Gacetillas
Cuestionable recurso promovido desde algunas oficinas de comunicación social, tanto del gobierno federal
como de varias entidades federativas, las gacetillas son un engaño para el lector. Es material de publicidad que se
integra como parte de la oferta informativa de los diarios y las revistas que lo publican sin reparo.
Esa práctica no es nueva. Sin embargo, cada vez son más los medios escritos que publican las gacetillas
sin distinción tipográfica en el título y la estructura del texto y sin señalamiento alguno que indique que se trata de
una inserción oficial pagada. Entre los que más frecuentemente lo hacen están
El Financiero, El Economista, La
Crónica, La Jornada,
Milenio Diario, Milenio
Semanal y Vértigo.
Tampoco es algo que se acostumbre sólo en México. En Estados Unidos también sucede de forma
cotidiana, aunque ahí el medio preferido para esa práctica es la televisión. A mediados de marzo, Raúl Trejo Delarbre
difundió en su habitual espacio de
Crónica que en aquel país "la difusión de centenares de segmentos informativos
disfrazados de trabajo periodístico pero que en realidad fueron producidos por el gobierno, está levantando una
extendida inquietud" (14/III/05).
Aquí hay medios que ponen a disposición hasta la portada y publican lo que el cliente pida. Por ejemplo, el 7
de marzo de 2003 La Jornada publicó en primera plana información de Sagarpa sin advertir que, en realidad,
era publicidad pagada. Una gacetilla que el diario cobró a la secretaría en 229 mil 658 pesos con 73 centavos,
según datos entregados a
etcétera por esa dependencia (ver núm. 48, octubre 2004). Hace poco, incluso, en aras de
la facturación respectiva el rotativo no reparó en difundir falsedades: el 7 de febrero publicó una gacetilla que
aseguraba: "Arrasó García Zalvidea en los comicios de Quintana Roo" cuando ya era oficial la derrota de ese
controvertido candidato.
¿Dónde quedan los lineamientos?
Hay casos donde el (pretendido) engaño a los lectores es sistemático. El diario que más publica gacetillas es
La Crónica y su mejor cliente es el ISSSTE; del 1 al 16 de marzo contamos siete. En algunas ocasiones, las menos,
hay distinción tipográfica en el encabezado pero la mayoría de las veces incluye la inserción como si se tratara
de información. Es el típico caso donde el medio y la oficina de prensa se coluden para difundir mensajes
propagandísticos disfrazados de trabajo periodístico (tal vez, desde la conocida fórmula: "ahí publícalo como si fuera tuyo").
Además, la coordinación de comunicación social del ISSSTE, a cargo de Carlos Olmos, viola con frecuencia
lo dispuesto en el artículo 29 del Presupuesto de Egresos de la Federación: "En ningún caso y bajo ninguna
circunstancia podrán utilizarse recursos presupuestarios con fines de promoción de imagen personal de funcionarios o titulares
de las dependencias o entidades". En varias ocasiones, las gacetillas del ISSSTE son vehículo para el lucimiento
personal del titular del organismo, Benjamín González Roaro. (En
El Financiero del 18 de marzo, así como en
La Crónica y La Jornada del 14 de ese mismo mes hay ejemplos de ello.)
En otras ocasiones, el ISSSTE incumple con los lineamientos de asignación de publicidad gubernamental.
Veamos, por ejemplo, la plana publicada en la edición de
Letras Libres de enero de 2005, referente al día del trabajador
del ISSSTE, que se celebra el 1 de octubre. ¿Cuál es la finalidad de publicitar una conmemoración que tuvo lugar
tres meses antes?
Entre sus considerandos, los lineamientos referidos observan "que la política de comunicación social
contribuirá a que la ciudadanía esté mejor informada, de manera que pueda evaluar el desempeño de su gobierno, participar
en la solución de los problemas nacionales y exigir la rendición de cuentas a las autoridades que conforman
la Administración Pública Federal". Asimismo, en su artículo 4 se asienta que "las campañas que realicen
las dependencias y entidades deberán (...) garantizar los programas gubernamentales prioritarios...".
etcétera