José Carreño Carlón
La función de vigilancia del poder público atribuida a los medios
(watchdog) en las democracias se extiende
en todo el mundo a la vigilancia de los poderes fácticos, particularmente del poder de las grandes corporaciones
privadas, entre ellas, las que controlan los sectores estratégicos de la energía y las comunicaciones, incluidas
las telecomunicaciones y los propios medios de comunicación.
Cuando los directivos del New York
Times le exigen a su reportera Judith Miller que rinda cuentas del
ejercicio indebido que hizo del privilegio profesional de ocultar sus fuentes informativas, pasando sobre la tradicional
altivez del informador de esa empresa, es porque las cosas llegaron a un límite en que el público estadounidense le
está exigiendo a la empresa, a su vez, una rendición de cuentas que el
Times no ha podido eludir, pese a su
tradicional arrogancia, tras una cadena de traspiés informativos, pillerías reporteriles y aferramientos impunes a tomas de
partido, prejuicios y estereotipos.
Una parte del público avanza en todo el mundo en el seguimiento crítico de sus medios. Por una parte, el
sector creciente que tiene acceso a Internet, acudiendo directamente a las fuentes informativas. Ello le ha permitido a
este sector cotejar su propia capacidad selectiva sobre lo que considera noticia y lo que no, con la función
selectiva (gatekeeping) basada en las "rutinas profesionales" de los medios. Le ha permitido también generar su propio
contexto para enmarcar (framming) la información con todos los intertextos que le ofrecen los buscadores, sin más
límites que los de su formación, curiosidad e imaginación. Y lo ha dejado en libertad de jerarquizar
(primming) y priorizar la información, de acuerdo con sus propios intereses y necesidades en términos de usos y gratificaciones del
material informativo.
Por otra parte, este seguimiento crítico se ejerce a través de medios especializados en medios, entre los cuales,
al entrar en su sexto año,
etcétera cumple hoy en México una función de vanguardia, en medio de la
constante controversia e incomodidad del gremio.
También están los medios de información y opinión general que "descubren" o "revelan" los patrones
de comportamiento por todos conocidos en el medio, pero que se ventila cuando se trata de ilustrar los vicios
del vecino, como ocurre ocasionalmente en México con la ejemplificación documental del algún episodio de
colusión, de los muchos de los que está tejida la trama de relaciones de los medios y los poderes públicos y fácticos.
Y empieza a desarrollarse, finalmente, en nuestro país, la práctica del observatorio social del desempeño de
los medios, a fin de tener un seguimiento más sistemático y menos sintomático de sus patrones de actuación
profesional y comercial.
Un proyecto de esta naturaleza fue anunciado en agosto pasado por las autoridades de la
Universidad Iberoamericana, específicamente por su rector, José Morales Orozco, y la directora del Departamento académico
de Comunicación, Gabriela Warkentin.
El mes pasado tuve oportunidad de exponerlo en el Seminario internacional sobre medios de comunicación
y elecciones, efectuado entre el 17 y el 19 de octubre, a iniciativa del Instituto Federal Electoral y el Tribunal
Electoral del Poder Judicial de la Federación, entre otros convocantes.
Pero como escribió el analista de información Juan Manuel Martínez en
Crónica el 23 de octubre, "de
nueva cuenta, un evento en el que se reflexiona acerca del papel actual de los medios de comunicación fue relegado
a planos secundarios... por los propios medios".
La danza de las cifras (1)
El propio analista ponía de relieve la desinformación con la que se debate en los medios de información sobre
los gastos que los partidos realizan con propósitos propagandísticos. El cálculo del IFE -escribió Martínez- es
que durante el proceso electoral del año próximo los partidos eroguen más de mil 140 millones de pesos en
propaganda, y que de esa cantidad 60% sería destinado a contratar mensajes en radio y televisión. Más específico -continuaba
el analista- el consejero Arturo Sánchez dijo que el gasto más amplio es el que se hace en televisión, que en 2006 podría lograr ingresos equiparables a los que obtiene esa industria por la publicidad derivada de la transmisión de
un Mundial de Futbol o de unos Juegos Olímpicos.
Sin embargo -contrastaba Martínez- las televisoras -a través de Javier Medina, de TV Azteca, y Javier Tejado,
de Televisa- dieron otra versión: señalaron que el gasto de los partidos en este rubro ronda entre 30 y 40%.
Los medios al poder
Pero hay más cifras, como pude abundar en mi presentación sobre "la vinculación práctica de la política y
los medios de comunicación", como lo pedía el programa, y que me permití resumir, de entrada, en los siguientes
dos párrafos:
Para poder competir con probabilidades razonables de éxito en los procesos electorales, los políticos
procuran obtener seguridades de acceso ventajoso a los recursos que proveen los medios: visibilidad, reconocimiento
de nombre, oportunidad de concurrir al establecimiento de la agenda del debate público, construcción de la
imagen propia y/o destrucción de la imagen del competidor.
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Ilustración: Javier Díaz |
Y, en contrapartida, en retribución o contraprestación por lo anterior, los medios exigen tener acceso ventajoso
a los recursos que manejan los políticos -p. e. dinero, mucho dinero del erario, de los presupuestos, de las
prerrogativas de ley para los partidos y de otros guardaditos-. Pero, además, los medios exigen tener acceso ventajoso a
otros recursos que manejan los políticos, como son las decisiones públicas, para inclinarlas en favor de quienes
controlan los medios, a cambio de poner aquellos recursos que proveen los medios,
en principio, a disposición de las causas
y de campañas de los políticos.