El mapa de los géneros se establece de acuerdo con la distancia y el grado de personalización de la
información que tiene el periodista a la hora de escribir. La distancia que toma el periodista del objeto define los
elementos esenciales para que la información logre representar siempre una totalidad, sin importar qué tan distante al objeto
se esté. El mínimo grado de intervención del autor en el texto es la nota seca, y el grado máximo de apropiación de
la información y de personalización es el reportaje. Existe un nivel intermedio que es el de la crónica. Del reportaje
se desprenden dos subgéneros: la entrevista y el perfil. Y de la crónica, el análisis.
La nota seca
Pensemos en un astronauta que observa la Tierra a miles de kilómetros de distancia. ¿Qué puede ver? Una
superficie más o menos redonda, un movimiento de traslación y otro de rotación; distingue un color azul -el del mar- y
otro marrón -el de los continentes-. La nota seca sobre el planeta Tierra no puede contener más que la totalidad de
esos elementos que se alcanzan a distinguir desde tal distancia.
Tiene la mayor distancia del hecho, por eso tiene el grado mínimo de interpretación posible por parte del
autor. Cuenta con los elementos suficientes para que el lector tenga una idea clara de lo que está sucediendo. La
materia prima de la nota seca son el teletipo, las circulares, los boletines, las notas de prensa. A partir de ello se
construye una información en la que el autor no tiene derecho a interpretar algo porque no ha visto nada ni ha estado en el
lugar de los hechos, cualquier intención de cambiar la información es antiético. No se puede tocar ni influir un
material del que no se ha participado y por eso la nota seca no se firma.
La crónica
Es la prosa de los diarios, el género por excelencia del corresponsal. Éste se nutre de diversas informaciones que
va recopilando sobre lo que va a escribir, toma hilos de información de diversas fuentes: ve noticieros, escucha
radio, lee los diarios, hace llamadas telefónicas, relaciona informaciones que ya conocía con el tema que está tratando.
No toda la información empleada para escribir una crónica se ha conseguido de primera mano, ni tampoco se ha
estado necesariamente en el lugar de los hechos.
La crónica admite un cierto grado de interpretación, se cuenta lo que sucede y explica por qué pasan las cosas
que pasan, pero nunca llega a opinar, es decir, a calificar algo de bueno o malo. Aunque todavía es un estadio de
información indirecta, tiene ese grado de interpretación que no tiene la nota seca: la crónica ya ilumina hechos,
contextualiza. Debido al nivel de interpretación que tiene, la crónica debe ir firmada siempre.
Siguiendo con el ejemplo, la distancia para escribir una crónica sobre el planeta Tierra no es tanto de
astronauta, sino más bien de pasajero de avión: el periodista se da cuenta de más cosas, puede ver relieves, variedad de tierras, lagos, ríos, ciudades y, aunque del tamaño de una hormiga, ve personas.
El reportaje
Para escribir un reportaje, el periodista debe estar frente a los hechos o haberlos presenciado. El reportaje no
lo escribe un astronauta ni un pasajero de avión, lo escribe un reportero que tiene los pies puestos en el mismo suelo
de los protagonistas de la historia, busca lograr la mayor cercanía a los hechos. En este caso el reportero es
testigo, habla con la gente, capta con todos los sentidos. En el reportaje se abandona el campo de lo indirecto, no hay
nada más directo que ver, tocar y oír la realidad en movimiento. Si en la crónica obtenemos la información por
diversos medios externos, aquí la apropiación la hace directamente el periodista.
El reportaje es el género que más tiempo demanda pues los temas de los reportajes son amplios y merecen
más extensión. Es mucha y muy variada la información que se debe recopilar, se requiere consultar más materiales
(de hemeroteca por ejemplo). La narración en este género es más desarrollada y hay inclusión de personajes, el
autor tiene más libertad en los títulos, puede asomar un poco de ironía. Se ha dicho que el reportaje es
esencialmente presencial pero hay dos tipos: el de escenario, que se construye a partir de lo que se ve directamente, y el
virtual, construido a partir de fuentes que fueron testigos del hecho o lo protagonizaron. La reportería deberá ser
intensiva, tanto como para lograr incluso reconstruir escenas.
El reportaje debe ir firmado, la firma es una forma de responder y de autentificar que lo dicho es cierto.
La entrevista
Es un subgénero del reportaje. El entrevistador debe llegar con la idea de que va a
ejecutar al entrevistado; durante la entrevista se inquieta al personaje, se le crean dificultades, el entrevistador no debe tener ni un momento
de debilidad. La entrevista se trata de provocar la conversación en que todas las preguntas del periodista, incluso las
no formuladas directamente, se respondan. Se trata de crear la situación ideal para que el personaje hable y
entregue información que valga oro.
En el periódico el lector debe reconocer visualmente que se trata de una entrevista, por eso debe ir acompañada con una foto del entrevistado. Debe tener una introducción corta, el título puede ser una frase significativa que
reúna lo más importante que ha dicho el entrevistado. Debe darse el nombre y el cargo del personaje en el antetítulo.
Entrevista
temática. Se pregunta por temas al entrevistado y se presenta la información en el periódico de
la misma manera. Es una manera de construcción práctica pero se torna fría y distante.
Pregunta-respuesta. Aparentemente es la más objetiva pero en realidad es totalmente construida por el autor.
Lo que se publica en realidad no ha ocurrido nunca porque todo lo hablado, para que sea entendido en un texto
sobre papel, necesita reescritura, corte y confección. El periodista agrupa las preguntas y las respuestas según los temas
y lo dicho por el entrevistado. Las preguntas se hacen después de las respuestas, las preguntas no existen, durante
la entrevista se han estimulado declaraciones y después se decide qué pregunta corresponde a lo que se dijo.
En este tipo de entrevista, el periodista decide qué sale y qué no sale, pues el hecho de que algo sea dicho
no quiere decir que se tenga que publicar. Claro que debe ir firmada.
Romanceada. Un 95% es producto de lo que escribe el periodista fruto de la información que recopiló durante
la entrevista y un 5% son entrecomillados del entrevistado. Hay mucha intervención del periodista, que da su
propia versión de las cosas y de su encuentro con el personaje. También debe ir firmada.