Vicente Fox Quesada
"Sin democracia, la libertad es una quimera"
Octavio Paz
En ausencia de democracia, las personas no pueden ejercer cabalmente su derecho a la libertad. Las y los mexicanos
lo sabemos porque lo vivimos durante años. La
censura, la represión y la cooptación del régimen autoritario que
padecimos durante más de siete décadas hicieron una quimera de las libertades ciudadanas consagradas en nuestra Constitución.
Se trataba de un derecho que, en la práctica, no se podía ejercer.
Prueba de ello lo encontramos en los múltiples obstáculos que impedían el ejercicio de una de las libertades básicas:
la libertad de expresión. Si no estaban formalmente prohibidas, era un hecho que las críticas al gobierno se toleraban poco
y mal: quien osara externarlas sabía que tendría que pagar las consecuencias. Por supuesto, las críticas al Presidente
en turno eran impensables.
Hoy, afortunadamente, esto ha cambiado. La democracia que vive México ha dado plena vigencia a las libertades
que garantiza a toda persona nuestra carta magna. Muestra de ello es el absoluto respeto del gobierno federal a la libertad
de expresión.
La contribución de los periodistas
Siempre he pensado que, en esencia, la democracia es diálogo: un diálogo abierto, respetuoso y fluido entre
diferentes formas de ver el mundo; un diálogo que fomenta un debate enriquecedor entre esos diferentes puntos de vista, y
promueve así acuerdos y la toma de decisiones en favor del bien común.
Ese diálogo fecundo requiere de libertades, fundamentalmente de la libertad de expresión, la cual nos fue
sistemáticamente negada a las y los mexicanos por el régimen autoritario. Mientras millones de mexicanas y mexicanos luchaban para
poder ser escuchados, para que sus puntos de vista y sus ideas fueran oídos, el poder se mantenía sordo.
Que esto haya cambiado, que hoy vivamos en un régimen democrático, se debe a la lucha de millones de personas
que, durante generaciones, trabajaron para lograrlo. Me refiero a los trabajadores, las amas de casas, los empresarios,
maestros, intelectuales y periodistas, entre muchos otros cuya labor resultó esencial para el arribo de la democracia a nuestro país.
En el marco de la conmemoración anual del Día Mundial de la Libertad de Prensa, así como del Día de la Libertad
de Prensa en México, me parece muy importante destacar nuevamente la contribución de las y los periodistas mexicanos a
la democracia que vivimos y la cual, como ciudadano y como Presidente, siempre he reconocido.
Sin duda, nuestra democracia debe mucho a quienes, desde el periodismo, dieron voz a las mujeres y los hombres
que no eran escuchados; a quienes se hicieron eco de sus demandas, constituyéndose así en sus representantes y por ello,
como diría el destacado periodista Carlos Septién García, en verdaderos parlamentarios.
Desde los medios, todas y todos ellos criticaron al poder autoritario, combatieron sus excesos y derribaron, incluso
a costa de sus vidas, los muros de censura y silencio en los que se resguardaba el autoritarismo. Contribuyeron así a
la construcción de nuestra democracia.
La lucha por la libertad de las y los periodistas serios, éticos y profesionales cuentan hoy no sólo con mi
reconocimiento y el del gobierno federal sino también con el primero y el más importante: el de la sociedad. Su rigor y profesionalismo
les han ganado un merecido lugar en el corazón y en el pensamiento de cada demócrata.
Democracia y libertad de expresión
La democracia que hoy vive México nos asegura amplias libertades. La primera de ellas es, sin duda, la libertad
de expresión. A diferencia del pasado, hoy, el gobierno federal no censura, reprime ni compra a nadie. Ya no se "dicta
línea", amenaza o castiga a quienes ejercen el periodismo. Tampoco se recurre a prácticas indignantes, que envilecían tanto
al gobierno como al periodismo, por las que literalmente se pagaban críticas favorables en los medios.
La libertad de expresión es, sin duda, una de nuestras más grandes conquistas. Es, también, un derecho que hoy
todos podemos y debemos ejercer; que debemos proteger en todo el país pues constituye la salvaguarda de nuestras libertades
y la llave para consolidar el Estado de derecho.
Creo en la libertad de expresión, y en la fuerza de valores como la verdad, la honestidad, la transparencia y la
rendición de cuentas. Por eso he impulsado un gobierno de puertas abiertas, que trabaja de cara a las y los ciudadanos y
respeta plenamente la labor de información y análisis que realizan los profesionales del periodismo.
Una muestra de ese respeto es que los premios nacionales de periodismo ya no se otorgan desde el poder; ahora son
los propios profesionales de la información, los reporteros, comunicadores y periodistas en general, quienes reconocen
y premian la labor de sus compañeros.
Un segundo ejemplo de ello es la Ley de Transparencia y Acceso a la Información, la cual constituyó un
cambio paradigmático en la historia de nuestro país. Ahora, el gobierno ya no puede esconderse tras el secreto; está obligado
a hacer pública su gestión y a informar de todo cuanto está en sus manos. Gracias a esa ley, todo periodista en México
cuenta hoy con mejores instrumentos para investigar, para informarse e informar de manera oportuna y veraz a la ciudadanía.
Sé que la capacidad de denuncia del periodismo contribuye a una vida pública de manos limpias, de verdades claras.
Sé, también, que una prensa libre y liberadora es un poderoso enemigo de la corrupción, de la opacidad, el engaño y
la manipulación de la verdad y, por eso mismo, un aliado sin par de la democracia.
Por ello he apoyado, tanto en lo personal como a nivel institucional, el respeto al secreto profesional del periodista,
hoy garantizado por nuestras leyes. Esto es, sin duda, un avance más de nuestra democracia porque permite que, en el
México democrático, ciudadanos y periodistas sean fiscales del poder. Juntos, conforman hoy una verdadera contraloría social
que vigila a la autoridad, y acota e inhibe los excesos o abusos de poder, garantizando así el avance de nuestra democracia.
Ni el poder ni nadie tiene derecho a acallar la voz de un periodista. Cada vez que un periodista muere asesinado
por ejercer sus derechos, muere también una parte de nuestra libertad. Ni como gobierno ni como sociedad debemos
tolerarlo. Por ello, reitero mi condena y la de mi gobierno a esta terrible situación, así como mi compromiso de seguir
trabajando, junto con cada mexicano, para erradicarla.
No podemos permitir que nadie intente sofocar nuestras libertades. Por ello, los tres órdenes de gobierno y la
sociedad en su conjunto debemos no sólo unirnos para valorar y reconocer las grandes aportaciones de las y los periodistas a
nuestra democracia sino, ante todo, para garantizar su integridad personal.
Libertad con responsabilidad
Ejercer el periodismo es, también, luchar por mejorarlo; lograr, a través de él, un mundo más libre, justo y democrático;
un mundo en el que la verdad resplandezca y donde la información y el análisis abran mentes y despierten conciencias;
un mundo en el que el intercambio de ideas nos permita entendernos, respetarnos y trabajar unidos en favor de un
bienestar compartido.
Nunca he creído en la censura ni en la autocensura. Creo en la libertad y en la responsabilidad. Estoy convencido de
que la libertad de expresión no es un privilegio sino un derecho y que, como tal, conlleva responsabilidades;
altas responsabilidades individuales y colectivas. En ningún caso puede el ejercicio de un derecho atropellar los derechos
de terceros, y la libertad de expresión no es una excepción. Libertad sí, total, pero siempre con responsabilidad.
México requiere de periodistas con vocación y profesionalismo, que escriban con objetividad, que investiguen a
fondo, que trabajen siempre con seriedad y responsabilidad, que ejerzan una crítica reflexiva y serena y hagan de su
vocación periodística un deber de libertad, de ética, de responsabilidad y de justicia. México requiere de periodistas que
defiendan con todo su libertad, porque ésta es la única garantía para desterrar definitivamente el pasado de censura, de silencio
y represión que por tanto tiempo dañó a nuestro país. Para ello, han contado y contarán siempre con el apoyo de mi gobierno.
Nuestro país requiere, también, de medios abiertos que respeten y reflejen siempre la pluralidad y la riqueza de
la sociedad mexicana. Es responsabilidad de todos construir una sociedad que valore y proteja la labor del periodismo;
que reconozca su enorme contribución al diálogo y al debate democráticos, a la democracia que garantiza libertades plenas
y nuevos horizontes de desarrollo y bienestar para las y los mexicanos.