atender la creciente demanda de servicios de rehabilitación especializados. Su principal aporte, además de
la recolección de fondos económicos, es unir y movilizar los sentimientos y emociones benévolos del ser
humano, para apoyar una causa noble de alta dimensión y estirpe humanitaria.
El éxito del Teletón se debe a su diseño y a su concepto, es una especie de juego de suma positiva, en la
que todos los involucrados ganan: los medios, los artistas y celebridades, los niños beneficiados y muchos de
los donadores. Además, este éxito no puede ser entendido si no fuera por la intensa promoción realizada en
el último trimestre del año, antes de la fecha de su inicio. Las actividades artísticas realizadas en diferentes
partes de la República en la que grupos y personalidades del espectáculo participan haciendo emotivos llamados
a participar y la cobertura del Teletón por los medios, principalmente por Televisa. El mismo día de ese
acontecimiento es otro de los factores que lo han llevado a ser exitoso.
Las miserias
Esos son los aportes del Teletón y deben ser reconocidos. Sin embargo, también existen intereses
perniciosos detrás de este filantrópico concepto, ya que hay individuos que lucran con las desdichas y problemas de la
niñez discapacitada, fomentando a su vez la cultura de la simulación. Los principales cuestionamientos al Teletón
son, a nuestro entender, los siguientes:
Primero, las firmas empresariales y compañías que aparecen como generosos donadores. Su
verdadera aportación a la causa de los niños discapacitados, proveniente de recursos propios, es nula, pues sus
donativos son deducibles de impuestos. Esto es, lo que aparentemente se presenta como aportación, no lo es, ya que
de "su bolsa" no aportan, lo hacen de los recursos que están obligados por ley a pagar como impuestos. De
esta forma, aporta más un asalariado que motivado por la publicidad otorga cien pesos producto del "sudor de
su frente", que aquel empresario que dona cien mil y lo deduce de impuestos. En este sentido, sería
conveniente evitar la simulación. Todas las donaciones deben ser reales, por lo que no se debe permitir que algunos
las deduzcan de sus impuestos.
Segundo, algunas "dadivosas" empresas que intervienen en el Teletón obtienen diversos beneficios y
ganancias. Los medios participantes, por ejemplo, a la vez que apoyan una causa social, construyen credibilidad
e imagen, lo que comercialmente es una divisa importante, que se traduce en mayores ganancias
económicas. Los medios, además, cobran la publicidad asociada al Teletón; nada es gratuito. De igual forma, varios
empresarios al donar ciertos recursos públicamente, ante miles de espectadores, agregan un valor intangible a su empresa (imagen), posicionándose como una compañía altruista y generosa que apoya las mejores causas
de México, cuando detrás de esta donación está llanamente una intencionalidad comercial.
Tercero, los anuncios publicitarios para reactivar la conciencia ciudadana y motivar las donaciones se
sustentan en la explotación mediática de las incapacidades y deficiencias motoras de los niños. De esta forma, se
apela a la emoción y se explota el sensacionalismo, primero, para hacer negocio y, después, para obtener fondos
para el apoyo a la causa del Teletón, desvalorizando a los mexicanos que no pueden o no quieren aportar. De
hecho, el lema "un sentimiento puede más que mil razones", refleja su intencionalidad emocional.
Cuarto, los artistas y personalidades del espectáculo también participan con una doble motivación. Por
un lado, donan su tiempo y esfuerzo para hacer exitoso el Teletón, por el otro, también lo aprovechan para
obtener beneficios personales de imagen, posicionamiento y aceptación social, que posteriormente se puede
traducir en mejores ventas y un mayor
rating.
Quinta, los promotores del Teletón le apuestan a la saturación mediática y a la seducción sublime
manipulada por el mass-media, sin reparar en los efectos colaterales que esto genera en materia cultural y de
valores, principalmente entre los jóvenes. Así vemos que a la solidaridad se le presenta como espectáculo, a la
participación social como relajo, a la donación como levedad y a la filantropía como simulación. De esta forma,
ante los ojos de los jóvenes, los valores asociados al altruismo aparecen mercantilizados, superfluos, triviales,
alejados de un planteamiento filosófico y humanista. El Teletón poco ayuda a la creación de una cultura de
participación cívica y responsabilidad social compartida.
Finalmente, el Teletón, de una u otra forma, sustituye, ante la complacencia gubernamental, la
responsabilidad social que le corresponde al Estado, el cual paulatinamente se presenta esquivo para combatir la
pobreza y la marginación social, problemas que se encuentran detrás de la discapacidad de muchos niños mexicanos.
La máscara
El Teletón contribuye a reproducir la cultura de la simulación que tanto daño ha hecho a nuestro país.
Por ello, el Teletón debiera tener un verdadero espíritu altruista para convertirse, como lo señalan sus
promotores, en una auténtica fiesta de solidaridad y unidad nacional, no en un negocio enmascarado de filantropía.