Un tribunal sin leyes
Aquel 3 de marzo las imágenes dijeron más que mil palabras, según sus difusores. Pero un año y cuatro
meses después, esas palabras fueron todo lo que se quiera menos sustento legal para encarcelar al ansioso hombre
que guardaba apresurado los billetes que recibió de manos del empresario Carlos Ahumada. Guste o no, el lenguaje
del tribunal de los medios no es el mismo que el del procesamiento normativo que marca la ley.
Más allá de la precariedad o no que exista en la forma como fue juzgado René Bejarano, vale la pena resaltar
el dato de que no es a través de los medios de comunicación, particularmente los electrónicos, como puede
establecerse la culpabilidad o la inocencia de cualquier persona.
Los famosos videoescándalos mostraron el poderío sin freno de la televisión, pero también sus límites, y eso
fue una afrenta en especial para Televisa y en general para buena parte de los ciudadanos debido a la entendible
indignación que les suscitó lo que vieron. Junto con la exhibición del individuo ávido por recibir dinero mientras prometía
al interlocutor y comprometía al jefe de gobierno del Distrito Federal, también asistimos al aprovechamiento de
la empresa que los difundía como una forma de presionar a los actores políticos, ser protagonista en sus decisiones
y cotizarse mejor en la contratación de anuncios. Para ello, como correa trasmisora de una filtración que no
como resultado del ejercicio periodístico, Televisa ejerció su poder, arengó a la sociedad y decretó de
inmediato culpabilidades, a través de sus conductores de noticieros y, sobre todo, del payaso de Víctor Trujillo, pródigo
en adjetivos pero precario en la comprobación de acusaciones (aunque muy popular por fundirse con el
sentimiento ciudadano).
René Bejarano salió de la cárcel el 16 de julio porque no se le pudo comprobar algún ilícito salvo la
probabilidad de haber infringido la ley electoral. Más allá de que él sea el exponente de la degradación de la política por
sus conocidas formas de operación clientelar, los videos de marzo no fueron, como no pueden ni deben ser, prueba
de culpabilidad en los tribunales de a de veras, que son los que supone cualquier democracia moderna. Esto verifica
el riesgo de pretender sustituir a las instituciones políticas y judiciales por el tribunal mediático mediante la fuerza
de las imágenes y los fallos contundentes de sus conductores.
La libertad de René Bejarano irritó a Televisa y así se manifestó en sus segmentos informativos; la empresa
no admitió que la maquinación que preparó el 3 de marzo de hace un año tuviera el resultado que también tuvo
una imagen impactante: René Bejarano feliz, enarbolando la V de la victoria, saliendo de prisión alentado por los
aplausos y los vivas y las porras y los gritos de este puño sí se ve de sus seguidores; lo mismo ocurrió con buena parte
de quienes opinan en la radio, la televisión y la prensa. Todo esto, mientras Carlos Ahumada sigue en la cárcel, sin
que a buena parte de los medios le importen sus alegatos jurídicos.
etcétera