Las concesiones de nunca acabar
Hace dos años Pedro Cerisola informó que la SCT haría estudios de factibilidad para abrir paso a
"nuevos operadores" de radiodifusión. El anuncio, hecho en el marco de la semana de la radio y la televisión, fue
saludado por el entonces presidente de la CIRT, Jorge Mendoza:
"Desde hace más de diez años no se entregan nuevas concesiones. En algunos lugares del país se necesitan
nuevos operadores y si reúnen los requisitos de ley no hay razón para frenar las concesiones."
En esa ocasión Cerisola advirtió que no había prisa, que el plan se echaría a andar cuando estuviera muy
bien afinado. En octubre de 2004, el subsecretario de Comunicaciones, Jorge Álvarez Hoth, entregó el proyecto
que especifica las frecuencias que podrían emplearse en el país, el lugar y su alcance, así como el nombre de quienes
han solicitado las respectivas concesiones.
300 frecuencias podrían ser susceptibles de usufructo, advierte el estudio que el Presidente de la República
encarga como base para impulsar una estrategia que promoviera acuerdos entre los actores para llevar a buen puerto
la entrega de los títulos de operación de radio y televisión. Ramón Muñoz Gutiérrez, titular de la Oficina de la
Presidencia para la Innovación Gubernamental, fue designado como el principal responsable de promover esa política,
sustentado en el conocimiento técnico y las relaciones con la industria del ya mencionado subsecretario de Comunicaciones
de la SCT. Las condiciones eran inmejorables y no sólo por lo que había dicho al respecto Jorge Mendoza. El
gobierno federal recién había renovado, hasta el 31 de diciembre de 2021, 393 concesiones de televisión operadas por
TV Azteca (169) y Televisa (224) como parte del aliento al desarrollo de la TV digital aunque también, sin duda, fue
una decisión política que favoreció a esas empresas.
Es decir, el gobierno federal tuvo tiempo suficiente para desarrollar el proyecto e incluso para atender
también, dentro de éste, el problema de las frecuencias de Amplitud Modulada, que están en pleno desfase tecnológico y
que pueden diluirse sin que se les presente alguna opción, con el riesgo que ello implica, sobre todo en la disminución
de la oferta radiofónica y la concentración mayor de los grandes grupos. El gobierno tuvo tiempo y recursos,
reiteramos, pero lo hizo muy mal.
Compromisos en chino
Establecer una política que lograra acuerdos era imperativo, más aún cuando poco más de dos años antes el
Presidente de México se había comprometido con los más altos funcionarios de Televisa a que en su administración el
gobierno no entregaría concesiones de radiodifusión. Eso ocurrió el 8 de junio de 2001 en China. Sí, justo el día en el que
la comitiva del Presidente de la República jugó a las escondidas en el Museo de los guerreros y caballos de terracota.
Varios integrantes de la delegación, tanto colaboradores como invitados, fueron consultados por
etcétera y todos coinciden, pidieron el anonimato: Vicente Fox se comprometió con Emilio Azcárraga Jean y Bernardo Gómez a
no otorgar concesiones. El asunto no es menor porque, como se sabe, al paso de los años, el gobierno tendría
otra opinión y empresarios como Olegario Vázquez Raña y Juan Francisco Ealy Ortiz enfatizarían en su interés de
participar en esa industria y lo harían con una seguridad tal que, en los primeros meses de este año, el señor Vázquez
Raña construiría dos enormes estudios de televisión en sus oficinas de Polanco.
¿Y el proceso?
Éste fue un error clave: el gobierno federal nunca hizo oficial el proceso de otorgamiento de asignación de
concesiones aunque éste existía porque lo impulsó soterradamente. No lo aceptó frente a múltiples requerimientos formales
e incluso frente a peticiones hechas sobre la base de la ley de transparencia. En una torpeza inaudita el gobierno
llegó a negar que existiera tal proceso y, al mismo tiempo, sistemáticamente advirtió que dentro de sus prerrogativas
la SCT podría resolver en tal sentido cuando lo considerara oportuno. O sea, como para que cada quien pensara en
que era posible informarse en el Diario Oficial de la
Federación, en cualquier momento, sobre la asignación de
los títulos respectivos.
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Veamos un ejemplo de aquel desplante autoritario. El 21 de julio pasado, el diputado federal Javier Orozco
Gómez, presidente de la Comisión de Radio y Televisión, envió una carta a Pedro Cerisola. En ésta, el legislador pregunta si la SCT tiene contemplado iniciar algún proceso de asignación de concesiones. El 9 de agosto, respondió el
director general de Radio y Televisión, Jorge Rodríguez Castañeda, y no el titular de la secretaría. En la misiva se dice que
tal proceso no existe pero que dentro de sus facultades la SCT lo puede iniciar cuando quiera. En otra carta, el
diputado Orozco advirtió que, en virtud de la falta de respuesta del secretario, el órgano que él preside podría dirigir su
queja con el Presidente de México. (Lo mismo ocurrió en el Senado, cuando el 28 julio el senador Héctor Osuna hizo
la misma petición.)