El primer dato que hay que resaltar es que apenas poco más de la mitad de las tesis abordan temáticas
de comunicación masiva. El resto incluye, entre otras categorías, estudios sobre Internet, comunicación
organizacional, culturas urbanas contemporáneas, la comunicación en espacios educativos form les (escuelas) o informales
(museos), y estudios sobre el
propio campo académico de la comunicación. Todas estas "otras" temáticas tienen, igual que
las "mediáticas", alta pertinencia social y académica. De las referidas a la comunicación masiva y sus mediaciones,
a pesar de las claras diferencias según la universidad, puede apreciarse que tienen primacía las agrupadas en la
categoría "circulación" sobre las correspondientes a "producción" o a "recepción". Por medios, se ha investigado mucho
más sobre televisión que sobre prensa, y casi nada sobre cine o radio, tanto en esta muestra de tesis como en
conjuntos más amplios.
Según muestran algunos análisis de tendencias disponible en la biblioteca virtual "ccdoc" (documentación
en ciencias
de la comunicación), datos como los anteriores corresponden
grosso modo a las tendencias más
generales en el campo. Pero evidentemente es indispensable "refinar" y multiplicar esos análisis para poder evaluar
sistemática y rigurosamente esa producción y, a partir de esa evaluación, problematizar las articulaciones que la
investigación ha tenido y puede tener con otras instancias sociales interesadas en la comunicación, masiva o no. Hay dos
aspectos básicos en que, sin duda, el campo de la investigación en México está francamente subdesarrollado: la circulación
de sus productos, escasamente conocidos dentro del propio campo, y la evaluación y discusión informadas, al
interior y exterior del propio campo. El proyecto del que forma parte "ccdoc" trata de
proveer a los agentes interesados
de los recursos infraestructurales para satisfacer esas
condiciones.10
Mientras tanto, no puede dejarse de lado otra condición que está sin duda presente, tanto en México como en
el resto del mundo: la pluralidad creciente de enfoques teóricos y
metodológicos.11 La fragmentación es el
desafío mayor para la consolidación del campo académico, pues dificulta en gran medida tanto la formación de
nuevos practicantes como la articulación extra académica de sus premisas, orientaciones y resultados. Y esa
fragmentación sí ha crecido en los últimos años.
Un acercamiento al análisis sistemático de esta creciente pluralidad teórico-metodológica en la
investigación mexicana hace difícil afirmar si, utilizando las categorías más amplias de las ciencias sociales, hay una
tendencia
a "economizar", a "politizar" o a "culturizar" la investigación de la comunicación, especialmente la referida a
los medios. Es decir, no se puede afirmar si se privilegian los marcos de análisis más identificados con la economía,
la política o la cultura, y menos si hay teorías o modelos que predominen. Más bien se constatan avances en todas
las direcciones,12 lo cual coincide con estudios realizados en otros países. Quizá la articulación del
conocimiento académico generado según este patrón de fragmentación, habría que buscarlo con una pluralidad de instancias
y agentes extra académicos. Y hay múltiples ejemplos que ilustran esta tendencia fragmentaria de
vinculación.13
Es muy claro, además, que los notables cambios de los medios en México están complejamente relacionados
con los cambios en la economía, la política y la cultura en el mundo; con la globalización y la desigualdad con que
se manifiesta; con el avance tecnológico y comercial. La creciente relevancia social de los medios es más un efecto
que una causa del cambio, pero su actividad mediadora ha resaltado su papel como agentes de poder, que sus
operadores quieren, obviamente, incrementar y consolidar. Los poderes del Estado, sujetos a su vez a cambios
estructurales profundos, no han encontrado cómo relacionarse con estos poderes fácticos. La creciente atención a los sistemas
y procesos de comunicación supone la atención a mucho más que eso, a no ser que se postule a la
"comunicación" como el factor esencial de la constitución o la reconstitución de la sociedad. Pero entonces, con mayor razón,
queda en evidencia la ausencia de un marco conceptual que sustente tal pretensión.
Generar conocimiento socialmente útil y pertinente es una tarea que acepta múltiples interpretaciones:
algunas privilegian el conocimiento de "aplicabilidad" inmediata; otras la profundización del análisis en marcos
sociohistóricos de escala mayor. En el campo académico mexicano esta tensión, que no se puede resolver sólo discursiva
o autoritariamente, puede ser una clave central de debate y acuerdo colectivo, para evaluar y reorientar las acciones
de un grupo profesional que no está satisfecho con la estructura institucional en la que
trabaja ni con los
resultados hasta ahora obtenidos.
Mientras tanto, sería muy conveniente reforzar los recursos de documentación, tanto de la investigación
académica como de los medios, en diseños abiertos a la consulta pública y elaborados con un buen grado de rigor para
dotarlos de confiabilidad. Un observatorio o, mejor, red de observatorios sobre los medios, a la manera de los que operan
en otros países, permitirá contrarrestar en algún grado la tendencia de los medios a poner en debate social casi
cualquier asunto público, excepto su propia actuación y las bases institucionales sobre las que se realiza. Si la
"transparencia" es un rasgo emergente de la "nueva" democracia, convendría incrementar la disponibilidad de información
validada sobre sus
agentes. Por este camino, quizá, habría mayores posibilidades de incrementar la legitimidad de los
medios como "recursos sociales" y no sólo como agentes de intereses particulares.
Notas
1 Raúl Fuentes Navarro y
Enrique E. Sánchez Ruiz, "Algunas condiciones para la investigación
científica de la comunicación en México", en Cuadernos Huella, núm. 17, 1989, ITESO.
2 Jennings Bryant y Dorina Miron, "Theory and Research in Mass Communication", en
Journal of Communication, diciembre 2004.
3 Sobre todo por el crecimiento del "sector" de las nuevas instituciones privadas que comercializan
"servicios educativos" para la
"demanda" insatisfecha por las universidades públicas.
4 Como la investigación que realizan las agencias comerciales especializadas en
ratings, estudios de audiencia, de mercado, de opinión,
cuyos resultados, a diferencia de los de la investigación académica, son confidenciales.
5 Según los datos más recientes de la ANUIES (www.anuies.mx).
6 A diferencia de las
licenciaturas, la acreditación de la "calidad" de los programas de
postgrado está bien establecida en el país, a cargo del Conacyt
(www.conacyt.mx). El número de programas de maestría en comunicación
acreditados en sus "padrones" ha variado en los
últimos años, entre tres y seis. El número de doctorados acreditados donde hay alguna línea, especialidad o área de
concentración en comunicación es también de entre tres y seis.
7 UNAM, UAM-Xochimilco y UIA
en la ciudad de México; UdeG e ITESO en Guadalajara, y la Universidad
de Colima o más recientemente el ITESM, campus Monterrey.
8 Pues es evidente que los
"medios", como instituciones sociales, operan en esferas que la
investigación de la "comunicación" no puede abarcar, sino que, por el
contrario, requeriría como insumos provenientes de otras especialidades
de investigación, como las dimensiones económicas, políticas,
tecnológicas, financieras, estéticas, lingüísticas, organizacionales,
legales, etcétera. La "interdisciplinariedad" en este campo, en México,
ha sido hasta ahora más un tema de discusión que una práctica
establecida.
9 Ésta es una muestra
incompleta de las tesis presentadas en esas universidades en ese
periodo, y la clasificación temática es provisional. Los datos forman
parte de un proyecto de investigación en desarrollo, que todavía no
arroja resultados bien fundados.
10 Producto principal del
proyecto coordinado por Raúl Fuentes Navarro y apoyado por el Conacyt,
consistente en un sitio Web (http://ccdoc.iteso.mx) abierto a la
consulta pública en octubre de 2003, con referencias a más de cuatro
mil productos publicados (libros, capítulos, artículos en revistas
académicas, tesis de postgrado), de 40% de los cuales puede disponerse
en línea. Sigue en proceso tanto la incorporación de referencias como
la digitalización de documentos. No se conoce un recurso documental
equiparable sobre otra especialidad científica en el país.
11 El estudio de Bryant y
Miron, realizado sobre una muestra de mil 806 artículos publicados en
tres revistas académicas estadounidenses entre 1956 y 2000, encontró
"mil 393 referencias a 604 diferentes teorías, paradigmas científicos
generales y escuelas de pensamiento, que han sido desarrolladas por
investigadores de la comunicación o importadas por ellos de diversas
disciplinas con el propósito de explorar fenómenos de comunicación
masiva". Un análisis un poco más fino, sobre artículos publicados entre
2000 y 2004, les hace concluir que "ninguna de las teorías de la
comunicación masiva más populares en el siglo XXI parece
particularmente propicia para explicar, predecir o incluso acomodarse a
los notables cambios que están ocurriendo en nuestras instituciones
mediáticas, sistemas de mensajes y audiencias".
12 Raúl Fuentes Navarro,
La investigación académica sobre comunicación en México. Sistematización documental
1995-2001, Guadalajara, ITESO, p. 25.
13 Dos de ellos son la Cátedra
Televisa, establecida por concurso en el campus Monterrey del ITESM y
diversos estudios empíricos sobre la cobertura mediática de las
elecciones, realizados por convenios entre el IFE y algunas
universidades. En estos casos, lo más interesante quizá es el
compromiso de publicación de los resultados.
Profesor-investigador del Departamento de Estudios Socioculturales del ITESO, Guadalajara. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores y de la Academia Mexicana de Ciencias.