¿A dónde va Proceso?
Proceso es el semanario político más influyente del país. Lo es a fuerza de perseverancia y vocación periodística desde hace 27 años, cuando los mecanismos de sujeción y control del viejo régimen y también ahora que México vive la ruta de consolidar su democracia. No hay publicación exenta de errores, pero las virtudes de Proceso son indudables y éstas pueden diluirse si mantiene los descuidos, las omisiones y las distorsiones informativas que han prevalecido desde hace cuatro meses a la fecha.
Proceso de deterioro
Las exprese o no, definiciones políticas las tiene cualquier empresa editorial, más aún en el contexto de crispación pública como el que hay en el país. Es natural. Sin embargo, Proceso pasa por momentos difíciles cuando su postura lo lleva a distorsionar las noticias en deterioro de su credibilidad ganada a pulso y en menoscabo del derecho a la información de sus lectores, que son los más en el mercado. La ruta se acentuó desde la difusión de los videos de marzo, cuando, en la edición 1427, Proceso le dijo a Andrés Manuel López Obrador: "Bienvenido a la realidad".
El hebdomadario que dirige Rafael Rodríguez Castañeda simpatiza con López Obrador y está en su derecho. Pero el cuestionamiento surge cuando, por ejemplo, en su afán de secundar la teoría del complot propalada por el jefe de gobierno de la ciudad de México, Proceso califica como "siniestro" a quien corrompe y considera víctima de una trampa a quien aceptó ser corrompido.
En la portada del 4 de abril René Bejarano está sin lentes, vestido sport y sentado en el piso; parece un prefabricado cantante de pop. La nota de Raúl Monge despliega ampliamente, sin cuestionamiento alguno, las declaraciones del señor Bejarano. El ex operador político de López Obrador acusa a Televisa y a Carlos Ahumada de fraguar una conspiración en su contra.
En contraste, el dueño del Grupo Quart ha ocupado cuatro fotos de portada: cuando fue preso hace varias décadas ("Carlos Ahumada. El siniestro"); en un fotomontaje con Carlos Salinas de Gortari ("La relación secreta"); al ponerse la ropa cuando entró a la cárcel ("Salinas-Ahumada. La conexión aérea"), y luego tras las rejas ("Ahumada. Mujeres y dinero"). Más allá del intento de defenestrar lo más posible al señor Carlos Ahumada y del precario sustento informativo que ha empleado para eso, destaca la omisión de la revista sobre los actos de corrupción en los que participaron varios funcionaros del gobierno del Distrito Federal.
De marzo a la fecha, los planteamientos, sesgos y énfasis informativos de Proceso son similares a los de la estrategia política de López Obrador. Además de los ejemplos citados arriba, otro sugerente es cuando el 11 de abril la revista, en coincidencia con el jefe de gobierno del Distrito Federal, difundió con amplio despliegue el texto "Cómo se manipularon los videos del escándalo". Es un trabajo del Canal 6 de julio que describe la supuesta manipulación técnica de los videos del escándalo. La nota de Gloria Leticia Díaz le confiere verosimilitud a la labor de la empresa dirigida por Carlos Mendoza, un aliado tradicional del PRD. Pero, sobre todo, el relieve noticioso omite la corrupción exhibida en franca contradicción con la tradición de denuncia que tiene Proceso en temas como ése.
Semanas después, el 20 de junio, la revista publica el trabajo de Jesusa Cervantes y José Gil Olmos que titula "El arte de la resistencia"; recoge testimonios sobre el tabasqueño donde destacan los elogios, entre otros, "como un político de convicciones y de grandes habilidades políticas que sabrá capitalizar la amenaza de desafuero que se cierne sobre él, para ganar simpatías y votos rumbo a la elección presidencial de 2006". La foto del señor López Obrador ocupa la portada de la revista junto con el título: "Va con todo".
Proceso descuidado
De un tiempo a la fecha, también, Proceso se edita con notable descuido y, desde luego, no nos referimos a los errores editoriales, por cierto cada vez más recurrentes (entre los que incluso está la confusión sobre una fecha de edición en la portada). Aludimos a la sustancia de esa revista, o sea, al descuido de sus reportajes que, por eso, cada vez reciben más desmentidos contundentes sin que prive la autocrítica en la revista.
Un ejemplo es el reportaje que publicó el 16 de mayo con la firma de José Gil Olmos, quien dio verosimilitud a documentos que involucrarían al ex gobernador de Veracruz, Patricio Chirinos, y a su ex secretario de Gobierno, Miguel Ángel Yunes, como encubridores de un narcotraficante. Cuando la PGR dijo que esos papeles eran apócrifos, la perspicacia de los editores de Proceso consideró el desmentido "como inusual, por su rapidez" y entonces lo relegó. Tanto, que el 23 de mayo insistió en acusar al diputado Yunes, en un claro sesgo que interfiere en las disputas políticas de los militantes del PRI en Veracruz.
Proceso sin novedad
Otro ejemplo que muestra el descuido está en la edición del 20 de junio. Es la reseña de un documento de la Comisión Europea del que, advierten los reporteros, "Proceso posee una copia". Anne Marie Mergier y Homero Campa dicen que la UE solicita a México eliminar las restricciones a empresas extranjeras en áreas clave reservadas por ley al Estado mexicano o a ciudadanos de ese país. Esa información, sin embargo, se publicó el 17 de marzo de 2003, es decir, hace más de un año, en Milenio Diario, con el trabajo de Marco Appel, quien dio a conocer tal documento.