En el mundo de la regulación
En Televisa, como en la mayor parte de las empresas de medios electrónicos, la reforma a la Ley Federal de Radio y Televisión es un tema ausente en la programación. Primero está el negocio y las órdenes de sus directivos son eso, órdenes que sólo admiten la obediencia de los empleados como consta en el código de ética de la empresa del consorcio.
Pueden abordarse, eso sí, otros asuntos relacionados con los medios pero de forma superficial y sesgada,
por ejemplo, cuando el tema resulta de algún escándalo memorable suscitado en o por los medios mismos;
también puede ser cuando hay que promover alguna definición política de los concesionarios e incluso, a juzgar por lo
que está en la pantalla, hasta la llana ocurrencia de poner el tema en la mesa debe ser cuidadosa de no trastocar la
línea de los concesionarios.
Rara vez se habla de periodismo, pero cuando sucede no es en la óptica de la autocrítica y menos de la ley,
sino en la del profesional de la comunicación como eje central de las cosas, lo mismo para preguntar si tiene la
piel sensible o detenerse en las adversidades que enfrenta en su labor cotidiana, que para señalar algunos
errores baladíes y así concluir en que siempre será mejor vivir en el mundo de la autorregulación que en la delimitación legal de la libertad de expresión. Con todo eso, comprobamos que otras pieles sensibles intocables son las de
aquellos que ni por asomo admiten reflexionar sobre la reforma legal de los medios de comunicación.
Eso sucedió en el panel de discusión convocado por
Zona Abierta el pasado 19 de agosto, al que
concurrieron, además del moderador Héctor Aguilar Camín, los periodistas Jorge Fernández Menéndez, Carlos Loret y
Sergio Sarmiento. Incluso desde el punto de partida para el análisis se limitó el trayecto de llegada cuando el
conductor dijo en la mesa:
"Quizá la libertad de expresión es algo que no se deba regular externamente... vivimos en el mundo de
la autorregulación."
Aunque cuidadosa, la frase fue persuasiva, más aún cuando al decirse frente a periodistas no enfrentó
varios elementales "por qué".
¿Por qué anteponer la autorregulación a la ley?
¿Por qué pensar a la ética por un lado y al derecho por otro sin tener en cuenta la impunidad con la que
llegan a desarrollar su labor los medios (como dijo aquí hace varias ediciones el propio Héctor Aguilar Camín)?
¿Por qué la libertad de expresión ha de ejercerse sin marcos normativos que al mismo tiempo que garanticen
esos derechos por ejemplo legalizando a las radios comunitarias o estableciendo normas para el secreto
profesional lo hagan también con otros como los derechos a la vida privada y a la información, que son tan
vulnerados constantemente?
¿Por qué se piensa que la ley es inabordable cuando, vista de manera integral, su falta de aplicación y
adecuación permite que Televisa concentre 80% de las concesiones y de las audiencias, en desdoro de la libertad de
empresa y del ya dicho derecho a la información? ¿Eso es propio de la democracia?
¿El desdén por la ley se debe a que hay que congraciarse con los medios electrónicos y no tocar el asunto ni
con el pétalo de alguna sugerencia?
Quizá la libertad de expresión de aquella mesa no fue regulada externamente y lo que ahí se vivió fue el mundo de la autorregulación.