José Antonio Gurrea C. / Javier Esteinou
¿Cuál es el aporte de la academia al análisis de los medios?
La academia se desarrolla en tres grandes
campos. El primero es el análisis del funcionamiento de los medios a
mediano plazo; de hecho, es aquí donde más se ha centrado la
investigación, los analiza con un ritmo más pausado, más meditado, más
maduro. El segundo es el análisis de la coyuntura, de lo que sucede
cada mes, cada semana; en este terreno es donde la academia menos
participa, son las excepciones, este campo es más bien desarrollado por
los periodistas y comentaristas, quienes hacen sus observaciones de
corto plazo y la academia, salvo situaciones muy especiales, no toca
estos puntos. El tercer nivel es donde la academia ha contribuido a
plantear aspectos conceptuales y teóricos para poder analizar la
realidad; aquí, la aportación de la academia ha sido muy reducida, no
ha producido nuevas teorías fundamentales, sino más bien ha sido la
aplicación del arsenal de las teorías ya construidas a lo largo de los
últimos 40 años. La academia no ha contribuido a generar nuevas
visiones o nuevas teorías, sino que ha vivido de las anteriores.
¿Cuáles son las principales razones de este desfase de la investigación en comunicación?
Se debe, de fondo, a la relación
universidad-sociedad. La universidad se encuentra sumamente alejada de
lo que son los aspectos cotidianos de la vida, especialmente en las
ciencias sociales. Vive a través de una serie de agendas de temas que
son señalados por la agenda de los medios o de los congresos,
simposios, del último libro que apareció, la última conferencia llamativa que se presenta, de los últimos eventos espectaculares que se montan, etcétera, pero no da seguimiento a lo
que pasa todos los días.
Eso es tan claro que la academia ni siquiera le da por producir, a nivel descriptivo, comportamientos sistemáticos de
los medios. No logra tener, todos los años, un análisis
fenomenológico de cómo se comportó la radio, la televisión, la
prensa, el cine, etcétera, sino que son observaciones muy casuales. Lo que encontramos, entonces, es que la academia
vive desvinculada de los grandes problemas, y vive en una lógica endógena, respondiendo a preocupaciones,
planteamientos, sugerencias dentro de la misma lógica académica, y no dentro de la lógica de las necesidades sociales.
Muchas veces más que abordar temas prioritarios, la investigación procede de trabajos para acreditar un grado,
o bien se siguen modas académicas.
Exactamente. Lo cual no es tan malo porque es un proyecto sistemático de producción de conocimientos y análisis
muy valioso. El problema es que normalmente esos proyectos quedan
desfasados de las prioridades, poco tienen que ver con
lo que son las demandas estructurales de comunicación.
Por un lado, la academia está alejada del análisis coyuntural y, por otro, poco se aporta en relación con los
aspectos conceptuales y teóricos. ¿Qué hay que hacer para revertir esto?
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La primera cuestión es replantear los estudios y los proyectos de investigación para partir de una pregunta: ¿cómo
con la teoría, las metodologías y las técnicas de la comunicación se puede contribuir a resolver los problemas
comunicativos e informativos que tenemos en nuestro país? La pregunta nos lleva a replantearnos todo este arsenal de apoyos
educativos, culturales, teóricos, metodológicos que se tienen pero para aplicarlos en
lo concreto. Lo que tendría que hacerse es
reubicar y replantear las líneas de investigación que se están desarrollando en las escuelas y formular una agenda colectiva, o
por lo menos institucional, que encare los principales temas que no se están abordando hoy en día. Es decir, hay que partir
de preguntarse todo esto para resolver lo concreto-comunicativo, y no perderse en un mundo desvinculado que es como
un mundo de cristal, donde los investigadores no salen a tomar contacto concreto con los aspectos comunicativos prioritarios.
¿Se puede hablar, entonces, de una crisis en la investigación en comunicación?
Desde este punto de vista sí. Se puede decir que ha existido un
boom en el desarrollo de la investigación, pero este
boom se centra en
cuestiones curiosas, raras, estrambóticas, pero no se centra sobre los aspectos fundamentales. Prueba de
ello es que en el Centro de Comunicación del Consejo para las Ciencias de la Comunicación, en Guadalajara, se
observa claramente que en los últimos 30 y 40 años de desarrollo de la investigación, no hemos podido responder a las
demandas centrales del país.
¿Cuáles serían esos aspectos concretos, esas demandas centrales?
Por ejemplo, nuestro país pasó de ser una nación
exportadora de granos en los años 50, para convertirse en un país
importador de más 70 mil toneladas de alimentos anuales, y nunca se ha
planteado la pregunta cómo desde la comunicación podemos contribuir a
generar más alimentos. Por otro lado, el país es una nación totalmente
contaminada, con lagos perdidos, con la atmósfera deteriorada, y
todavía no surge una sola especialidad que plantee la relación
comunicación ecología. Lo mismo sucede en el terreno de la violencia
donde todas las ciudades se encuentran en una fase de inseguridad, de
irritabilidad por el crecimiento de la violencia y no se ha planteado
aún una línea de investigación especializada y permanente sobre
comunicación y cómo coadyuvar a reducir la violencia. Somos un país con
numerosos problemas vinculados con la salud y con un deterioro de la
salud pública, sin embargo, las escuelas de comunicación no han
planteado cómo desde los medios podemos crear una cultura para la
salud. Hay una desvinculación total de lo central y de lo obvio, de lo
que es el trabajo y las jerarquías que se plantean en el campo de la
investigación.
Puede ser más concreto. ¿Cómo, a través de los medios, se podría reducir la violencia, o detener el ecocidio?
Formando culturas específicas en los medios de comunicación a lo largo de todo el año con el propósito de
combatir todos estos problemas y no dejarlos a momentos excepcionales, a momentos coyunturales o de campañas políticas.
Se trata de concebir y utilizar a los medios como permanentes instrumentos del desarrollo, para formar una nueva cultura
de la ecología, una nueva cultura de la paz, de la sensibilización, de gratificaciones, de límites, de promoción y de
castigos, entre otros puntos. Es decir, que quien no cumpla
apercibirá reprimendas.
Eso de las reprimendas suena muy riesgoso, ¿cómo se podría instrumentar?
No es riesgoso porque se trata de que la sociedad se vigile a sí misma y quien no colabore sea denunciado en los medios. El objetivo es que éstos contribuyan a respetar el orden establecido o el Estado de derecho.
En esta exigua generación de nuevas teorías, el discurso repetitivo, obsoleto, que manejan muchos investigadores
en cuanto al análisis de los medios pareciera que también contribuye al problema. ¿Qué opina al respecto?