Beatriz Solís Leree
La responsabilidad de comentar el papel de la investigación de la comunicación es sin duda un difícil reto, en particular si uno es sujeto involucrado, pero lo acepto pues considero necesario que el tema se visualice y también, por qué no, genere debate.
El ejercicio de la crítica, la producción y reproducción de visiones del mundo son atributos de la función
intelectual, y para ello, la investigación es eje central. También su capacidad reside en la construcción de visiones
integradas, independientes de los intereses en conflicto, sin embargo, su sentido político radica inevitablemente en
la intencionalidad misma de la reflexión, en el sentido y dirección que su propia congruencia, o conciencia le dicta
a quien la realiza. No considero que pueda haber una investigación ajena o abstraída de la realidad que investiga,
la investigación de la comunicación en esta dimensión obliga necesariamente a pensar en lo que hacemos, a ubicar
la realidad no como un objeto del pensamiento, sino como aquello que lo activa.
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Los investigadores o los resultados de sus trabajos se expresan en varias tendencias: investigaciones orientadas
a sustentar el cambio de las situaciones que se oponen al desarrollo democrático de la sociedad, otras integradas a
los círculos del poder cuya función es la de sustentar, dar congruencia integrada a las ideas que permitan reproducir
el
statu quo, una tercera tendencia que define a los investigadores como "especialistas públicos"
donde predominantemente se convierten en "líderes de opinión" cuya influencia se da más por el poder mediático en el
que aparecen, que por el poder de la razón o la crítica, donde el lenguaje mediático que todo lo reduce a tiempos
y espacios de divulgación, desplaza el espacio y permanencia del pensamiento. Finalmente está otro escenario para
el trabajo de la investigación, el que se ubica en las universidades, el académico docente, donde abunda el
trabajo aislado y solitario, y que ahora se encamina primordialmente a buscar formas de generar ingresos adicionales.
La carrera del investigador ya no es por el pensamiento y la creación intelectual, sino por la supervivencia, por
las mediciones de productividad cuantitativa y la competencia por los recursos cada vez más escasos.
Por otro lado, el objeto de estudio tradicional, como una ameba carente de forma y por lo tanto difícil de
delimitar, fue desplazando a los saberes disciplinarios que fragmentan una realidad que tercamente nos demuestra la
esterilidad de ese esfuerzo. El esfuerzo del investigador de un campo tan amplio y multifactorial pero sobre todo tan
poderoso e influyente en la definición del comportamiento económico político cultural y social, y en constante
movimiento, no da cabida a miradas únicas ni perecederas. Este ensanchamiento del objeto pudo, en algunos, generar una
soberbia académica, sin embargo debemos reconocer que la comunicación no es todo, pero si debe ser analizada desde
todas partes.
Para el trabajo de investigación en el campo de la comunicación, nadie puede ostentar el monopolio de la
razón. Ya no hay espacio para las corrientes de pensamiento dominantes, en el ejercicio de la crítica y explicación de
los fenómenos comunicativos donde podamos encontrar la luz para asumir nuevos caminos y acciones, entran
muchos actores. Preguntar por éstos y su relación con el poder mediático es también cuestionarnos por los escenarios de
la acción política y sobre las formas de organización social y su relación con la investigación.
Se hace indispensable, entonces, la orientación del trabajo intelectual que permita la interacción con los
campos de la política, sin desconocer que atravesando éstos, está la sociedad. El paradigma es establecer una relación
entre la investigación que es pensamiento crítico, y la acción concertada, para que en el uso de la facultad de juicio
crítico, podamos ofrecer a la sociedad, a los actores directamente vinculados con la
acción,1 una reflexión sobre "el
sentido de las tareas que cumplen las distintas instituciones del Estado, los poderes (incluidos los medios) y su
impacto sobre los distintos sujetos y colectividades que integran la
sociedad".2
Los investigadores tendríamos que resistir la tentación de sentirnos un grupo ajeno a la sociedad y enfrentar
el reto que significa intervenir en la comprensión y definición de formas de relación con las estructuras
institucionales que enmarcan la interacción entre los medios, el Estado y la sociedad.
Es la realidad concreta, en los asuntos específicos de alguna parte de ella que consideremos fundamental
transformar, la que debe activar el pensamiento. Plantear una revisión de los postulados originales para una mejor articulación entre sus premisas teóricas y su concreción práctica es un reto fundamental.
Plantearse un estudio sistemático de este nuevo escenario es particularmente pertinente como panorama al
cual deberán enfrentarse de inmediato los profesionales de la comunicación. Los investigadores debemos asumir
el conocimiento y promover la acción como sustento político de nuestra actividad, so pena de que las prioridades
de nuestras tareas sigan estando determinadas por lo que atinadamente Raúl Trejo detalló como: "La trivia más que
la academia, las ganas de sentirnos contemporáneos, más que el diagnóstico científico de las necesidades nacionales.
Y así posiblemente no son el desarrollo de los medios, ni mucho menos del país, sino las modas académicas lo
que establece nuestros temas para tesis, coloquios y conferencias e
investigaciones".3
El reto es profundizar el análisis de la comunicación como un asunto fundamentalmente político, es
preguntarnos por sus actores, principios, reglas y escenarios en los que la comunicación está presente. Lo político y lo público;
lo tecnológico y lo cultural, no como fines en sí mismos sino como espacios donde descubrir las relaciones que
los hombres establecen con los medios.
Si bien es cierto que el ejercicio de la investigación requiere la facultad de pensamiento que busque sentido a
las cosas, sometiendo a examen la experiencia, también es cierto que es necesario el examen crítico de las opiniones
a fin de descongelar lo que el lenguaje ha congelado en "clichés, frases hechas, adhesiones a lo convencional,
códigos estandarizados que cumplen la función socialmente reconocida de protegernos frente a la realidad, es decir, frente
a los requerimientos que sobre nuestra actividad pensante ejercen los acontecimientos y hechos en virtud de su
misma experiencia...".4
Hay que insistir en un campo de la investigación que apuntale la construcción de nuevos espacios que
permitan que los hombres se acerquen a los hombres. Detectar y cultivar espacios públicos autónomos, investigar sus
formas de relación y su potencialidad política como forma de resistencia, será sin duda una enriquecedora tarea para
una nueva forma de afrontar la investigación, en particular de las políticas de comunicación necesarias.
Para finalizar, permítanme referirme a la respuesta de Richard Sennett a la pregunta acerca de cómo lograr
un pensamiento social justo: "No puede ser (sólo) a través de una política de toma de posiciones, ni (sólo) a través de
la universidad. La neutralización (parcialización) de los problemas, que sucede al sacarlos de la acción, no es tan
sólo un problema para la sociedad, sino también para los intelectuales. La (búsqueda de un pensamiento social justo)
nos da la sensación de estar en una especie de suspensión social de la que hay que salir para reencontrar una idea (...)
y no sólo se trata de reencontrar algo perdido, sino de inventar una manera de trabajar que produzca, en efecto
la 'carne de lo social'".5
Notas
1 El hecho de que la actividad política se defina por la acción no significa que quien se ubica en ese escenario no se encuentre obligado a pensar, aunque mucha experiencia pareciera probar lo contrario, tampoco implica que quien se dedique a la vida académica
esté impedido de actuar políticamente, muchos ejemplos tenemos de que la acción política del intelectual es indispensable y valiosa.
2 Carmen de la Peza,
La interrelación entre los campos político y académico de
comunicación, mimeo, México, 1999.
3 Raúl Trejo Delarbre, "La sociedad televidente", en
La Jornada Semanal, México, 25 de mayo, 1986.
4 H. Arendt,
De la historia a la acción, Paidós, 1995.
5 Joel Roman, "Una mirada a la ciudad", entrevista con Richard Sennet, en
Revista Versión, núm. 5, abril 1995, UAM-Xochimilco, México.
Profesora de la UAM-Xochimilco y miembro de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información.