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La marea negra



Marcela Turati / Ignacio Ramonet



Llegó el momento de regular a los medios pues traicionaron su objetivo de defender a los ciudadanos y se convirtieron en guardianes del orden establecido, diagnostica el intelectual hispanofrancés Ignacio Ramonet.

En cada foro que pisa lanza esa idea, antecedida por su denuncia de que el cuarto poder ya no es un contrapeso de los poderes que decía vigilar, porque cínicamente se entregó a ellos y abandonó las causas ciudadanas.

Esta afrenta soltada a rajatabla y de cara a los propios medios se oye como algo no propio para un periodista y respetable teórico de la comunicación cuyos libros son obligatorios en facultades de periodismo. Pero es de esperarse viniendo del director del rotativo francés Le Monde Diplomatique, el mensuario de referencia para quienes se oponen al pensamiento único y desean una globalización de otro tipo.

Ignacio Ramonet
Foto: Martcela Turati
Según ese diagnóstico, los medios envenenan el espíritu de sus consumidores, provocan una intoxicación masiva, roban la esperanza general, difunden ideas contrarias a la sociedad y traicionan su misión de aliados de los ciudadanos y correctores de las disfuncionalidades de la democracia. En lugar de ello, reclama, se convirtieron en vigilantes del orden establecido y propagandistas del decálogo neoliberal.

Por ello propone la ecológica tarea de separar la información de la marea negra de mentiras intoxicantes con la que llega mezclada. El filtro es crear otro poder que vigile al "súper poder mediático". Un quinto poder ciudadano.

"La creación de un observatorio de medios es mi propuesta para disponer de un arma única, masiva, efectiva. En vez de crear una ley de regularización de los medios, que es discutible, los ciudadanos tienen que organizarse para ser vigilantes de la información", explica el intelectual que imparte clases en universidades de España, Francia, Rusia y asesora a la ONU.

Su propuesta parte de una premisa básica: la información es un bien común público y, por ello, su calidad no puede estar garantizada únicamente por dueños de medios. Mucho menos, cuando éstos consideran a la información como mera mercancía.

Esta idea que presentó en sociedad en 2002 -en el Foro Social Mundial, del que es uno de los ideólogos- la concretó meses después. Y hoy, con poco más de tres años de vida, el Observatorio Ciudadano de Medios (o Media Watch Global) es el experimento viviente con el que pretende demostrar que, a través del control ciudadano, una prensa orgánica es posible.

¿Cómo fue que los medios dejaron su papel de guardianes de los ciudadanos y pasaron a ser guardianes del orden establecido? ¿Cómo abandonan su papel de cuarto poder?

La idea del cuarto poder es una invención de los intelectuales franceses de finales del siglo XIX cuando, utilizando la opinión pública, se consigue detener una decisión gubernamental importante. Es lo que se llamó el caso Dreyfuss, cuando el escritor Émile Zola publicó en la primera plana de un periódico un artículo titulado "Yo acuso", para responsabilizar al gobierno de haberle mentido a la nación haciendo un proceso a un oficial del ejército por traición a la patria cuando en realidad lo estaban juzgando prácticamente por ser judío.

O sea, denunció un antisemitismo de Estado, pues él no era culpable de traición. Esto crea una polémica nacional, el gobierno tiene que ceder y el hombre sale de la cárcel.

Los poderes tradicionales son el Legislativo, Ejecutivo y Judicial, esos eran los tres poderes para que pudiera funcionar la sociedad de manera armoniosa y libre. Cada uno de esos poderes puede funcionar pero puede cometer errores. Hay miles de casos en que los tribunales condenan a inocentes o se hacen leyes discriminatorias, aun en las democracias.

¿Quién puede denunciar esto cuando el gobierno que toma esas decisiones es democrático? El poder de los medios, el poder de la información: es el cuarto poder, que es un contrapeso a los poderes en el marco democrático, o es también un corrector de una especie de abuso estructural de la cuestión.

¿Cómo los medios pervirtieron su misión?

Aunque nunca hubo una edad de oro del periodismo, en la que los periodistas eran magníficos o la prensa estupenda, sí podemos decir que hubo una época en que muchos periodistas pensaban que dentro del marco de lo que siempre ha sido un negocio, había un proyecto cívico. Y algunos periódicos lo hicieron.

Repito: siempre ha existido prensa de mala calidad, pero también ha existido una prensa con aspiraciones más constructivas, de construir no sólo opinión pública, sino sociedad.

Con el avance actual de la globalización, ésta tiene como tentación mercantilizarlo todo y la información es esencialmente una mercancía para estos mega grupos de comunicación que han aparecido en la segunda mitad de los años 90, que poseen muchos medios de prensa escrita, radios, televisiones, Internet y muchas cosas más, como música o equipos deportivos.

Aparecen estos grupos como actores de la globalización y su proyecto es puramente de rentabilidad, el mero objetivo de la prensa, para ellos, es ganar dinero. Y todos han copiado este modelo.

¿Cuál es la ideología que difunden estos grupos mediáticos?

El cuarto poder como contrapoder ya no tiene sentido. Todos ellos difunden esta idea de que el neoliberalismo es bueno para todo: las privatizaciones, la apertura de fronteras, la idea de que hay que reducir al Estado, los impuestos y las tasas, desaparecer sindicatos, privatizar la salud y la escuela y todo el sistema cultural; que la cultura no debe ser ayudada por el Estado, etcétera. Todas estas ideas, que son los diez mandamientos de la globalización, están defendidas por todas estas corporaciones.





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