Luis Miguel Carriedo
El 19 de julio de 1976, apenas un día después de la operación política que destituyó a Julio Scherer García
como director del periódico Excélsior, los espías gubernamentales de la Dirección Federal de Seguridad vigilaban
una reunión del periodista con amigos y otros expulsados del diario, que tuvo lugar en el Hotel María Isabel
Sheraton frente al Ángel de la Independencia.
Esa noche, los agentes de la DFS, como si fueran reporteros en busca de la exclusiva, le proporcionaron los
datos necesarios al entonces titular de la dependencia, Luis de la Barreda Moreno, para redactar una tarjeta informativa
que, sin saberlo, era primicia sobre la fundación del semanario Proceso. También, el inicio de un acoso oficial
permanente a las actividades de la revista que nació en 1976.
En el Sheraton, según el reporte de inteligencia firmado por De la Barreda en poder de etcétera, un presídium encabezado por Scherer, Miguel Ángel Granados Chapa, Vicente Leñero, Ángeles Mastreta y Froylán López
Narváez, se quejaba ante unas dos mil personas de la intervención gubernamental para la remoción del periodista. Según los espías, el grupo de inconformes tenía "planes inmediatos" que "consistían en la creación de una agencia
informativa para servir a la prensa independiente de provincia y posteriormente crear un semanario con miras a convertirse en un diario independiente", por eso habían invitado a los asistentes interesados a "una sociedad por participación, ofreciendo sus acciones por valor de $500.00 cada una () se hace notar que se vendieron varias de ellas a lo largo del acto", cerró De la Barreda en su informe.
El régimen vigilaba la publicación incluso antes de existir, desde las primeras ideas que hablaban de su nacimiento. Luego de aquella reunión en el Sheraton, López Narváez dictaba una conferencia en la UAM-Azcapotzalco donde según la DFS: "informó que próximamente se fundará una organización denominada 'Comunicación e Información' SA de CV, para lo cual se están vendiendo ya acciones () que podían adquirirse con Samuel del Villar".
Los agentes obtuvieron copia del acta constitutiva de CISA, los nombres de socios y colaboradores. Siempre estuvieron atentos a todas las acciones de Proceso, y recabaron durante años toda la información para
conocer anticipadamente lo que se publicaba o investigaba periodísticamente.
Otro director de la Federal de Seguridad, Javier García Paniagua, informó el 24 de febrero de 1978, "muy respetuosamente", que el medio estaba "recopilando datos de una entrevista a través de una persona no identificada
a fin de publicar en la misma un artículo titulado: 'La entrevista con un guerrillero'. Carlos Marín, coordinador de la revista en cuestión, es el encargado del análisis y corrección del material recibido".
Ese mismo día una hoja membretada de la Secretaría de Gobernación dirigida a García Paniagua, reporta como "asunto", un "desayuno de Julio Scherer" en el restaurante "Sanborns ubicado en avenida Insurgentes Sur no
1457 (Manacar), con un señor de nombre Peter Fink".
El oficio señala: "se estableció vigilancia discreta en dicho lugar () a las 9:30 hrs. llegó el SR. Julio Scherer García () dirigiéndose a una mesa donde ya lo esperaba una persona cuya media filiación es de 1.75 mts. de estatura, delgado, moreno claro, pelo negro escaso y ondulado, nariz recta y de 40 años aproximadamente () le extendió un sobre voluminoso, se logró observar que conversaban a voz muy baja no lográndose escuchar las pláticas. A las 10:25 hrs. se retiraron despidiéndose en la puerta".
Al no tener mayores datos los espías especularon sobre la identidad del compañero de mesa de Scherer: "se hace notar que el aspecto y la media filiación de Peter Fink corresponden a la de un individuo de raza latina por lo que se duda que su verdadero nombre sea el de Peter Fink".
Espionaje telefónico
El 20 de junio de 1977 la nota de portada en Proceso titula "Espionaje político, teléfonos intervenidos". El
texto firmado por Rodolfo Guzmán y Salvador Corro recogía testimonios que varios líderes de izquierda hicieron a
la revista sobre sospechas fundadas de espionaje: "dirigentes de 5 partidos políticos de oposición, líderes de 3
sindicatos independientes, un líder campesino y un representante empresarial, denunciaron que el gobierno realiza
espionaje político a través de escuchas telefónicas, infiltración de agentes e incluso vigilancia personal".
Uno de los entrevistados declaró: "el espionaje es un viejo secreto a voces", pero las autoridades lo negaban.
También se lee ahí: "El velo que cubre las actividades desarrolladas por los espías políticos obliga a muchos que
los padecen a guardar silencio. Faltan las pruebas e incluso hay temor. La sospecha es patente.