“Las mejores organizaciones en el mundo cada vez son más horizontales.
“Recuerdo una fotografía del New York Times en la que se veían muchas personas vestidas igual, con jeans, sobre la que colocaron la pregunta: ¿quién es el jefe? Hacían alusión al hecho de que en muchas compañías ya se rompió el viejo esquema de jefes y súbditos. Las empresas modernas tienen una visión mucho más equilibrada y horizontal para operar y tomar decisiones”.
Luego Aristegui modificaría drásticamente ese enfoque. A propósito del inicio de su programa televisivo en la CNN, el 4 de julio de 2005 en una entrevista con La Jornada, dijo que ella sería “la voz cantante”, la que definiría los contenidos de la emisión que se llama, en algo que ella misma consideró como un exceso, Carmen Aristegui:
“Yo soy la directora del programa; éste es un acuerdo que hemos establecido desde una perspectiva mexicana (...). Es evidente que siempre estaremos en conversación con el medio, pero la dirección o la voz cantante, como dijo el propio Crommett, es la de la periodista que está.”
Dos años y medio después, o sea, el 4 de enero de 2008, un boletín de Televisa Radio, operada por el Grupo Prisa, que daba cuenta de la no renovación del contrato de esa profesional del periodismo, sostendría lo siguiente:
“El nuevo modelo de organización y trabajo que se viene implantando en W Radio es el mismo que funciona en 10 países de habla hispana con éxitos y liderazgos incontestables (...) Lamentablemente tras un año de conversaciones no hubo posibilidad de un acuerdo entre ambas partes para incorporar a Carmen Aristegui a este modelo en México, basado en el trabajo en equipo y el derecho a la información plural y que obtiene liderazgo de audiencia en todos los países”.
Incompatibilidad de modelos
En otro pasaje de la entrevista con Telemundo, Aristegui afirmó:
“Yo expliqué al aire, por elemental decencia con el público, el por qué no se renovaba el contrato de Círculo Rojo con Televisa. Dije que había un conflicto interno en Imagen en el que se contravenía lo dispuesto en el código de ética firmado por Sólorzano y por mí, lo que hacía inviable mantenerse en Imagen y renovar un convenio de coproducción con Televisa”.
En aquel año, ya se sabe, sus diferencias fueron con Imagen, no con Televisa:
“Nuestra relación con Televisa quedó en muy buenos términos. El año y tres meses que hicimos Círculo Rojo fueron muy respetuosos. Para nosotros fue un hallazgo el trabajar con ellos”. (9/XII/02)
En cambio, el pasado 4 de enero la periodista fue escueta. Comentó que dejaba la XEW por “incompatibilidad de modelos en términos de dirección editorial”. Dijo que “la explicación esencial es que el modelo editorial que hemos practicado a lo largo de estos años en W Radio es incompatible con el modelo de noticiero, el modelo de dirección editorial que la propia empresa (...) ha experimentado en otros lugares y que le ha dado los resultados que la propia empresa desea precisamente para W Radio en México”. Y añadió: “la empresa fue clara en comunicarme que buscaría cambiar las condiciones contractuales,(...) incorporar algunos cambios en el modelo de dirección editorial”. Pero no precisó sobre esos cambios. Al respecto, el 12 de enero en Milenio Diario, Daniel Moreno, director de la XEW, dijo que si Aristegui quiere, podría difundirse el contrato que le propusieron para demostrar que la XEW no la censuró.
El derecho a la suspicacia
Inteligente y sensible como es, aquel 4 de enero difícilmente Carmen Aristegui podría dejar de calcular el efecto de (la falta de precisión de) sus palabras y, entonces, tampoco podría desconocer que el déficit sería cubierto de diferentes maneras, entre otras, la que acusa que fue censurada por el gobierno o por la empresa a partir de supuestas presiones que ésta habría recibido cosa que ella no denunció al principio aunque luego incorporó en su discurso. La animosidad, por cierto, se expresó incluso en trabajos periodísticos que, igualmente tutelados por una línea de facción, no buscaron el parecer de la otra parte involucrada y, en contraste, dieron preeminencia a una sola versión.
De cualquier manera, a la periodista no le faltan espacios para pormenorizar, aunque hasta ahora (29 de enero) no lo haya hecho, ni aquel 4 de enero ni durante la entrevista que concedió a Proceso, difundida el 12 del mismo mes, ni en sus artículos publicados en Reforma. Por ejemplo, en la plática con Proceso, sobre la base de un “tengo derecho a la suspicacia”, Aristegui sostiene:
“Todo parece indicar que hay quien pidió mi cabeza y hay quien la cedió”. Menciona a directivos de Televisa, integrantes del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, concesionarios descontentos con su actitud ante la reforma electoral y funcionarios de comunicación de Los Pinos. Según ella, desde 2006 hubo una estrategia de “acoso gradual” que no denunció en su momento. Numera la interrupción abrupta de las trasmisiones de Sky, las quejas de directivos de Televisa hacia Raúl Rodríguez, ex director de W Radio, por la cobertura de la Ley Televisa, el enojo de un sector empresarial por el seguimiento de las acusaciones al cardenal Norberto Rivera y la incomodidad del Ejército y grupos de poder por su cobertura de los casos Lydia Cacho y Ernestina Ascencio. (Ni en ésa ni en otra ocasión Aristegui se ha referido al contrato que le habría propuesto la XEW lo cual no es menor, pues podría desmentir si parte de la renegociación con la empresa comprendería revisar su sueldo que ascendería a 300 mil pesos mensuales y su disciplina laboral.)