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El horizonte de las radios comunitarias


Hace justo tres años etcétera agregó a sus causas el fortalecimiento de las radios comunitarias en México. A mediados de 2003, primero sustentó la demanda para que éstas obtuvieran el permiso de operación del gobierno federal, y lo hizo en una situación extraordinariamente difícil porque una y otra vez hasta finales del año siguiente, a instancias de la SCT, el Ejército estuvo a punto de intervenir las instalaciones de cada estación. En junio de 2004 privó la sensatez promovida por el entonces titular de Gobernación ante el Presidente y durante los meses siguientes el gobierno entregó 12 permisos. Esto, además de la presión de la llamada opinión pública nacional e internacional.

Cada edición de esta revista, sobre todo la que abarca el antedicho periodo, es testimonio del logro de esas emisiones que, sin duda, desde una óptica de Estado, es el suceso más importante y alentador que se ha dado en materia de medios de comunicación en el México moderno ­ocurrido aún en el vetusto marco legal de radiodifusión y frente a la indiferencia de posturas "radical chic" que casi nunca abordan el tema­. Aproximadamente 800 cuartillas difundidas aquí sobre este asunto, lo decimos más orgullosos que con vanidad, verifican que las radios comunitarias no son sólo un fenómeno nacional sino mundial que se gesta en el entramado de las sociedades modernas como canal alternativo a los medios de comunicación privados y aun públicos. Y dicen algo más, esas páginas dicen que esto no hubiera sido posible sin una estrategia política inteligente porque hizo propuestas y porque fue incluyente y creativa, no mesiánica ni autoritaria. Y no ganó todo, si no parte, y por eso no se quedó con nada. Dio un paso central.

Por razones económicas y políticas ­y contando con la aquiescencia del gobierno federal­, la mayoría de los grupos mediáticos no aceptan que para las radios comunitarias se fijen los mecanismos legales y financieros que den certidumbre a la operación de esas estaciones. No lo aceptan porque quieren ser los únicos protagonistas de la vida pública dentro del ramo y también porque no quieren que el Estado oriente recursos para garantizar la solvencia operativa de las radios comunitarias. En ese terreno y con esa concepción es inimaginable para ellos abrir opciones de financiamiento tales como el patrocinio y la venta de publicidad. Nosotros decimos con todas sus letras que estamos de acuerdo con lo uno y con lo otro, como vías alternas a la responsabilidad central que para esos efectos tiene el Estado.

La función social de las estaciones comunitarias no la tienen los medios privados, no está en su naturaleza y quienes aplican la ley son permisivos con ellos. Por eso la estatura intelectual y moral de aquellas estaciones marginales es infinitamente distinta a las decisiones de programación a que obliga el imperio del rating. Tienen derecho de existir las comunitarias, más aún, eso es una condición para fortalecer la democracia. Y ese derecho ha de abrirse paso en la compleja realidad nacional, en el entorno de un reglamento o en el deseable caso de una nueva ley de medios públicos y comunitarios, en el marco de la iniciativa paralela que discutirá el Congreso o fuera de él.

Todo esto, una vez más y además de las que falten, queda sustentado en las siguientes páginas con las que también hacemos un reconocimiento a todos los operadores y a las comunidades que hacen posible el milagro del funcionamiento cotidiano de las radios comunitarias. A todos ellos les mandamos un abrazo fuerte y emocionado, lo hacemos convencidos de su causa y dispuestos siempre a perseguirla con ustedes. Porque como diría el clásico aquel de hasta la victoria...

MLT




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