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Así lo dijo Juan Francisco Ealy Ortiz el 1 de octubre de 1992:
"La crítica incomoda frecuentemente y hasta irrita en ocasiones. Sin embargo, es necesario hacerla,
porque contribuye a esclarecer y a buscar mejores caminos de solución. La libertad de prensa, que es norma cotidiana en
El Universal habrá, pues, de continuar; a plenitud y severidad si se quiere, pero respetuosa siempre."
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El 7 de agosto Álvaro Delgado publica en
Proceso dos textos. En uno, que es el principal, difunde parte de
la información obtenida por Daniel Lizárraga y así lo advierte Delgado. En otro, el reportero de
Proceso denuncia dos casos de censura en aquel semanario (que, aquí, nosotros, hemos pormenorizado). Al día siguiente, Lizárraga
es convocado a la reunión semanal de evaluación de
larevista. La invitación es inusual y Lizárraga intuye la
razón. Cuando asiste, el rostro desencajado de Nacho le confirma la sospecha.
El director de larevista está muy enojado con él y ha resuelto no dejar pasar la afrenta. Faltaba más. Nacho
no parece ni soldado en retiro ni un hombre vencido, es la imagen fiel de un director claro y firme frente al equipo,
un Alejandro Magno que exige disciplina. Frente a todos los presentes acusa a Lizárraga de haber filtrado
información a Proceso. Varios de sus compañeros consultados por
etcétera afirman que Rodríguez Reyna le dijo al
periodista "traicionero, me exhibiste", "ya no tienes cabida en este proyecto"; "el reportaje de
Proceso es una calca de tu trabajo". La descalificación también alcanza a Rodolfo Montes, pero él está fuera de la ciudad.
Daniel Lizárraga y Rodolfo Montes pasan de ser víctimas de la censura a villanos, a "traidores". En
cambio, Ignacio Rodríguez Reyna no se siente ni víctima ni villano, sólo calcula cómo saldrá de
larevista, y para ello se ha reunido con varios colegas suyos a fin de convencerlos sobre lo idóneo de que el proyecto que encabeza
continúe aun sin el auspicio de El
Universal, pues el dilema que le pusieron arriba no es si se queda o no. Si eso
fuera, intentaría renovar el pacto con su equipo y continuar. Por cierto, entre los directivos de
El Universal y los periodistas que ahí trabajan escasearon las muestras de afecto para con los editores de
larevista. Parece que, como Nacho advierte a sus compañeros, en
El Universal hay que agachar la cabeza.
El 15 de agosto, Lizárraga renuncia y días después confirma el clima de hostigamiento aunque lo trata de
justificar: "Es entendible, es parte de la inercia de todo lo que pasó", comenta, y luego dice que él no filtró la información
a Proceso.
"Se trata de acusaciones sin fundamento, de excesos. La estructura y el enfoque de ambos trabajos son
similares, pues se trata de resoluciones públicas del IFAI que así están presentadas. De hecho, la carne, la sustancia del
reportaje no se ha publicado aún. Faltan las fichas de depósito de Inbursa, los contratos personalizados del equipo de
transición, los detalles de la resistencia tanto de la Unidad de Enlace de Presidencia como de la Unidad de Enlace de la
Secretaría de Hacienda". El texto fue publicado en la edición de
Proceso del 28 de agosto, con la firma del reportero que, desde entonces, trabaja en ese hebdomadario. (Por cierto, el trabajo no es tan revelador como se esperaba, lo que habla
de lo extremadamente cuidadoso que se ha comportado Ealy con tal de no incomodar al Presidente.)
Lizárraga dice que renunció más de 15 días después de haber sido censurado porque "quería tener la cabeza
fría antes de tomar una decisión de ese calibre. Ya más tranquilo me di cuenta que no tenía nada que hacer ahí". Habla
del ambiente en el interior de larevista, las tensiones diarias, la angustia de vivir con la amenaza de la censura,
el desánimo que hay en casi todos.
De lo dicho por él y por los demás entrevistados que pidieron el anonimato, puede inferirse que el
proyecto concluyó, al menos en El
Universal. Lo que aún no puede saberse es cómo.
Nota
El mes pasado comentamos sobre quienes afirman que no hay nada más antinatural para el periodismo que
las fuentes anónimas. Nosotros estamos convencidos de que existen casos en que no es así, más aún, son
circunstancias en que no hay nada más natural para el periodismo que eso precisamente, recurrir a las fuentes anónimas. De
otra manera no hubiéramos sabido, empleando recursos de verificación naturalmente, qué es lo que pasó en
larevista y cómo fue censurada. El asunto no es menor, y justamente por eso se echa de menos que, con excepción de
Proceso, en ningún otro circuito de los medios se haya comentado el asunto. Por supuesto, nosotros somos los
únicos responsables de lo que aquí se dice.
etcétera