Nace otra (fugaz) estrella
La cámara de televisión enfoca a la joven mujer que, llama la atención, presencia solitaria el partido
América-Peñarol en el Estadio Azteca. Ésta, cabello teñido de rubio,
piercing en el ombligo y pantalón de mezclilla,
porta una playera del equipo de casa que, rasgada intencionalmente, deja ver el pequeño top negro que concentra
las miradas. Actúa desenvuelta y mira fijamente a la cámara; en dos, tres ocasiones, amaga con levantar playera
y top. Finalmente, los telespectadores comprueban que el balón no es ni lo más atractivo ni lo único redondo
en el estadio y, a diferencia de lo que sucedió en otro coloso, en Estados Unidos, irrumpen en aplausos. En
ese momento comenzaron los 15 minutos de fama de la mujer; también, uno más de los deplorables
espectáculos (¿prefabricado?) de la televisión comercial.
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Enfáticamente, Televisa la presenta como una espontánea. La empresa localiza a la mujer en una ciudad
con más de 20 millones de habitantes y ella comienza a aparecer en diversos espacios televisivos, donde confirma
su desenvoltura frente a las cámaras. Así, el 17 de febrero es entrevistada por Brozo en
El mañanero (a quien le pide ser su padrino "artístico"), y ese mismo día por la noche aparece en vivo en
Televisa Deportes, donde asegura no haberse dado cuenta de que había una cámara. En esa emisión da a conocer sus supuestas motivaciones:
"Pues, la gente gritó: ¡qué se encuere!, ¡qué se encuere!, y yo no los quise decepcionar". En este entorno, se le
comienza a candidatear para que integre el próximo
Big Brother. ¿Alguien se acuerda de Denisse Padilla o de Silvia Irabién?
(Ah, en ese partido ganó el América 3-1.)