Sí, a veces se cae en esto. Pero, por una parte, hay que reconocer que la velocidad de la realidad es infinitamente
más rápida que los acontecimientos comunicativos que requieren tener la capacidad de análisis. Muchas veces los
conceptos llegan a ser repetitivos porque no se tiene esa
capacidad. En otros casos no es tan mal que sean repetitivos en la medida
de que sean oportunos frente a lo que está sucediendo. Por ejemplo, hoy en día, como las estructuras de comunicación
son monopólicas, son concentradas, son herméticas, no permiten la participación de los sectores sociales. Por lo que
mientras siga existiendo esa realidad, tendrá que seguirse repitiendo los modelos del autoritarismo comunicativo, del
marginamiento (sic)
comunicativo a nivel conceptual porque son todavía necesarios en la
medida de que no ha desaparecido el problema. El asunto no es tanto que
sean repetidos sino que sean consecuentes con lo que existe. Hay que
seguir insistiendo, incluso ser necios y obstinados, de continuar con
la teoría, la concepción, con la metodología y con el planteamiento
repetitivo en la línea de que los problemas sigan existiendo.
Sin embargo, en muchas ocasiones este discurso no sólo es repetitivo, sino que se maneja sin matices, de forma
muy apocalíptica o abstracta. ¿Usted cree, por ejemplo, que sea válido hablar de "la cultura idiota", así sin matices,
como usted lo ha venido haciendo desde hace tiempo cuando habla de la TV?
En ese caso son las limitaciones que yo he tenido en la producción de ese conocimiento hasta la fase que he llegado.
No significa que eso sea toda la visión conceptual que le corresponde, pero es, digamos, lo que yo he alcanzado a percibir y
a ver y lo que logré producir y sistematizar. De esa versión que entregué a
etcétera hace ya algún tiempo, ya tengo
otra nueva versión donde
elaboro más matices, reconozco más diferencias, planteo realidades distintas, que no todo
es homogéneo, etcétera, y destaco lo que son las líneas que sí se siguen manteniendo. Entonces, sí se llegan a tener
esas posiciones, pero no es tanto que corresponda sólo a la comunicación, sino es en sí mismo a cómo el ser humano con
su capacidad mental reconstruye la realidad. Esas mismas concepciones totalizadoras, sin matices, exageradas en
algunas ocasiones también las observamos en los economistas, sociólogos, periodistas, políticos. No es tanto que corresponda
al investigar en comunicación, sino corresponde a las capacidades humanas para poder explicar la realidad y a ésta
nos vamos acercando de manera gradual.
¿A qué matices se
refiere?
Sigue predominando la dinámica de lo que es la
fuga de la realidad, el entretenimiento espectacular, y se recurre cada
vez más a la violencia y a los programas adrenalínicos, donde los
participantes se avientan de un puente o se comen unas vísceras, a ver
qué se siente. Ese modelo sigue predominando en los modelos de la TV
comercial privada, pero ya en cable surge otro modelo, que es el de la
televisión inteligente, como History Channel, Discovery Channel,
etcétera, que es el manejo de la información para generar una reflexión
sobre determinados aspectos de la vida. Pero el modelo predominante
sigue siendo el que genera "la gran cultura idiota". Lo que voy viendo
es el surgimiento de otros matices, de otras alternativas, sin que lo
otro haya desaparecido. Es algo muy rentable, es un gran negocio. Está
también el género deportivo y demás, pero ese todavía no lo logró
asimilar dónde entraría, porque esa es otra área muy diferente. También
se encuentra el área de los noticieros, que eso también me falta
asimilar.
¿Qué es lo que faltaría por asimilar en esos casos?
Finalmente, qué pasa con los noticieros, que es un modelo que reproduce las coordenadas políticas cotidianas, que
dice dónde estás, cómo estás, cómo va el país y te da una síntesis de cómo gobernar. Y los programas deportivos, pues es
una fuga de la realidad agradable, donde tú formas parte de una filia con un equipo o deportista que te permite
reproducir nuevamente tu
energía cotidiana para poder incorporarte a la cultura del trabajo. Pero esos modelos todavía no me
quedan suficientemente claros.
En este contexto, donde la academia aporta muy poco en cuanto aspectos conceptuales y teóricos, ¿cuál sería
la autocrítica que usted se haría?
Primeramente, debo aclarar que sí hay una nueva área donde se ha aportado, pero se ha aportado porque es una
nueva realidad que ha surgido, que es la sociedad de la información, con todo este mundo de Internet. Ahí sí han surgido
nuevas teorías, pero porque es un fenómeno que ha aparecido y sí se le ha dado descripción y seguimiento, pero no ha surgido una teoría completa, global sobre lo que significa la sociedad mediatizada o sobre la sociedad informatizada
(sic) en México. Ahora, ¿cuál sería la autocrítica que me haría?
Primero, que he tocado muchos temas y no me he centrado en
unos prioritariamente. Yo más bien he sido muy constante en mi trayectoria como investigador, pero los propios caprichos
de las revistas y del mercado son los que obligatoriamente, para difundir algunas de las cuestiones que planteo, me obligan
a cambiar de temática. Es decir, yo he tenido mis proyectos de investigación escritos, pero me llegan a decir que
son repetitivos o recurrentes cuando la investigación tiene que ser siempre a largo plazo para poder profundizar. Es como
las ciencias duras o la medicina, si un investigador no está siempre sobre el seguimiento de cómo encontrar el antídoto a
un virus no puede avanzar. La investigación requiere continuidad. En las ciencias sociales existe una dinámica muy
caprichosa porque los circuitos de publicaciones se
mueven por la lógica del mercado y se mueven por la lógica de una
agenda también muy superficial y también muy coyuntural. La opinión pública requiere ir al fondo de los problemas, algo
que pide normalmente es ir sobre la estructura de los monopolios, pero el tema de los monopolios no es tema atractivo
para todos los meses. Entonces, los editores de las revistas dicen que el tema no es oportuno, no es coyuntural, no es el tema
del momento, está desfasado, es ahistórico. Nada de eso. Es un tema central de la estructura. Pero las revistas han cambiado
su lógica y ahora se mueven hasta por una frivolidad donde no le dan seguimiento a todo, sino cambian cada mes por el
hecho de cambiar y sentirse que están dentro de la estructura de mercado. Ésas son las revistas de divulgación, las
revistas
científicas, por su parte, sí son más constantes, incluso llegan a preparar números temáticos y a ser más profundas.
Ésa sería una primera observación.
Segundo, creo que me ha hecho falta trabajar más
en un ámbito interdisciplinario, pero esa atmósfera no existe todavía
en México. Es decir, no existe un espacio donde trabajemos politólogos,
antropólogos, sociólogos, lingüistas, comunicadores, para estudiar un
problema de la comunicación. Eso me ha hecho falta. Lo he tratado de
hacer de manera personal, pero con mis recursos y posibilidades como
persona aislada, única, no puedo abarcar todas esas áreas de
conocimiento.
La tercera, es que quizá la mayor parte de la
construcción de mi pensamiento sobre la comunicación ha estado centrada
en las estructuras generadoras de la comunicación, es decir los
emisores, y no tanto desde la mirada de los receptores, pero lo tomo
como un punto de partida y una posición, con todas las limitaciones que
esto signifique, yo presento mi manera de ver la realidad con toda la
apertura al reconocimiento de que pueda estar limitada, insuficiente,
pero uno nunca puede abarcar todas las ópticas. Lo que yo he querido
hacer lo reconozco como algo en que he puesto todo mi empeño, todo mi
esfuerzo y aun así sé que es un trabajo que sólo tiene una cierta
concepción y que tiene que ser puesta a discusión, enriquecimiento y
replanteamientos. Es lo que permanente trato de hacer con mi trabajo.
¿A qué revistas se refiere cuando habla de que
ha tocado muchos temas por caprichos del mercado?
Es en general a las revistas que hoy en día circulan, no me refiero a las publicaciones tradicionales de la academia,
sino a las que están ubicadas en otra lógica, en la lógica de la competencia por el mercado.
Ésa es una lógica muy distinta que la académica, pero es una lógica que tiene sus determinantes y limitantes. Es
una lógica que se tiene que ver también con cuidado porque no todo lo que se plantea ahí es lo central, porque por querer ir
tan rápido van un poco como va la programación de televisión, donde cada semana o cada mes construyen nuevas
prioridades y lo anterior se olvida. No hay un seguimiento. Creo que deben tener un área de todo lo nuevo que va aconteciendo,
pero otra
área de reflexión constante sobre los problemas permanentes que existen. Por ejemplo, no contar con los
derechos ciudadanos en comunicación, es decir el derecho de réplica.
Le faltó decir que también hay revistas que analizan temas que la academia no aborda, como
etcétera, por ejemplo.
Yo creo que
etcétera también participa, un poco de esto, de la lógica del mercado. Lo cual no es criticable. Las
revistas tienen que presentar algo novedoso para hacerse atractivas, y eso está bien, pero si se quedan sólo en eso siento que
se quedan únicamente en una lógica del mercado. Entonces es más bien una empresa que se mueve por una lógica
del negocio, no tanto de lo que es la reflexión profunda. La racionalidad
es cambiar de tema cada número.
En el caso de
etcétera discrepo con usted. Nosotros hacemos, hemos hecho, el seguimiento de temas de gran
trascendencia en el ámbito de los medios.
Sí hay seguimiento, sí hay seguimiento...
Le pongo ejemplos: el seguimiento que
etcétera le dio al tema de las radios comunitarias fue decisivo en el
otorgamiento de los permisos a esas radiodifusoras. Hemos dado también un seguimiento puntual a temas como medios públicos y concesiones. O hemos tocado el tema, en numerosas
ocasiones, del poder desmedido que tiene Televisa. Nosotros advertimos,
en abril pasado, la intención, cuando sólo era eso, de Creel de
otorgarle a Televisa permisos para casas de juego. Pero ni los
legisladores ni el sector académico reaccionaron. Nosotros no seguimos
la lógica del mercado. (Al respecto, Javier Esteinou asintió. Minutos
más tarde, con la grabadora apagada, hablamos de la vigencia o no del
pensamiento marxista, del llamado socialismo real, de la
globalización... Un rato después nos despedimos amablemente.)
Investigador titular del Departamento de Educación y Comunicación de la UAM-Xochimilco.