El que paga manda
El episodio es parte de un fenómeno más complejo y preocupante, remite al poder de los empresarios para determinar los contenidos en los medios a través de anunciarse o no, en los programas de su gusto. Por eso, más que respetar la ley, que a pesar de ser insuficiente determina, por ejemplo, horarios de transmisión, los concesionarios de las dos televisoras más importantes han cedido al parecer de los patrocinadores. Así lo hizo Azteca cuando impulsó La Academia y obtuvo el beneplácito de A favor de lo mejor y luego Televisa, cuando interrumpió la emisión Toma Libre.
Sin embargo, la actitud del duopolio es distinta, despectiva y amenazadora, cuando las autoridades federales les hacen alguna observación sobre los contenidos o los horarios de los programas o los concursos que se promueven, entre otros asuntos por lo que, en ausencia de una regulación legal, el dinero determina la oferta de aquellas empresas.