Desde el pasado primero de julio y hasta quién sabe cuándo, el hasta ahora director de etcétera es secretario técnico de la Rectoría General de la Universidad de Guadalajara. El cargo es incompatible con su responsabilidad editorial y por eso no tiene de otra más que decirle hasta luego a sus lectores, amigos y anunciantes con el talante de siempre, es decir, con gratitud y transparencia.
El director de la revista se despide de ustedes y le duele; lo hace con el cariño y la entrega de siempre. Es el dueño de este proyecto, y lo dice porque ante todo es el único responsable de sus deudas y sus compromisos, los financieros y los demás a los que haya lugar. Pero además sabe bien que ésta es una obra colectiva en la que participan otros y que desde ahora se sintetiza en una colega y amiga entrañable que responde más al mote de La Maga que al de Laura Islas Reyes, la pequeña niña que él conoció hace más de ocho años en los ignotos recovecos de la web y luego en los muy serios conciliábulos de la academia. Ahora Laura es una mujer espléndida y madura, que tiene todo, y todo es eso, todo, el apoyo de quien escribe estas líneas: cuando a juicio suyo acierte y cuando no, cuando se equivoque y hasta cuando lo haga mucho. Pero sobre todo, ella contará con él en el ámbito natural de las diferencias editoriales, las que sean. Nuestros puntos de vista distintos no sólo han estado siempre a prueba de balas sino que son los que han enriquecido esta oferta. Jamás renunciará a ella porque en más de un sentido ella es él, y él no renuncia a él y por eso está con ella.
etcétera continuará siendo lo que es, un espacio donde se analiza a los medios de comunicación desde la perspectiva global y también nacional, mediante larevisión de las mayores coordenadas posibles, tanto las que implican la reflexión rigurosamente actual o coyuntural, como las que avistan tendencias de largo aliento. Y para eso la revista continuará sustentándose en su plantilla de articulistas a la que, nada menos, hizo alusión el número pasado Ruth Esparza Carvajal, por cierto, otra mujer entrañable gracias a quien este proyecto seguirá vigente.
Si algo se pudiera pedir en este acto de despedida es que los lectores sigan siendo como son, exigentes, irreverentes y apasionados. A nuestros amigos, críticos y comprensivos, y a nuestros clientes, profesionales decididos a anunciarse porque con eso auspician una forma distinta de entender a los medios, que no es apocalíptica ni integrada, sino simple y decididamente reformista. Como hemos dicho, una y otra vez, lo hacemos sin dejarnos intimidar por nada y sin buscar la complacencia fanática que se alinea al polo que sea, al de los buenos o al de los malos. Esa definición, no tengan duda, es inamovible.
El director de etcétera se va a la Perla Tapatía con las maletas cargadas de libros y de discos, pero sobre todo de ilusiones y aunque esas no paguen peaje esas son las que pesan más. Entre éstas maletas, paradójicamente, se encuentran las de su regreso a la selva de asfalto: quiere encontrar una revista consolidada y para eso pide todo su respaldo. Quien ahora se despide continuará siendo el accionista mayoritario de esta revista y por ello, naturalmente, estará al tanto de lo que haga cada mes; también tendrá una columna desde donde continúe ofreciendo sus puntos de vista. Los anuncios que ustedes vean de la Universidad de Guadalajara se deben al convenio anual que la institución establece con los medios, aun-que a partir de este momento no habrá relación comercial alguna entre ambas dependencias.
Sin más rodeos pero con el sentimiento a flor de teclas, el director de etcétera les dice a todos ustedes gracias por todo lo que han hecho por esta revista, pero sobre todo gracias por lo que seguirán haciendo.
Ahí les encargo.
MLT