Luis Miguel Carriedo
El periodista Julio Scherer García fue blanco de una incansable y puntual vigilancia por parte del régimen priista. Registros de la Dirección Federal de Seguridad exhiben que era la obsesión de Luis Echeverría, quien seguía los pasos y hasta las huellas de su andar público y privado apoyado en la infraestructura y recursos de las instituciones de seguridad nacional para el discrecional espionaje político en su contra.
La DFS informaba las actividades de Scherer desde finales de la década de los 50, pero nunca con el detalle ordenado por Echeverría, quien primero como secretario de Gobernación, y después como Presidente de la República, fue el promotor más meticuloso de esa práctica. Seguía, literalmente, cada movimiento del fundador de la revista
Proceso y director del periódico Excélsior hasta la polémica asamblea de cooperativistas que lo destituyó el 8 de julio de 1976.
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Así lo muestra el expediente con varios reportes de inteligencia de aquellos años, el cual obtuvo etcétera luego de una investigación periodística apoyada en la ley de transparencia y el acuerdo presidencial publicado en el Diario Oficial el 27 de noviembre de 2001, donde se establecen algunas medidas para facilitar la investigación de crímenes del pasado, con lo que miles de registros de la antigua DFS, creada en 1929, así como de la Dirección General de Investigaciones Políticas y
Sociales, nacida en 1947, se transfirieron al Archivo General de la Nación.
Con tradición en el espionaje político de opositores y simpatizantes, en 1985 la DFS y la DGIPS se fusionaron en la Dirección General de Investigación y Seguridad Nacional que cuatro años después dio origen a lo que hoy es el CISEN.
El Estado policiaco que todo lo veía, acusa recibo en esos archivos. Los datos sobre el periodista se guardan hoy en las galerías 1 y 2 del AGN, en lo que fueron las celdas de Lecumberri, el reducido espacio que significó encierro para cientos de presos políticos durante los 60 y 70. Ahí descansan testimonios de los abusos cometidos por el poder en sus propias palabras, redactados por espías del régimen que le pisaban los talones a propios y extraños para no perder detalle de sus actividades
políticas, privadas e íntimas.
El investigado
Los documentos en poder de etcétera demuestran que el gobierno ordenó una investigación de todos los movimientos de Scherer los meses previos a su expulsión del diario. En una tarjeta fechada el 17 de febrero de 1976 los agentes de la DFS se refieren al periodista como "el investigado".
Ahí exponen: "acostumbra salir de su domicilio entre las 7:30 y las 8:00 horas, para dirigirse
al deportivo Chapultepec, ubicado en las calles de Mariano Escobedo de esta ciudad en donde
permanece entre las 11:00 y 11:30 horas, para trasladarse posteriormente a sus oficinas del periódico
Excélsior, sito en Paseo de la Reforma, saliendo de éstas alrededor de las 15 hs. En donde en ocasiones acude a
su domicilio y permanece entre las 17:30 y 18:00 hs. Para posteriormente atender sus compromisos
de trabajo y sociales, no teniendo una rutina fija".
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Cualquier dato que pudiera servir en contra del director de Excélsior lo tenía el gobierno. La policía política informó el avalúo de "la casa que habita", registrada "a nombre de la Sra. Susana Ibarra de Scherer, esposa del investigado", luego datos de los vehículos familiares y hasta un supuesto intercambio de placas que había entre el vehículo de Scherer y el de su esposa. Los datos siempre excesivos en los detalles: "se hace notar, que el automóvil marca Dodge Dart, 2 puertas, color vino, con toldo vinil negro, modelo 1964, es el que utiliza para su servicio el Sr. Scherer García y las placas que ostenta así como la calcomanía de la misma corresponden a la del Renault modelo 1974, placas
LMS 932 del estado de México () a nombre de Susana Ibarra de Scherer".
Lupa gastronómica
El 9 de marzo de 1976 los agentes espiaron la comida que Scherer sostuvo con el embajador estadounidense Joseph John Jova "y dos de sus consejeros", dicen en oficio, el cual resume buena parte de la plática en el restaurante Chateau de la Palma, y anexa varias fotografías. El 23 de enero de 1973, dicen en otro oficio, "se estableció vigilancia en las calles de López No 15, letra E, donde se encuentra ubicado el restaurante Normandíe, lugar en el que se iba a llevar a cabo una reunión a las 14:30 horas entre el señor Julio Scherer García y otra persona no identificada () siendo las 14:45 horas se detuvo el automóvil Rambler, modelo 1972, color verde botella, con placas de circulación 860 AFT del DF, descendiendo el licenciado Víctor Manuel Villaseñor, Director Gerente de los Ferrocarriles Nacionales de México".
Scherer comía con Villaseñor, y "en una parte de la conversación se pudo captar", dicen los agentes, "que hizo mención que Miguel Asturias le había comentado que no existía la vida privada, puesto que hasta en la regadera del baño le podían instalar una grabadora, al igual que en su propio automóvil".
El 25 de marzo de 1976 otra vez la lupa, ahora sobre los viajes familiares del periodista: "llegó al aereopuerto acompañado de su familia, o sea su esposa e hija, y un menor de edad, con el objeto de viajar a Montevideo Uruguay () se adjunta relación de pasajeros y fotografías". Varias fotos junto a la copia de su pasaporte.
Visto bueno
Los espías filtraban también la correspondencia privada del periodista desde 1974, y llegaban al extremo de impedir a los lectores de Excélsior hacerle llegar comentarios críticos sobre el gobierno que pudieran difundirse en la sección de cartas. La DFS titula una nota con fecha 30 de noviembre de 1974: "Relación de la correspondencia con diversas procedencias y destinos que ha sido interceptada y extracto de su contenido", donde se registran todo tipo de comunicaciones dirigidas a Scherer y otros personajes. Por ejemplo, la enviada por Raúl Rivas Herrera ese mismo año, quien como lector buscaba la
publicación de sus opiniones, las cuales según el resumen ejecutivo de la DFS, expresaban "severas críticas a
la Cámara de Diputados y al lic. José López Portillo secretario de Hacienda y Crédito Público por
el impuesto a la gasolina". La misiva original no llegó a su destino porque los agentes
consideraron pertinente incluirla en su reporte, "se anexa", escriben con un protocolo frío.