Super cuarto poder
Bajo su mando se encontraban todas la instituciones que supuestamente protegían a la sociedad: los jueces,
la policía, el ejército. Parecía que su plan maquiavélico se había cumplido a la perfección. Pero no contaba con
nuestro héroe, que únicamente es vulnerable a la ausencia de publicidad. ¿Podrá nuestro paladín derrotar a su
poderoso archienemigo? Hagan sus apuestas para nuestro siguiente número y... descansen si pueden.
Quizá no era un profesión tan vistosa ni llamaba tanto la atención de los preparatorianos ávidos de
notoriedad como lo es ahora. Sólo ello explica por qué Jerry Siegel y Joe Shuster le hayan dado a uno de los tres
prototipos heroicos del siglo XX: la profesión de reportero. Y se recalcaba: "Bajo la inocente apariencia del tímido
reportero Clark Kent se esconde Superman, el Hombre de Acero". De hecho, en 1938, Clark Kent no brillaba por ser una
pluma connotada, ni siquiera por tener una iniciativa deslumbrante, pues ese papel estaba reservado para su
agresiva compañera Luisa Lane, modelo a seguir por miles de chicas que después transformarían al periodismo en punta
de lanza del feminismo. Sin embargo, a pesar de su notoria mediocridad, Clark Kent era la fachada perfecta para
que el Hombre de Acero llegara a rescatar al mundo.
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No es infrecuente que los héroes del cómic se escondan en el periodismo. Tenemos que regresar a la
segunda década del siglo XX para encontrar el primer ejemplo notable: no es superhéroe, pero es invencible. Se trata
del simpático, testarudo, medianamente inteligente, irresponsablemente osado, noble y quijotesco Tintín, quien en
su primera aventura se embarca al país de los Soviets, para denunciar desde los feudos de Stalin la gigantesca
mentira. Tintín siguió siendo periodista, por lo menos así se le presentaba, pero jamás le vimos preparar un reportaje, ni
tomar notas para una crónica. De hecho, sus colegas, que aparecían frecuentemente en sus aventuras, se vieron
mucho más activos en la chacaleada que el chaparrín de los bombachos, siempre ocupado en sus periplos
interminables y sus hazañas inverosímiles.
Pero donde los medios han encontrado dedicados prosélitos es en los superhéroes de historieta. Aunque
algunos presumen profesiones nada rutinarias (Batman es un rico playboy, el Linterna Verde original es piloto de
pruebas), la mayoría se dedica a trabajos que los sitúan en una medianía social que favorece sus urgencias de
ocultamiento. Así, encontramos que Steve Rogers, el Capitán América, escribe cómics; y que la profesión de Wonderman es
doble cinematográfico, algo que jamas lo hará figurar en marquesinas. Karl Rainer, novato Linterna Verde, es un
modesto diseñador de el diario El
Planeta (sí, el mismo de Superman). Y el poderosísimo Capitán Marvel trabaja en una
estación de radio.
Dejando a un lado un caso extremo, el del Fantasma del Espacio, que cuenta con una
talk show real que ha sido las delicias de más de un famoso, el último caso digno de mención es el de Peter Parker, fotógrafo de poca
monta, cuyas mayores desventuras no se deben a su avieso jefe, sino a los problemas inherentes de ser el asombroso
Hombre Araña. Con el mayúsculo éxito de la nueva cinta sobre el personaje toda valoración sale sobrando (los récords
nos apantallan, es impresionante que haya hecho tanta lana). Baste decir que el Hombre Araña jamás brillará en
su trabajo convencional, y que los verdaderos héroes son los millares de periodistas que tienen que sobrevivir sin
super poderes, con sueldos de hambre y con la aplastante persecución de otros, ellos sí, enormemente poderosos.
Nota de Salvador Quiauhtlazollin.