La criatura
No aludimos al engendro creado por el doctor Víctor según Mary Shelley y tampoco pensamos en Vlad,
el personaje inmortal de Bram Stoker o en algún otro ser visto por Asimov en la vertiente futurista o por King en la del terror. Hablamos de otra criatura que para algún despistado podría ser la misma pero más barata.
Tal vez este ser tenga una sola patente: fue hecho en México y se enriquece de otras patentes a costa del dinero, el esfuerzo y la imaginación de otros. La cosa esa sólo podría surgir en el periodo de confusión nacional y abrirse paso como revolucionario y admirador del
Che, aunque luego diga ignorar la trayectoria del rebelde. Bueno, algún símil podría darse, pues la criatura también es médico y varias farmacias suyas están en la tierra natal del guerrillero.
La criatura política quiere la fama y el cariño del pueblo, como Ernesto Guevara en Cuba o Adolfo López Mateos en México, aunque no sepa ni jota de sus planteamientos ni qué tan distintos son unos de otros. Y dice que ahí la lleva, pues el pueblo lo ha bautizado como "Chucho el rico"; suponemos que el hecho de que lo sacaran de la marcha contra la inseguridad fue sólo un desliz del respetable.
En estos tiempos modernos "Chucho" acabó con el espejito aquel de la bruja preguntona y lo convirtió en una cosa a la que llama encuestas y que lo ponen a la cabeza de la sucesión presidencial adelantada. Así, como usted lee. El doctor es candidato al puesto, y el hecho de que no sepa qué es la Semarnat lo tiene sin cuidado pues su mayor prenda es ser capitalista socialista y rodearse de muchachonas buenas y guapas. Las palabras son suyas, que conste, y al emplearlas también deja claro su sentido de apertura, que el asunto es serio no vaya usted a creer, pues la criatura está dispuesta a ser candidato del PRI o del PRD porque el nacionalismo de esos partidos lo cautiva pero, eso sí, no sería abanderado del PVEM para no dar lugar a malos pensamientos.
Sin embargo la criatura enfurece cuando lo critican y entonces, con la mano en la cintura y varias inserciones de publicidad de por medio en medios que no reparan en difundir infundios si son pagados, arenga e insulta al atrevido. Lo ha hecho varias veces contra Joaquín López-Dóriga. Disfrazado de catedrático del periodismo, del 21 al 28 de junio le recomendó "documentarse bien antes de hablar" (como ya hemos visto hace el doctor); lo acusó de recibir dinero como el origen de las críticas que le hace (no ofreció prueba alguna), y le pidió no opinar, sólo informar y actuar siempre con objetividad, "sin soberbia ni prepotencia, pues esto molesta al auditorio".
El doctor y empresario y periodista y candidato presidencial y émulo del
Che y López Mateos se equivoca. El periodista puede y debe opinar en torno de la información que proporciona y lo hace en ejercicio de su libertad de expresión que es, por definición, subjetiva. Igual que la nuestra, que ha sido documentada bien antes de ponerla a la consideración de los lectores, aunque haya a quien le disguste.