Discusión sin matices
Lo mejor que podría suceder para que el país tuviera una reforma integral de la radiodifusión y
las telecomunicaciones, es que la Suprema Corte de Justicia declarara inconstitucionales los cambios iniciados en la Cámara de Diputados el 1 de diciembre y que fueron validados cuatro meses después en la Cámara de Senadores.
Aquel recurso legal interpuesto con sólidos arrestos intelectuales y jurídicos es la expresión de lo que distintos sectores y organismos demandaron desde que se dio a conocer la Ley Televisa y que fue catalogada así no como frase de ocasión de las que hay muchas en este orden, sino porque ciertamente fue hecha y promovida por el abogado de esa empresa a imagen y semejanza de una iniciativa de ley cuando, en realidad, se trata de un limitado y riesgoso plan de negocios. Limitado porque no responde a los intereses de todos los actores relevantes de la industria y riesgoso porque alienta la concentración.
Pero esa determinación legislativa va más allá de las consecuencias de una ley espuria; expresa el sometimiento de los canales institucionales al poder fáctico de los medios electrónicos y, en particular, al que Televisa representa. Por ello revertir la palabra de aquella empresa convertida en ley lo cual es sin duda un despojo a
la nación significa un reto central para el afianzamiento de nuestra joven y aún muy frágil democracia mexicana.
Acometer la empresa de poner diques a ese obstáculo de la democracia que se llama Televisa y buscar una reforma integral en los medios, significa revisar los errores que se han tenido y que para nosotros no son pocos. Uno central es creer que quien o quienes advierten tales errores debilitan la causa y fortalecen al adversario, como se decía antes desde la izquierda más rústica. Otro es actuar como si se tuviera la razón absoluta y considerar
que los otros son despistados o no saben o son ingenuos o seguramente obedecen a designios oscuros. Uno más significa revisar si las alianzas más insospechadas, son también legítimas o ¿todo es posible en el nombre de la causa?
¿El esfuerzo de tantos años es infructuoso sólo porque el enemigo siempre tiene el tino, la lucidez, la desconsideración y el desparpajo de ganar?
También habría que revisar si las reacciones más elementales son también las más eficientes, como el de
sólo anteponer algún desplegado a la villanía de ocasión del enemigo o el amago de ponerle enfrente a la sociedad civil para que éste aprenda o llenarlo de una retahíla de frases ingeniosas pero pueriles. En ese difícil entorno,
en el que además la academia ha producido tan poco recientemente, es muy difícil discutir en serio, sin ser descalificado, por ejemplo, la transición de las radios AM a FM o si es pertinente un reglamento que rija a los medios públicos y a las radios comunitarias, incluso a pesar de que como tales, éstos no se encuentren en la ley
de radiodifusión. (En este marco jurídico es como lograron sus permisos las estaciones comunitarias, lo cual fue considerado por todos como el dato más alentador que en materia de medios se ha dado en los últimos años.)
Los editores de etcétera piensan distinto a todas esas certezas que se han afianzado durante décadas, pero no son adversarios de quienes las sustentan. Invitan, eso sí, a un intercambio sin descalificaciones ni prejuicios, en el ánimo de revisar todas las definiciones que sea necesario porque, según nosotros, hacen falta, urgen, matices.
La intolerancia de Televisa es un riesgo para el país, perpetuar la cultura de la derrota es afianzar ese riesgo. Lo contrario significa avanzar en una nueva forma de creer, de pensar y de sentir las mismas convicciones. Al menos eso es etcétera, sin dejarse intimidar por nada.
MLT